La economía informal crece a ritmo acelerado
La economía informal en Perú ha registrado un crecimiento superior al de la economía formal, según el estudio “Shadow Economy Exposed 2025”, realizado por la firma global de consultoría EY. Esta investigación abarcó 18 países latinoamericanos y reveló que más del 94% de las unidades productivas en regiones como Puno, Huancavelica y Amazonas operan fuera del marco fiscal y legal.
Humberto Astete, socio de impuestos y líder de consultoría tributaria de EY, explica que este fenómeno representa un problema estructural profundo, ya que impacta directamente en la recaudación fiscal, la competencia empresarial y la capacidad del Estado para proveer servicios públicos eficientes.
Datos generales del estudio
Según el informe, a fines de 2023, la economía informal representaba 18,3% del PBI nominal peruano, equivalentes a S/ 182.899 millones, marcando un incremento de 8,8% respecto al año anterior. En contraste, la economía formal creció 5,26%, lo que evidencia que la informalidad avanza más rápido que la actividad económica regulada.
Este desempeño coloca a Perú en la tercera peor posición de América Latina, solo detrás de Bolivia y Nicaragua, en cuanto a participación de la economía informal. Astete indica que esta situación refleja que, pese a la estabilidad macroeconómica del país en los últimos 30 años, la informalidad sigue siendo un desafío pendiente.
Regiones con mayor informalidad
El estudio identifica a Huancavelica, Puno y Amazonas como las regiones con el mayor porcentaje de empresas informales, con cifras de 94,4%, 94,2% y 94,1%, respectivamente. Otras zonas con alta informalidad incluyen Ica (83,5%), Arequipa (77,4%) y Lima (76,8%).
Astete subraya que existe una relación directa entre informalidad, pobreza y desarrollo humano. En regiones alejadas donde la presencia del Estado es limitada, la economía informal encuentra espacio para expandirse, convirtiéndose en una alternativa de subsistencia para la población local.
Sectores con mayor presencia de informalidad
El informe también analiza los sectores productivos donde la informalidad es más elevada:
Agropecuario y pesca: 86,1% de producción informal, por ser actividades de extracción de recursos naturales que requieren poca infraestructura y permisos.
Restaurantes y alojamiento: 50,3%.
Transporte y telecomunicaciones: 34,1%.
Minería informal: 0,4% del sector, valorada en S/ 167.000 millones en 2023.
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Astete explica que estas actividades son menos reguladas, lo que facilita la operación al margen de la ley. La informalidad permite reducir costos y simplificar procesos, aunque genera distorsiones en la competencia con empresas formales.
Impacto sobre la brecha fiscal
Uno de los principales efectos de la economía informal es la ampliación de la brecha fiscal, definida como la diferencia entre los impuestos que deberían recaudarse y los que efectivamente se obtienen. La informalidad contribuye a:
Menor recaudación de impuestos, afectando la inversión en salud, educación y servicios públicos.
Competencia desleal entre empresas formales e informales.
Barreras para la inversión y el crecimiento económico.
Desprestigio de las instituciones, debilitando la confianza ciudadana.
Causas de la expansión de la informalidad
El estudio de EY y los comentarios de Astete destacan varias razones detrás de este fenómeno:
Falta de voluntad política: abordar la informalidad puede afectar la popularidad del gobierno, ya que muchos dependen de esta economía para subsistir.
Naturaleza social: la informalidad no solo es tributaria, sino también laboral. Muchas personas trabajan al margen del sistema por falta de alternativas formales.
Desigualdad regional: en áreas donde la presencia estatal es limitada, la informalidad se convierte en una vía de supervivencia económica.
Astete enfatiza que el problema debe abordarse de manera integral, combinando fiscalización, educación y políticas sociales, no solo medidas punitivas de recaudación.
Consecuencias para la economía peruana
La expansión de la economía informal afecta diversos ámbitos:
Económico: limita el crecimiento formal del PBI y reduce la inversión.
Fiscal: disminuye recursos para servicios públicos y desarrollo regional.
Social: perpetúa la desigualdad y la pobreza, especialmente en regiones rurales.
Institucional: debilita la confianza en las entidades públicas y el sistema regulatorio.
El crecimiento de la informalidad refleja que, pese a los avances macroeconómicos, Perú enfrenta desafíos estructurales que requieren soluciones sostenibles y políticas integrales.
Soluciones y recomendaciones
Según EY y Humberto Astete, las acciones para reducir la informalidad incluyen:
Fortalecer la presencia estatal en regiones alejadas con educación, infraestructura y servicios básicos.
Promover la formalización empresarial mediante incentivos y simplificación de procesos fiscales y regulatorios.
Educación financiera y empresarial, para que los actores informales comprendan los beneficios de integrarse al sistema legal.
Programas sectoriales de formalización, especialmente en agroindustria, pesca y minería.
Políticas sociales complementarias, garantizando que la formalización no afecte la subsistencia de familias vulnerables.
Astete concluye que la informalidad es un fenómeno económico, social y cultural. Para resolverlo, es indispensable contar con voluntad política y un enfoque integral que combine fiscalización, educación y desarrollo social.
La economía informal en Perú representa un reto estructural crítico para el país. Con más del 94% de unidades productivas operando al margen de la ley en regiones como Puno, Huancavelica y Amazonas, la informalidad limita la recaudación fiscal, dificulta la inversión y perpetúa la desigualdad.
El informe de EY evidencia que, aunque las cifras macroeconómicas son positivas, la informalidad sigue creciendo más rápido que la economía formal. Por ello, Perú necesita políticas integrales, sostenibles y con visión social para promover la formalización, cerrar la brecha fiscal y garantizar un crecimiento económico inclusivo y equilibrado.
