En un escenario internacional marcado por tensiones crecientes, el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos se ha convertido en una fuente de preocupación para la economía global, y, por extensión, para la estabilidad económica del Perú. Aunque geográficamente alejado del epicentro del conflicto, el país andino no está exento de las posibles repercusiones que podrían derivarse de una escalada en las tensiones internacionales, especialmente en el mercado del petróleo y en las rutas marítimas clave para el comercio mundial.
El presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), Julio Velarde, advirtió en su más reciente informe de inflación que el conflicto en Oriente Medio ha encendido las alarmas a nivel global. Si bien Perú se encuentra lejos del foco de los enfrentamientos, la situación podría tener efectos contundentes en su economía si la tensión se intensifica y provoca interrupciones en las rutas marítimas que son esenciales para el comercio internacional.
Uno de los riesgos más inmediatos que señaló Velarde es la posible interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, por donde pasa entre el 20% y el 30% del petróleo que circula por vía marítima. La tensión en esta zona geográfica ha llevado a varias embarcaciones a modificar sus rutas para evitar las aguas cercanas a Irán, desplazándose hacia la costa de Omán, una ruta más larga pero considerada más segura. Sin embargo, esta desviación genera costos adicionales y riesgos en el transporte marítimo, además de una posible alza en los precios del petróleo.
El estrecho de Ormuz, que tiene apenas 33 kilómetros en su punto más angosto y canales de navegación muy estrechos, funciona como un cuello de botella para el comercio energético mundial. En caso de que este paso crucial quede bloqueado por conflictos o incidentes, el impacto sería inmediato y severo: los precios del petróleo podrían incrementarse hasta un 50%, lo que afectaría enormemente a países importadores como Perú, que depende del mercado internacional de hidrocarburos para su generación de energía y otras necesidades productivas.
Este aumento en los precios del crudo tendría repercusiones directas en los costos de transporte, producción y consumo en el Perú, incrementando la inflación y poniendo presión sobre la economía. Aunque los analistas creen que un aumento tan significativo en los precios no sería prolongado, no dejan de advertir que los daños en el corto plazo podrían ser considerables, afectando especialmente sectores como la minería y los hidrocarburos, que son fundamentales para el crecimiento económico del país.
Vea también: Cómo Emiratos Árabes Unidos se convirtió en el principal comprador de oro peruano en 2025
Por otra parte, la tensión internacional también se refleja en una revisión a la baja del crecimiento proyectado para Perú en los próximos años. El Banco Central redujo la estimación del Producto Bruto Interno (PBI) para 2025 de 3.2% a 3.1%. Aunque en apariencia un ajuste leve, evidencia una tendencia a la desaceleración que se acentúa en sectores clave como minería, que ahora solo crecería 0.3% en lugar del 2% estimado previamente, y hidrocarburos, cuya expansión ahora se calcula en 4.0%, frente al 5.5% anterior.
Este escenario internacional de incertidumbre y niveles de tensión en Oriente Medio, sumado a los efectos del alza en los precios del petróleo, puede frenar la recuperación económica peruana, que ya enfrenta desafíos internos y externos. La proyección para 2026 se mantiene en 2.9%, pero la evolución del escenario internacional será determinante para definir si estas expectativas se cumplen o si, por el contrario, se ven afectadas por mayores dificultades económicas derivadas de la crisis en la región.
En conclusión, el conflicto entre Irán, Israel y EE.UU. no solo representa una tensión geopolítica, sino también un riesgo palpable para la economía peruana. La vulnerabilidad del país ante cambios en los precios internacionales del petróleo y las interrupciones en rutas marítimas estratégicas evidencia la importancia de mantener políticas económicas flexibles y prepararse para escenarios de alta incertidumbre global.
Fuente: Infomercado


