Inclusión financiera en Latinoamérica: crecimiento y brechas persistentes
La inclusión financiera en América Latina atraviesa un momento de transformación acelerada. En los últimos cinco años, la región ha dado pasos firmes hacia la digitalización del sistema financiero, impulsada por la adopción de nuevas tecnologías, la expansión de las billeteras digitales y el aumento del acceso a servicios bancarios.
Según la quinta edición del Índice de Inclusión Financiera (IIF) elaborado por Credicorp, el puntaje promedio regional alcanzó 48,5 puntos sobre 100 en 2025, marcando el quinto año consecutivo de crecimiento. Este avance representa un salto de más de 10 puntos desde 2021, cuando el índice registraba 38,4 puntos.
El estudio, presentado durante el Tercer Encuentro Regional de Desarrollo en Lima, evidencia que la transformación digital está reconfigurando el acceso financiero, pero también deja al descubierto brechas estructurales que aún limitan la participación de ciertos sectores sociales.
Argentina y Chile lideran la inclusión financiera regional
De acuerdo con el informe, Argentina encabeza la lista con un puntaje de 57,3, seguida muy de cerca por Chile (56,7) y Panamá (55,5). En el grupo medio se encuentran Ecuador (49), Perú (47), México (45,8) y Colombia (45,4), mientras que Bolivia cierra el ranking con 43 puntos.
El crecimiento más destacado corresponde a México, que aumentó 10,9 puntos desde 2021, superando a países como Perú (+9,1) y Argentina (+8,3). En contraste, los avances más modestos se registraron en Ecuador (+2,7), Panamá (+2,9) y Bolivia (+3).
Estos resultados reflejan el dinamismo de algunos mercados, pero también las desigualdades que persisten entre economías con distinto nivel de desarrollo financiero y digital.
¿Qué mide el Índice de Inclusión Financiera?
El IIF mide el nivel de participación de la población dentro del sistema financiero formal a partir de tres dimensiones:
- Acceso: disponibilidad y facilidad para obtener productos financieros.
- Uso: frecuencia y tipo de operaciones realizadas.
- Calidad percibida: grado de confianza y satisfacción con los servicios.
Para la edición 2025, la encuesta —realizada por Ipsos— incluyó 13.455 entrevistas en ocho países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México, Panamá y Perú. Cada país aportó cerca de 1.200 entrevistas, con un margen de error de 1,4%.
El estudio reafirma que la digitalización ha sido el principal motor del avance financiero en la región, gracias a la masificación de billeteras digitales, plataformas móviles y pagos sin contacto.
Las billeteras digitales, puerta de entrada al sistema financiero
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es el auge del uso de billeteras digitales en América Latina. En solo cinco años, el porcentaje de usuarios pasó de 11 % en 2021 a 43 % en 2025, un incremento de 32 puntos porcentuales.
Vea también: Las 100 startups más innovadoras Perú 2025
Colombia y Perú lideran el crecimiento en adopción de billeteras móviles, con incrementos de 49 y 46 puntos, respectivamente. En cambio, México mantiene una alta preferencia por el uso de efectivo, mientras que en Chile predomina la tarjeta de débito como principal medio de pago.
Las cifras muestran cómo las billeteras digitales se han convertido en la principal vía de inclusión financiera, especialmente en países donde la banca tradicional no logra cubrir zonas rurales o sectores informales.
En la región, Argentina (77 %), Colombia (73 %), Panamá (69 %) y Perú (65 %) son los países con mayor tenencia de billeteras digitales. Además, un 36 % de los usuarios afirma utilizarlas a diario, principalmente para transferencias (40 %) y pagos o compras (22 %), superando a las aplicaciones de banca móvil (21 %) y banca por internet (16 %).
Brechas persistentes: mujeres, rurales y trabajadores informales
A pesar del progreso, los grupos más excluidos del sistema financiero formal no han cambiado significativamente desde 2021. Según el IIF, las poblaciones con menor nivel de inclusión son:
- Mujeres, que enfrentan mayores barreras de acceso a crédito y productos de inversión.
- Trabajadores informales y desempleados, con ingresos variables y sin documentación formal.
- Habitantes de zonas rurales, donde el acceso a internet y servicios financieros sigue siendo limitado.
- Personas con bajo nivel educativo o socioeconómico, menos familiarizadas con las herramientas digitales.
El estudio enfatiza que para cerrar estas brechas es fundamental promover la educación financiera, desarrollar planes adaptados a cada grupo vulnerable y ampliar la conectividad digital, especialmente en áreas rurales.
Tecnología e inclusión: un círculo virtuoso
Para Andrés Velasco, decano de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics (LSE) y exministro de Finanzas de Chile, la inclusión financiera avanza de la mano con la inclusión tecnológica, generando un impacto positivo en la formalización económica.
“El uso de billeteras digitales reduce los costos de transacción y brinda mayor seguridad. Es preferible tener el dinero en una cuenta que debajo del colchón”, señaló Velasco durante el evento.
Además, subrayó que la formalización beneficia especialmente a las pequeñas y medianas empresas (pymes), ya que contar con registros bancarios permite acceder a créditos, pagar impuestos y fortalecer su sostenibilidad.
“Cuando una pyme puede demostrar ingresos mediante movimientos bancarios, gana acceso al crédito y entra a la economía formal. Es un círculo virtuoso que debemos seguir impulsando”, concluyó.
Educación financiera y conectividad: claves para el desarrollo
El informe de Credicorp destaca que la educación financiera sigue siendo un pilar pendiente en América Latina. Aunque más personas tienen acceso a productos financieros, muchas no comprenden su funcionamiento ni los riesgos asociados.
Asimismo, el acceso desigual a internet de calidad continúa siendo un obstáculo, sobre todo en áreas rurales o con baja infraestructura digital. Extender la conectividad es esencial para consolidar la inclusión financiera, ya que permite que más personas utilicen plataformas digitales con confianza y seguridad.
La revolución de la frecuencia digital
La frecuencia de uso de productos financieros también ha crecido de forma notable. En promedio, los latinoamericanos usan servicios financieros nueve veces al mes, frente a las cinco veces registradas en 2021.
Más de la mitad de los encuestados (52 %) afirma recibir sus ingresos a través de cuentas a su nombre, un aumento de 20 puntos porcentuales en comparación con los datos de hace cinco años.
Estos cambios muestran una transformación profunda en los hábitos de consumo financiero, impulsada por la conveniencia de las plataformas digitales y la confianza en las transacciones electrónicas.
Empresas privadas: catalizadoras del cambio financiero
Para Luis Romero, presidente de Credicorp, el sector privado tiene un rol crucial en acelerar la inclusión financiera y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
“Las empresas pueden liderar los cambios que se necesitan para hacer crecer la región. La inclusión financiera es una herramienta poderosa para generar bienestar y oportunidades en todos los rincones de América Latina”, afirmó.
El ejecutivo subrayó que el compromiso de la banca, las fintech y las plataformas tecnológicas será determinante para consolidar un ecosistema financiero más equitativo y sostenible.
Un futuro financiero más inclusivo y digital
El avance de la inclusión financiera en Latinoamérica durante los últimos años refleja una transformación estructural en la forma en que las personas gestionan su dinero. La expansión de las billeteras digitales, la adopción de servicios móviles y el impulso del sector fintech han permitido reducir las brechas históricas de acceso.
No obstante, los desafíos persisten. Lograr que mujeres, poblaciones rurales y trabajadores informales se integren plenamente al sistema financiero requerirá educación, conectividad y políticas públicas inclusivas.
El crecimiento de la inclusión financiera en Latinoamérica no solo impulsa la economía formal, sino que también fortalece la equidad social y la resiliencia económica de la región. Si el ritmo de innovación y colaboración se mantiene, el continente podría alcanzar niveles de inclusión financiera sin precedentes antes de 2030.

