La Generación Z abandona los cereales por opciones saludables. Durante décadas, los cereales han sido un pilar del desayuno en millones de hogares. Sin embargo, un cambio sísmico en los hábitos de consumo de la Generación Z está encendiendo las alarmas para las grandes marcas: los jóvenes están intercambiando los cereales tradicionales por alimentos más saludables.
Aunque el mercado de cereales en México superó los 2 mil millones de dólares en 2024 y proyecta un crecimiento moderado del 3.2% anual hacia 2028 (Statista), hay señales de advertencia. Un estudio de Kantar Worldpanel revela que, en los últimos cinco años, el consumo per cápita de cereales tradicionales ha caído un 12%, especialmente entre la Generación Z, quienes priorizan opciones menos procesadas y con menor contenido de azúcar añadido.
Un Ícono en Declive: El Desafío de la Generación Z
El cereal en caja, alguna vez sinónimo del desayuno estadounidense y mercadeado como saludable, enfrenta una franca decadencia. Entre 2021 y 2024, las ventas en Estados Unidos cayeron más del 13%, pasando de 2,500 millones a 2,100 millones de cajas vendidas (Nielsen IQ).
Aunque el cambio no es reciente, se ha acentuado. La irrupción de productos «on-the-go» como barras de granola o batidos de proteínas en los años 90 ya competía con los cereales. La pandemia ofreció un breve respiro al fomentar los desayunos en casa, pero fue insuficiente para revertir la tendencia. Hoy, la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) lidera una transformación que es tanto práctica como ideológica.
Un estudio de YouGov revela que la Gen Z muestra una menor inclinación a desayunar, y cuando lo hace, prefiere opciones como huevos, frutas, panqueques o incluso vegetales, en lugar de cereales azucarados. Mientras el 36% de la Generación X (1965-1980) aún consume cereales fríos regularmente, solo el 26% de la Gen Z mantiene ese hábito, y a menudo lo hace como un snack fuera del desayuno tradicional.
«La relación de las generaciones más jóvenes con la comida está cambiando. Buscan productos naturales, menos procesados y con beneficios claros para su salud», explica Kenton Barello, vicepresidente de YouGov. Esta tendencia se ve reflejada en la creciente popularidad de influencers como Annika Zude (@ThatCrunchyGirlAnnika), quien promueve desayunos con carne, huevos y verduras, y rechaza el consumo de cereales procesados.
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Conciencia sobre Ingredientes y la Presión para la Reinventación
A este cambio de preferencias se suma una mayor conciencia sobre los ingredientes. Una taza de cereales populares puede contener hasta el 24% de la ingesta diaria recomendada de azúcar. Además, colorantes artificiales como los FD&C han sido objeto de críticas por parte de movimientos como «Make America Healthy Again», que presionan a las marcas para eliminar estos aditivos.
Ante este escenario, grandes fabricantes como Kellogg’s y General Mills han anunciado planes para reformular sus productos. Kellogg’s, por ejemplo, eliminará gradualmente los colorantes artificiales en los cereales para escuelas para 2026 y en sus líneas comerciales para 2027.
La reciente adquisición de WK Kellogg (fabricante de clásicos como Corn Flakes y Rice Krispies) por parte de Ferrero (Nutella, Ferrero Rocher) también refleja un intento por revitalizar el mercado. La estrategia incluye innovaciones como la línea «Mashups», que mezcla dos cereales en una sola caja (por ejemplo, Froot Loops con Frosted Flakes), buscando apelar a la búsqueda de experiencias novedosas por parte de los consumidores jóvenes.
Sin embargo, el futuro del cereal no será uniforme. Según Tom Rees, analista de Euromonitor, las empresas deberán aceptar una fragmentación del mercado: «Ya no habrá una sola marca para todos. Mientras unos buscarán opciones keto o altas en proteína, otros preferirán sabores intensos o ingredientes funcionales».
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El cereal tradicional ya no es el desayuno hegemónico. La evolución de los hábitos de consumo, el auge del bienestar y el escrutinio sobre los ingredientes están obligando a la industria a reinventarse. La mesa del desayuno ya no es lo que era, y esta transformación representa una oportunidad para que las marcas se adapten a una generación que exige más de lo que come.

