Las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) representan la columna vertebral de la economía mexicana, generando la mayor parte del empleo y contribuyendo significativamente al Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, en el actual escenario económico de 2026, este sector enfrenta un desafío que compromete su supervivencia: la carga impositiva derivada del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).
Recientes análisis del sector comercial indican que el IEPS no es solo una cifra en la factura, sino un factor que erosiona directamente la rentabilidad de los pequeños negocios, llegando a confiscar hasta una quinta parte de sus utilidades netas. Este fenómeno ocurre en un momento de alta sensibilidad económica, donde los costos operativos y la inflación ya ejercen una presión considerable sobre los emprendedores locales.
El IEPS es un impuesto indirecto que se aplica a la enajenación o importación de ciertos productos que el Estado considera «especiales» o con externalidades negativas, como bebidas azucaradas, alimentos con alta densidad calórica, alcohol y tabaco. Aunque su diseño original busca desincentivar el consumo de productos nocivos, en la práctica se ha convertido en una carga financiera difícil de gestionar para las PyMEs.
El mecanismo de afectación:
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Margen de maniobra reducido: A diferencia de las grandes cadenas de retail, una PyME tiene menos capacidad para negociar precios con proveedores, lo que la obliga a absorber parte del impuesto para no perder clientes.
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Efecto en la liquidez: El pago de este impuesto se realiza de manera inmediata, lo que resta flujo de caja para reinversión en inventario o mantenimiento del local.
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Complejidad administrativa: La gestión de las distintas tasas del IEPS requiere una contabilidad más sofisticada, lo que eleva los costos de cumplimiento para el pequeño comerciante.
El 20% de las ganancias: Un diagnóstico alarmante
La cifra del 20% no es arbitraria. Surge de un análisis detallado del ticket promedio en tiendas de abarrotes y misceláneas, donde los productos gravados con IEPS representan una parte sustancial de las ventas diarias. Al sumar el impacto de este impuesto al Impuesto sobre la Renta (ISR) y las cuotas de seguridad social, el margen de ganancia neta se vuelve peligrosamente estrecho.
Para un abarrotero promedio, esto significa que de cada 100 pesos de utilidad esperada, 20 se destinan exclusivamente a cubrir este gravamen especial. Esta reducción de la rentabilidad limita la capacidad de estas empresas para formalizarse, crecer o incluso contratar personal adicional.
PyMEs frente a la inflación: El doble golpe fiscal
En mayo de 2026, la inflación sigue siendo una preocupación central. El IEPS actúa como un catalizador de precios; cuando las tasas del impuesto se ajustan por inflación, el costo final de los productos sube automáticamente. El pequeño comerciante se encuentra atrapado entre la necesidad de subir precios para sobrevivir y el temor de que sus clientes dejen de comprar.
Este escenario fomenta, de manera indirecta, el crecimiento del sector informal. Muchos comerciantes, ante la imposibilidad de mantener márgenes saludables bajo el régimen fiscal actual, optan por operar fuera del radar del fisco, lo que a la larga debilita la base tributaria del país y deja a los trabajadores sin protección social.
Aunque el impuesto afecta a diversas industrias, hay sectores específicos dentro de las PyMEs que están sufriendo con mayor rigor:
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Tiendas de barrio y misceláneas: Dependen altamente de la venta de refrescos y botanas, productos con tasas de IEPS elevadas.
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Pequeñas cervecerías artesanales: El esquema actual de IEPS por valor (ad valorem) castiga a los productos de mayor calidad y precio, beneficiando a las grandes cerveceras industriales.
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Productores de alimentos procesados: Las PyMEs que elaboran productos con alto contenido calórico enfrentan dificultades para reformular sus recetas sin elevar costos, quedando vulnerables ante el impuesto.
Perspectivas para el cierre de 2026
Si la carga fiscal no se equilibra, el cierre de 2026 podría ver un aumento en el cierre de pequeños negocios. La resiliencia de las PyMEs mexicanas es legendaria, pero no es infinita. La pérdida del 20% de las ganancias netas es un síntoma de un sistema fiscal que necesita ajustarse a la realidad de quienes generan empleo desde la base de la pirámide económica.
El IEPS es una herramienta necesaria para la salud pública y la recaudación, pero su aplicación no debe ser un obstáculo insalvable para el emprendimiento. Lograr que las PyMEs recuperen ese 20% de rentabilidad perdida podría significar la diferencia entre un México con una economía local vibrante o uno dominado exclusivamente por grandes corporaciones.
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El compromiso del gobierno y el sector privado en los próximos meses será vital para diseñar políticas que protejan al pequeño comercio sin descuidar las metas recaudatorias del Estado. La salud de las PyMEs es, en última instancia, la salud de la economía mexicana.


