Desde el pasado 5 de mayo, las exportaciones de Centroamérica a Estados Unidos enfrentan un nuevo escenario. La administración de Donald Trump ha implementado un aumento arancelario mínimo del 10% sobre la importación de bienes procedentes de casi todo el mundo con el que EE. UU. mantiene una balanza comercial negativa. Centroamérica, con la excepción de Nicaragua (que ya enfrentaba gravámenes más altos), ha sido incluida en esta categoría de «tarifa estándar».
Un Golpe a los Acuerdos Comerciales Existentes
Hasta ahora, los exportadores centroamericanos se beneficiaban de los aranceles pactados en el CAFTA-DR (Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y EE. UU.). Sin embargo, con esta nueva medida, a los gravámenes ya establecidos se suma un 10% adicional, aplicable a la mayoría de los productos, lo que inevitablemente eleva el costo final de las exportaciones.
Edith Flores, directora del Centro de Estudios para la Integración Económica (SIECA), señala que productos clave de la región como dispositivos médicos, textiles, maquila electrónica, café, banano, azúcar y frutas tropicales verán incrementado su precio de entrada al mercado estadounidense en un 10%. «Este aumento no distingue tamaño de empresa ni tipo de producto —salvo que negocien exclusiones puntuales—, por lo que tanto microempresas rurales como grandes manufacturas deben prepararse para absorber o trasladar ese costo al consumidor final», explica Flores.
Impacto Diferenciado por País
La vulnerabilidad ante estos nuevos aranceles varía significativamente entre los países centroamericanos, dependiendo de su estructura exportadora y grado de diversificación económica.
Nicaragua: Es el país más expuesto, con sus principales exportaciones (café, carne bovina, oro) enfrentando aranceles del 18%. Odalis Marte Alevante, secretario ejecutivo del Consejo Monetario Centroamericano (CMCA), advierte un «riesgo extremadamente alto de pérdida de competitividad».
Guatemala y Honduras: Sus economías agroexportadoras y maquiladoras, altamente dependientes del mercado estadounidense (con productos como banano, café, azúcar y confección textil), presentan una «exposición muy alta».
El Salvador: Con una exposición considerada alta, deberá monitorear de cerca sus líneas de maquila electrónica y textiles para evitar que el recargo arancelario erosione sus ya estrechos márgenes.
Costa Rica: Afronta un riesgo moderado. Gracias al alto valor agregado de sus exportaciones tecnológicas y médicas (dispositivos médicos, café, microchips), podría amortiguar mejor el impacto de los aranceles, señala Marte Alevante.
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Estrategias para Afrontar la Nueva Realidad
Alfredo Du Bois, economista de Panamá, propone varias acciones para que los países de la región puedan sortear esta nueva coyuntura arancelaria:
- Diagnóstico Detallado: Realizar un análisis exhaustivo de la cadena de suministro para cuantificar el impacto financiero a nivel unitario y global.
- Negociación: Buscar exclusiones sectoriales y aprovechar las herramientas del CAFTA-DR, además de explorar acuerdos bilaterales para excluir productos estratégicos del gravamen.
- Optimización Aduanera: Revisar y optimizar la valoración aduanera de las mercancías en EE. UU., buscando reducir la base sobre la cual se calcula el arancel, siempre dentro del marco regulatorio.
- Diversificación de Orígenes: Explorar fuentes alternativas de insumos (otras naciones de la región o Asia Pacífico) para disminuir la dependencia de rutas afectadas.
- Incentivar la Relocalización: Capitalizar la cercanía geográfica y las plataformas logísticas para atraer líneas de producción desde EE. UU. y Europa hacia Centroamérica.
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La región se enfrenta a un desafío considerable, pero la implementación de estrategias proactivas y la colaboración regional serán clave para mitigar los efectos de esta nueva política arancelaria.

