La Asociación de Recicladores de Plástico (APR) ha puesto sus ojos en México, designándolo como la pieza fundamental para expandir la economía circular en toda la región. Con el objetivo de profesionalizar la industria y estandarizar los procesos de recuperación de residuos, la organización busca que México lidere la transición hacia un modelo de producción más sostenible.
Para la APR, el país no solo es un centro logístico estratégico, sino que ya cuenta con una infraestructura de reciclaje robusta que puede servir de modelo para otros países latinoamericanos.
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México se posiciona como el motor del reciclaje en América Latina
La apuesta de la asociación se centra en tres ejes críticos para transformar el mercado de plásticos:
- Estandarización de Calidad: Implementar guías de diseño para que los empaques fabricados en México sean 100% reciclables desde su origen.
- Certificación de Contenido Reciclado: Fomentar el uso de procesos certificados que garanticen que el plástico reutilizado cumple con las normas internacionales, permitiendo su exportación y uso en productos de alta gama.
- Fortalecimiento de la Cadena de Suministro: Mejorar la recolección y separación de residuos para asegurar que el material llegue a las plantas de reciclaje en condiciones óptimas.
¿Por qué México es el protagonista?
La relevancia de México en este plan responde a varios factores clave:
- Tratados Comerciales: Su cercanía y relación comercial con Estados Unidos y Canadá bajo el T-MEC facilita el intercambio de tecnologías y materiales reciclados.
- Capacidad Instalada: México ya es líder regional en el reciclaje de materiales como el PET, y la meta es replicar ese éxito en otros polímeros como el polietileno y el polipropileno.
- Compromiso Corporativo: Cada vez más empresas nacionales e internacionales operando en el país están obligadas por ley y por metas de sostenibilidad a integrar resinas recicladas en sus envases.
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A pesar del optimismo, la APR señala que el éxito de esta iniciativa depende de una colaboración estrecha entre el gobierno, el sector privado y los consumidores. El reto principal será formalizar a los recolectores de base y modernizar los centros de acopio locales para que puedan integrarse a esta red global de economía circular.
Fuente: La Razón


