El Reglamento europeo de Inteligencia Artificial (IA) ha entrado en vigor, marcando un hito significativo en la regulación del uso de tecnologías avanzadas en el ámbito laboral. Desde este domingo, se prohíbe a las empresas el uso de herramientas de IA para el reconocimiento de emociones en el trabajo, así como el uso de biometría para categorizar a las personas. Esta medida representa un esfuerzo por proteger la privacidad y los derechos de los trabajadores, así como prevenir el abuso de tecnologías que puedan influir negativamente en el comportamiento humano. Las violaciones de estas normas tendrán consecuencias serias, con multas que podrían alcanzar los 35 millones de euros o el 7% de la facturación anual de la empresa, lo que subraya la gravedad de las infracciones.
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Las primeras fases de esta normativa impactarán especialmente a sectores como el de seguridad, análisis de datos, recursos humanos y entidades deportivas, que dependen en gran medida de la tecnología para realizar evaluaciones y tomar decisiones sobre el personal. Según Enrique Serrano, presidente de la Comisión sobre IA de la asociación tecnológica Ametic, las restricciones impedirán acciones como determinar si un empleado está “motivado” o “feliz” en su trabajo a través de la IA. Este requisito limita la capacidad de las empresas para utilizar moderadamente la IA en la gestión de recursos humanos y plantea desafíos significativos para su implementación efectiva.
Además, los responsables de implementar sistemas de IA tendrán la obligación de garantizar que el personal esté debidamente capacitado en el uso de estas herramientas. El reglamento estipula que deben adoptar medidas para que sus equipos tengan un nivel de alfabetización suficiente, lo que refleja la necesidad de una comprensión profunda de estas tecnologías antes de su despliegue. Dicha alfabetización es crucial no solo para el cumplimiento normativo, sino también para maximizar el potencial de la IA en las organizaciones, ya que una comprensión inadecuada puede conducir a malentendidos y violaciones involuntarias de la ley.
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Los sindicatos también desempeñan un papel vital en esta transición. José Varela de UGT ha declarado que los sindicatos estarán atentos para asegurarse de que las empresas cumplan con la normativa, lo que indica que habrá una vigilancia activa sobre la implementación de estas leyes. Hasta el momento, solo han entrado en vigor los capítulos iniciales del reglamento, que abarcan disposiciones generales y prácticas prohibidas. A medida que avanza la regulación, se espera que surjan nuevos desafíos y oportunidades para las empresas, dado que la ley completa estará en vigor a partir del 2 de febrero de 2027.


