La reciente imposición de aranceles globales por parte de la administración Trump ha desatado una ola de controversia, no solo por sus potenciales efectos económicos, sino también por las dudas sobre la metodología empleada en su cálculo. La pregunta que resuena en los círculos de análisis económico y tecnológico es: ¿se utilizó inteligencia artificial para determinar los porcentajes arancelarios?
La Fórmula Arancelaria Bajo Escrutinio
La tabla de «Aranceles Recíprocos» de Trump, destinada a reconfigurar el comercio internacional, ha sido objeto de un análisis minucioso. Expertos como los de Mashable señalan inconsistencias y una aparente simplicidad en la fórmula utilizada: dividir el déficit comercial de Estados Unidos con un país entre el total de importaciones de ese país, y luego dividir el resultado por dos.
Esta fórmula, criticada por su omisión de los aranceles que otros países aplican a las importaciones estadounidenses, ha alimentado la especulación sobre la posible intervención de algoritmos. La confirmación indirecta de esta omisión por parte de la Casa Blanca, según el periodista James Surowiecki, ha intensificado las sospechas.
Anomalías Geográficas y la Sospecha de la IA
La lista de países y territorios incluidos en la tabla arancelaria presenta anomalías geográficas, con la inclusión de lugares deshabitados e islas sin comercio exterior. El artista tecnológico Gordon Chapman, en la plataforma Threads, sugirió que la tabla se corresponde con los dominios de internet de nivel superior (TLD), no con países reales.
Esta observación ha reforzado la teoría de que un sistema de inteligencia artificial, posiblemente alimentado con datos de dominios de internet, podría haber generado la tabla arancelaria. La pregunta persiste: ¿fue un algoritmo, y no solo el juicio humano, el arquitecto de estos aranceles?
La Respuesta Oficial y el Escepticismo de los Expertos
El secretario de Comercio, Howard Lutnick, ha afirmado que economistas de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) trabajaron en la elaboración de los aranceles durante años. Sin embargo, expertos citados por Reuters califican los aranceles de carentes de «metodología» coherente y, en algunos casos, de «cifras sin sentido».
La similitud entre la fórmula arancelaria de la Casa Blanca y los resultados obtenidos al pedir a ChatGPT que calcule aranceles de forma «sencilla» ha aumentado las dudas sobre la sofisticación del proceso.
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La posibilidad de que una herramienta de inteligencia artificial, o una fórmula simplista con una base de datos cuestionable, haya sido utilizada para fijar aranceles de tal magnitud plantea serias preocupaciones sobre la estabilidad del comercio global. Las consecuencias económicas de una política arancelaria basada en cálculos cuestionables podrían ser de gran alcance.
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La incertidumbre sobre la metodología empleada en la fijación de aranceles subraya la necesidad de transparencia y rigor en las políticas comerciales, especialmente cuando estas tienen el potencial de alterar el equilibrio económico mundial.


