A menos de un año de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), México enfrenta un panorama de avances insuficientes en materia de electromovilidad y descarbonización, lo que podría debilitar su posición en la integración económica norteamericana. El país se comprometió en 2021 a que, para 2030, al menos el 50% de las ventas de vehículos ligeros en la región sean eléctricos.
El Desafío de la Infraestructura, No del Precio
Si bien la adopción de vehículos híbridos y eléctricos en México ha pasado del 1% al 12% del mercado nacional en cinco años, este crecimiento se sostiene sobre una base frágil.
Guillermo Rosales, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de Distribuidores Automotores (AMDA), señaló que el precio ya no es la principal barrera. El verdadero desafío es la infraestructura de recarga. Actualmente, más del 80% de las recargas se realizan en hogares u oficinas, lo cual resulta insuficiente para flotillas o traslados de larga distancia, donde la falta de electrolineras públicas confiables se convierte en un freno real.
Electromovilidad en México: avances inconsistentes amenazan compromisos del T-MEC
Un reciente análisis publicado en LATAM Revista de Ciencias Sociales en 2025 confirma que México está significativamente rezagado en sus compromisos internacionales, lo que agrava la situación de cara al T-MEC:
Emisiones: México se comprometió a reducir el 22% de sus gases de efecto invernadero para 2030. Sin embargo, entre 2013 y 2021, las emisiones aumentaron un 7.3%, impulsadas por el estancamiento en la transición energética y el repunte de combustibles fósiles. El país requiere una aceleración drástica y sin precedentes para cumplir la meta.
Energías Limpias: La meta de que las energías limpias representaran el 35% de la generación eléctrica en 2024 no se cumplió. En 2023, el porcentaje se ubicó en 23.2%. La escasa disponibilidad de energía limpia compromete el estatus de «cero emisiones» de los vehículos eléctricos y restringe la capacidad de las plantas automotrices de exportar a mercados con estándares ambientales más estrictos.
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Mientras Canadá y Estados Unidos han implementado incentivos masivos y redes de recarga extensas, México avanza de manera fragmentada, dependiendo mayormente de la iniciativa privada.
El estudio advierte que este rezago tiene consecuencias económicas directas. Las cadenas de suministro automotrices norteamericanas se están reconfigurando rápidamente en torno a los estándares de electromovilidad y la producción baja en carbono, impulsados, en parte, por la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de Estados Unidos. Si México no logra alinear su infraestructura energética y su regulación, corre el riesgo de perder competitividad y ser marginado de los nuevos esquemas de integración.
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A pesar de que el sector privado se adapta dinámicamente, las políticas públicas son lentas. La falta de coordinación institucional entre las múltiples dependencias y la ausencia de un liderazgo claro han sido identificados como los principales cuellos de botella. El año 2025 marca la mitad del camino hacia 2030. La pregunta es si México podrá acelerar a tiempo para evitar consecuencias comerciales y logísticas graves en la próxima revisión del T-MEC.


