El panorama laboral en México experimenta un giro significativo que marca un retroceso en las modalidades de trabajo flexibles. A cinco años del auge del teletrabajo forzado por la pandemia de COVID-19, las empresas están impulsando con mayor rigor el regreso a los espacios físicos, una tendencia que impacta directamente la productividad y, de forma preocupante, la participación de las mujeres en el mercado formal.
Según la Guía Salarial 2026 de PageGroup, el modelo de trabajo híbrido —que permite a los empleados asistir a la oficina solo dos o tres días a la semana— cayó del 40% al 34% en 2025. Esta contracción del 6% evidencia una clara tendencia hacia la presencialidad.
Mientras tanto, el home office completo (remoto al 100%) se mantuvo en un discreto 14%. El formato de trabajo presencial se consolida como el líder indiscutible, acaparando el 48% de las modalidades laborales en el país.
La Asociación Mexicana en Dirección de Recursos Humanos (Amedirh) atribuye este cambio a políticas empresariales más estrictas, enfocadas en mejorar la productividad. De acuerdo con Amedirh, el 32% de las compañías ya ha solicitado a sus colaboradores volver por completo a las oficinas, y el 76% de los directores generales proyecta que, en los próximos tres años, la presencialidad retomará un mínimo del 64% del total de las jornadas.
El Modelo Híbrido se Contrae 6% en México
La reducción del trabajo remoto plantea un desafío social y económico, especialmente para las mujeres. La Amedirh advierte que son ellas las principales afectadas, pues el home office se había convertido en un soporte fundamental para conciliar la vida profesional con las responsabilidades de crianza y domésticas.
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Los datos sobre la brecha de género son contundentes:
El Coneval señala que las mujeres activas en el mercado laboral dedican cerca de 32 horas a la semana a actividades domésticas y de cuidado no remuneradas.
Cifras de México ¿Cómo Vamos? elevan esta cifra hasta 42 horas semanales destinadas a tareas no remuneradas, frente a solo 18 horas que ocupan los hombres.
Para millones de mujeres, el trabajo remoto representó una vía esencial para mantener su independencia financiera y su lugar en el mercado laboral formal. La contracción de esta modalidad podría generar una transformación regresiva, empujando a un número significativo de ellas hacia la informalidad, un sector que, históricamente, ya dominan.
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Ante este panorama, el desafío para los empleadores, como señala PageGroup, va más allá de la simple productividad: es necesario generar una «motivación auténtica» que incentive la presencialidad, promoviendo entornos de colaboración sin sacrificar los avances en la inclusión femenina.

