A pesar de la entrada en vigor y la consolidación del T-MEC, la relación comercial entre México y Estados Unidos no está libre de fricciones. En pleno 2026, persisten gravámenes que fueron instaurados durante la administración de Donald Trump bajo premisas de «seguridad nacional», y que se han mantenido como herramientas de presión política y económica. Estos aranceles no solo desafían el espíritu de libre comercio del tratado, sino que impactan directamente en los costos de producción y en la competitividad de sectores clave de la industria mexicana.
Entender qué productos siguen gravados y por qué estas medidas no fueron eliminadas con la firma del nuevo acuerdo es fundamental para los exportadores y analistas que buscan navegar el complejo mapa del comercio exterior en Norteamérica.
El Fantasma de la Sección 232: Acero y Aluminio
El pilar de las tensiones actuales reside en la llamada Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962 de Estados Unidos. Bajo esta norma, el gobierno estadounidense impuso aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio provenientes de diversos países, incluido México, argumentando que la dependencia de importaciones ponía en riesgo la seguridad nacional.
Aunque en mayo de 2019 se alcanzó un acuerdo para eliminar estos aranceles mutuos, la realidad en 2026 muestra una aplicación «quirúrgica» de estas medidas. Estados Unidos ha mantenido un sistema de monitoreo estricto que permite reimponer cuotas o aranceles si detecta un «aumento inusual» en las importaciones. Esto mantiene a la industria metalúrgica mexicana en un estado de incertidumbre constante, limitando las proyecciones de inversión a largo plazo.
Productos Agrícolas: La Guerra Silenciosa
Más allá de los metales, el sector agroalimentario mexicano ha sido blanco de aranceles temporales y medidas de remediación comercial que surgieron o se intensificaron durante el periodo de Trump.
El Tomate Mexicano y el Acuerdo de Suspensión
El tomate es, quizás, el caso más emblemático de resistencia arancelaria. Tras años de disputas, México sigue operando bajo un «Acuerdo de Suspensión» que evita el pago de aranceles antidumping del 17.5%, pero a cambio impone inspecciones rigurosas y precios mínimos de venta. Esta medida, aunque técnicamente no es un arancel directo de la era Trump en su origen, fue utilizada como moneda de cambio y endurecida bajo su retórica proteccionista, afectando a miles de productores en estados como Sinaloa y Sonora.
Frutos Rojos y Hortalizas
Otros productos como las berries (fresas, frambuesas y arándanos) y el pimiento morrón han enfrentado investigaciones de salvaguarda. Aunque muchas de estas investigaciones no resultaron en aranceles permanentes, el costo logístico de defender estos casos y la amenaza latente de nuevos gravámenes funcionan como una barrera no arancelaria que México sigue pagando en términos de asesoría legal y pérdida de mercado ante productores locales de Florida y Georgia.
La Paradoja del T-MEC frente al Proteccionismo
Muchos se preguntan: ¿Cómo es posible que existan aranceles si el T-MEC garantiza el libre comercio? La respuesta reside en las «letras chiquitas» del tratado. El acuerdo protege la mayoría de los flujos comerciales, pero permite excepciones en casos de:
- Seguridad Nacional: El vacío legal que permite la Sección 232.
- Salvaguardas Globales: Medidas temporales para proteger a una industria local de un daño grave.
- Dumping y Subsidios: Investigaciones por competencia desleal que terminan en cuotas compensatorias.
En la práctica, estas herramientas han sido utilizadas de manera discrecional. Para México, esto significa que el T-MEC es un escudo fuerte, pero no impenetrable ante la política interna de Washington.
El Impacto Económico en las Cadenas de Suministro
Los aranceles que persisten tienen un efecto cascada. Cuando una empresa automotriz en Puebla debe importar acero mexicano que ha sido procesado o enviado a EE. UU. bajo cuotas, o cuando los fabricantes de electrodomésticos enfrentan costos más altos en aluminio, el precio final lo paga el consumidor norteamericano.
Sin embargo, el daño para México es la pérdida de competitividad. En un entorno de nearshoring, donde México compite con naciones asiáticas y otros mercados emergentes, tener costos inflados por aranceles residuales puede ser el factor decisivo para que una inversión se desvíe hacia otro destino.
Estrategia de México ante la Revisión del T-MEC 2026
Con la revisión programada del tratado para este año, México tiene una oportunidad crítica para poner estos temas sobre la mesa. La estrategia del gobierno mexicano se centra en tres puntos:
- Exigir la Exclusión Total de la Sección 232: Argumentar que, como socios estratégicos, México y Canadá no pueden ser considerados una amenaza a la seguridad de EE. UU.
- Armonización de Reglas de Origen: Evitar que los aranceles se utilicen como represalia por diferencias en la interpretación de las reglas automotrices.
- Mecanismos de Solución de Controversias: Fortalecer los paneles del T-MEC para que sus resoluciones sean vinculantes y rápidas, evitando que las disputas agrícolas duren años.
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Mientras los productos de acero, aluminio y ciertos sectores agrícolas sigan bajo la sombra de los gravámenes, la integración de Norteamérica estará incompleta. El reto para México es transformar la dependencia en una fortaleza que haga que, para Estados Unidos, imponer un arancel sea más costoso que mantener el libre flujo de bienes.



