La primera velocidad, la más optimista, se observa en las agencias de autos dentro del territorio nacional. Al cierre de enero de 2026, la venta de vehículos ligeros en México ha superado las expectativas iniciales, impulsada por varios factores clave:
- Mejora en el Crédito Automotriz: A pesar de las tasas de interés que se mantienen vigilantes, la oferta de financiamiento se ha diversificado, permitiendo que más familias y empresas renueven sus unidades.
- Apetito por Nuevas Tecnologías: Existe un repunte significativo en la demanda de vehículos híbridos y eléctricos de entrada, lo que ha dinamizado los pisos de venta.
- Normalización de Inventarios: Después de años de escasez de unidades debido a la crisis de microchips, las agencias finalmente cuentan con stock inmediato, lo que ha eliminado las listas de espera y acelerado el cierre de ventas.
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El Freno: Producción y Exportación Bajo Presión
La segunda velocidad, notablemente más lenta y cautelosa, se encuentra en las plantas de ensamblaje. Aunque México sigue siendo una potencia exportadora, el inicio de 2026 ha revelado vulnerabilidades estructurales:
Logística Portuaria y Ferroviaria: La saturación en los puertos del Pacífico y los retrasos en las líneas ferroviarias hacia la frontera norte han ralentizado el flujo de salida de unidades terminadas. Esto crea un efecto de «inventario atrapado» que no llega a sus mercados de destino, principalmente Estados Unidos y Canadá.
Transición Energética en las Plantas: Muchas líneas de producción están en proceso de reconfiguración para el ensamblaje de plataformas eléctricas. Estos periodos de ajuste técnico suelen generar bajas temporales en los volúmenes de salida, afectando las cifras totales de producción nacional.
Costo de Insumos: El precio del acero y de componentes electrónicos específicos ha mostrado una volatilidad que obliga a las armadoras a ajustar sus ritmos de producción para mantener la rentabilidad.
El Rol de las Marcas Asiáticas
Un componente disruptor en esta «doble velocidad» es la consolidación de las marcas de origen chino y asiático. Estas firmas están operando a una velocidad propia, ganando rápidamente cuota de mercado interno (ayudando a la velocidad de ventas) pero todavía con una huella de producción local en fase de maduración. Su capacidad para ofrecer precios competitivos está obligando a las armadoras tradicionales (las «Big Three» y firmas europeas) a replantear sus estrategias de precios en México.
Para que la industria logre una velocidad uniforme, los expertos señalan que es necesario abordar la infraestructura logística. Si los cuellos de botella en la exportación se resuelven mediante inversiones en puertos y aduanas, la producción podría alcanzar el ritmo vigoroso que hoy muestra el consumo interno.
Se estima que, para mediados de año, la brecha entre estas dos velocidades comience a cerrarse, siempre y cuando la economía de Estados Unidos —el principal comprador de los vehículos hechos en México— mantenga un consumo estable de unidades de gama media y SUVs, que siguen siendo el fuerte de la manufactura nacional.
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El sector automotriz mexicano en 2026 es el reflejo de una economía que sabe vender, pero que aún lucha con los límites de su propia logística y la transformación tecnológica global. Esta «industria a dos velocidades» es un recordatorio de que no basta con tener demanda; la capacidad de mover el producto y adaptar la manufactura será la verdadera ventaja competitiva en los meses por venir.
Fuente: La Jornada


