Aunque el calendario oficial sitúa la revisión formal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en este naciente 2026, el año 2025 funcionó como el verdadero preludio estratégico. No fue un periodo de renegociación técnica, sino de posicionamiento geopolítico y económico. Durante los últimos doce meses, el tratado transitó de una fase de operación inercial a una de evaluación crítica, donde los sectores clave —automotriz, energético y logístico— comenzaron a blindar sus estructuras ante posibles ajustes.
A continuación, se detallan los hitos que transformaron el panorama comercial de América del Norte durante el último año.
1. El anticipo del debate: Una respuesta a la incertidumbre
El primer punto de inflexión ocurrió cuando las autoridades mexicanas optaron por adelantar el diálogo político. Reconocer que no se podía esperar de forma pasiva al calendario de 2026 fue una decisión estratégica para mitigar la incertidumbre.
Impacto operativo: Este movimiento activó de inmediato a los equipos técnicos para auditar los capítulos que han presentado mayores fricciones desde 2020.
Señal al mercado: El sector privado recibió el mensaje de que 2025 sería el año para consolidar argumentos, documentar beneficios y, sobre todo, asegurar la continuidad de las inversiones en infraestructura fronteriza.
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2. Institucionalización del diálogo con el sector privado
Durante el segundo semestre de 2025, la conversación bajó de las esferas gubernamentales a las mesas de trabajo industriales. Las consultas con cámaras empresariales subrayaron que el Nearshoring no es un cheque en blanco, sino un fenómeno condicionado a la certidumbre jurídica del tratado.
Prioridades logísticas: Surgieron con fuerza temas como la armonización de las reglas de origen, los costos de cumplimiento y la necesidad de una infraestructura aduanera más ágil que soporte el crecimiento de los flujos transfronterizos.
Estrategia de inversión: Las empresas condicionaron la ejecución de grandes proyectos de expansión a los resultados que arroje la revisión de este año.
3. La activación de los mecanismos internos en EE. UU.
Quizás el momento más determinante de 2025 fue la puesta en marcha de los mecanismos de evaluación en Estados Unidos. Al solicitar comentarios públicos sobre el desempeño del acuerdo, Washington oficializó que su postura estará fuertemente influenciada por presiones internas de sus sectores de manufactura.
Este paso administrativo confirmó que la revisión de 2026 no será un trámite de rutina, sino un proceso de revaluación de valor donde México y Canadá deberán demostrar con datos la resiliencia y el beneficio mutuo de la cadena de suministro integrada.
4. Coordinación México-Canadá: El contrapeso estratégico
Ante un entorno global más proteccionista, 2025 fue testigo de un fortalecimiento en la comunicación bilateral entre México y Canadá. Ambos países han proyectado un frente común orientado a:
- Preservar la esencia de libre mercado del tratado.
- Evitar que la revisión derive en un debilitamiento de las ventajas competitivas de la región frente a otros bloques económicos.
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Pilares que marcarán la revisión del T-MEC en 2026
Con el inicio de este año, se activa formalmente el protocolo de revisión sexenal. La gran interrogante que enfrentarán las mesas trilaterales es la extensión de la vigencia del tratado por otros 16 años o la transición hacia un esquema de revisiones anuales, lo cual introduciría una variable de volatilidad constante.
Para el sector logístico y de comercio exterior, la revisión no es un debate sobre aranceles en papel; es una discusión sobre trazabilidad, cumplimiento laboral, reglas de origen y resiliencia. El terreno ha sido trazado durante 2025; 2026 será el año de las definiciones que marcarán el rumbo de la región por las próximas décadas.
Fuente: Thelogisticsworld.com



