La economía mexicana se encuentra en una encrucijada histórica. A pesar de la apertura comercial, la estabilidad macroeconómica y la integración con las cadenas de suministro globales, el país enfrenta una realidad incómoda: la productividad promedio de sus trabajadores es inferior a la que se registraba hace 25 años. Esta advertencia, que ha resonado con fuerza en los círculos financieros este 2026, no proviene de un análisis superficial, sino de voces expertas con trayectoria en organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El diagnóstico es claro: México ha logrado vender más al mundo, pero no ha logrado que su mercado interno funcione con la eficiencia necesaria para elevar el nivel de vida de la mayoría de su población. Para entender cómo llegamos aquí, es necesario desglosar los factores estructurales que actúan como un lastre para el desarrollo nacional.
La Paradoja del Comercio y la Productividad
Desde la firma de los tratados comerciales originales hasta la consolidación del T-MEC, México ha sido visto como una potencia exportadora. Sin embargo, existe una desconexión profunda entre el sector exportador de alta tecnología y el resto de la economía. Mientras que las plantas automotrices y aeroespaciales en el Bajío y el Norte operan con estándares de clase mundial, la gran mayoría de las unidades económicas del país —pequeños comercios y talleres locales— operan en la obsolescencia técnica.
Esta dualidad económica ha creado un México de dos velocidades. El problema reside en que el sector de alta productividad es demasiado pequeño para arrastrar al resto del país, mientras que el sector de baja productividad absorbe a la mayor parte de la fuerza laboral, condenándola a salarios estancados y escasas oportunidades de crecimiento.
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La Informalidad: El Ancla del Desarrollo Económico
Uno de los puntos más críticos señalados por analistas como Santiago Levy es el papel de la informalidad. No se trata solo de vendedores ambulantes, sino de una estructura de incentivos distorsionada que castiga el crecimiento empresarial y premia la permanencia en la sombra legal y fiscal.
La Arquitectura de la Ineficiencia: Malas Políticas y Malos Incentivos
El estancamiento no es un accidente, sino el resultado de políticas públicas que, aunque bienintencionadas, han generado efectos secundarios adversos. La coexistencia de regímenes fiscales complejos y sistemas de seguridad social fragmentados ha creado un escenario donde, para muchos empresarios, es más rentable ser «chico e informal» que «grande y formal».
Un concepto fundamental para comprender esta crisis es la mala asignación de recursos. En una economía eficiente, el capital y el trabajo fluyen hacia las empresas más productivas. En México, sucede lo contrario con frecuencia: empresas improductivas sobreviven gracias a la evasión o a subsidios implícitos, mientras que las empresas con potencial de crecimiento se ven asfixiadas por la carga regulatoria y fiscal.
En este 2026, el fenómeno de la relocalización de cadenas de suministro (nearshoring) se presenta como la gran esperanza. Sin embargo, los expertos advierten que el nearshoring por sí solo no resolverá el problema de la productividad. Si el país no soluciona sus carencias en infraestructura energética, seguridad pública y, sobre todo, en la formación de talento técnico, la inversión extranjera se limitará a enclaves aislados que no transformarán el tejido productivo nacional.
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El riesgo es que el nearshoring se convierta en una «nueva maquila» de bajo valor agregado, en lugar de ser el catalizador de una industria nacional integrada y tecnológicamente avanzada.
La Necesidad de un Nuevo Contrato Social y Económico
Para revertir la tendencia de los últimos 25 años, México requiere una reforma profunda que vaya más allá de ajustes superficiales. La productividad no se decreta; se construye a través de un entorno que fomente la competencia y la innovación.
Unificación de la Seguridad Social: Es urgente desvincular el acceso a la salud del estatus laboral para eliminar el subsidio implícito a la informalidad.
Reforma Fiscal Pro-Crecimiento: Simplificar el cumplimiento para las PyMES, permitiendo que la transición a la formalidad sea un paso natural y no un obstáculo insalvable.
Inversión en Ciencia y Tecnología: México invierte menos del 0.5% de su PIB en investigación y desarrollo, una cifra que lo aleja de sus competidores directos en Asia y Europa del Este.
El Factor Educación: Calidad sobre Cantidad
Aunque el acceso a la educación ha aumentado en las últimas dos décadas, la calidad de la misma ha quedado rezagada. Existe una brecha creciente entre las habilidades que demanda la industria 4.0 y lo que se enseña en las aulas. Sin una fuerza laboral capaz de operar procesos complejos, la productividad seguirá estancada, independientemente de cuántos tratados comerciales se firmen.
La productividad es, en esencia, la capacidad de generar más valor con el mismo esfuerzo. Si México continúa compitiendo basándose en «mano de obra barata», seguirá atrapado en la trampa del ingreso medio, viendo cómo otros países que hace 30 años estaban en condiciones similares ahora lo superan en todos los indicadores de bienestar.
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Revertir este declive requerirá valentía política para enfrentar intereses creados y visión de largo plazo para construir las instituciones que el México del siglo XXI necesita. El tiempo se agota y la competencia global no espera. Si México no logra encender su motor de productividad, corre el riesgo de perder otra generación en el estancamiento.


