En el actual escenario de integración económica en América del Norte, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se consolida como el pilar fundamental de la estabilidad financiera del país. Sin embargo, a pesar de un respaldo mayoritario por parte de la población mexicana, ha surgido una sombra de incertidumbre alimentada por las crecientes tensiones comerciales y la posibilidad de imposición de aranceles, un factor que preocupa tanto a especialistas como a ciudadanos comunes.
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El Consenso Social: Un «Sí» Rotundo al Tratado
De acuerdo con los sondeos de opinión más recientes, la mayoría de los mexicanos mantienen una visión positiva sobre el acuerdo comercial. El T-MEC no es percibido únicamente como un documento legal entre naciones, sino como una garantía de:
Estabilidad Económica: La percepción de que el tratado actúa como un ancla que evita volatilidades extremas en el tipo de cambio y la inflación.
Atracción de Inversiones: El reconocimiento de que el nearshoring y la llegada de capitales extranjeros dependen directamente de las reglas claras establecidas en el acuerdo.
Generación de Empleo: La vinculación directa entre las exportaciones manufactureras y la creación de puestos de trabajo formales en sectores estratégicos como el automotriz y el tecnológico.
La Gran Preocupación: El Fantasma de los Aranceles
A pesar del apoyo al tratado, existe una preocupación latente que empaña el optimismo: la política arancelaria. La posibilidad de que Estados Unidos imponga gravámenes unilaterales a productos mexicanos ha encendido las alarmas por diversas razones:
Pérdida de Competitividad: Un arancel actúa como un impuesto directo que encarece los productos mexicanos en el extranjero, restándoles ventaja frente a competidores de otras regiones.
Impacto en Cadenas de Suministro: Dado que la producción en Norteamérica está altamente integrada, un arancel en un componente específico puede detener líneas de producción completas tanto en México como en Estados Unidos.
Inflación Transfronteriza: El consumidor final es quien termina pagando el costo de los aranceles, lo que podría derivar en un aumento de precios en productos básicos y manufacturados en ambos lados de la frontera.
Mexicanos dicen sí al T-MEC
La inquietud de los mexicanos no es infundada. El T-MEC contempla una cláusula de revisión para el año 2026, lo que coloca al acuerdo en una posición vulnerable frente a los ciclos políticos de los tres países.
Los ciudadanos perciben que las declaraciones políticas y las amenazas de usar los aranceles como moneda de cambio para otros temas (como migración o seguridad) ponen en riesgo la esencia del libre comercio. Esta «incertidumbre política» es identificada como el principal riesgo para la inversión a largo plazo.
El reporte destaca un matiz interesante en la opinión pública: aunque los mexicanos dicen «sí» al T-MEC, también exigen una postura firme por parte del gobierno nacional. Existe un deseo de que México mantenga su soberanía económica y que el tratado sea una herramienta de beneficio mutuo y no un mecanismo de presión unilateral.
Los sectores que generan mayor preocupación ante posibles represalias comerciales incluyen:
- Agroindustria: Exportaciones clave como el aguacate, el tomate y las berries.
- Manufactura pesada: Especialmente las autopartes y el ensamblaje de vehículos.
- Tecnología y Electrónica: Sector que ha crecido exponencialmente bajo el amparo del tratado.
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La postura de los mexicanos frente al T-MEC es pragmática. Se valora el crecimiento y las oportunidades que brinda el acceso al mercado más grande del mundo, pero existe una exigencia clara de estabilidad. El éxito del tratado en los próximos años dependerá de la capacidad de los negociadores para disipar los temores sobre los aranceles y asegurar que las reglas del juego se respeten por encima de las retóricas electorales.
Para el ciudadano promedio, el T-MEC es la ruta hacia el desarrollo, siempre y cuando el comercio siga siendo libre, justo y, sobre todo, predecible.


