El panorama de la distribución alimentaria en España vive una lucha soterrada entre dos gigantes de las centrales de compras. Mientras el Grupo IFA se mantiene firme como el segundo operador del país con una cuota del 9,7%, solo superado por Mercadona, su principal competidor, Euromadi, apenas logra crecer una décima y se queda en el 6,2%. Así lo reflejan los últimos datos de Worldpanel, facilitados por fuentes del sector, que dibujan un escenario de tensiones, movimientos estratégicos y una guerra silenciosa por la lealtad de los socios.
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Lo más llamativo del informe es que IFA ha conseguido mantener intacta su participación pese a haber sufrido la marcha de algunos de sus miembros más relevantes. La pérdida de Condis, Sorli y, más recientemente en marzo, de Uvesco, no ha erosionado su posición dominante. En cambio, Euromadi, que ha absorbido a estos fugados, apenas suma una décima porcentual. Esto sugiere que la fuga de socios no se traduce automáticamente en un crecimiento real para el rival.
Los datos de Kantar refuerzan esta lectura. Aunque ambas centrales comparten un porcentaje similar de compradores sobre el total, en torno al 65%, la diferencia radica en la fidelidad. IFA presume de un 14,3% de compradores leales, frente al 8,7% de Euromadi. Esta brecha de casi seis puntos indica que los clientes que entran en los supermercados asociados a IFA repiten con mucha más frecuencia, un activo intangible que pesa más que cualquier ganancia temporal de cuota.
Pero, ¿por qué algunos socios abandonan IFA si el rendimiento del grupo es superior? En el sector se apunta a un factor clave: la naturaleza del accionista. Las empresas que han emigrado hacia Euromadi son, en su mayoría, compañías participadas por fondos de capital riesgo e inversores financieros. Su objetivo último no es la estabilidad a largo plazo, sino la rotación del activo. Se trata de operaciones altamente apalancadas que arrastran exigencias financieras a corto plazo. Cuando los resultados no cumplen las previsiones, la estrategia cambia y la central de compras se convierte en una ficha más del tablero financiero.
Frente a este perfil, IFA defiende un modelo opuesto. Entre sus seis grandes asociados se encuentran algunas de las principales empresas de retail regional de España: Ahorramás, Gadisa, Alimerka, Unide, Bon Preu, Masymas y Dinosol. Son compañías con estrategias definidas, estructuras financieramente robustas y crecimiento sostenido en ventas. No dependen de la próxima ronda de financiación, sino de la rentabilidad de largo plazo. Y los números les dan la razón.
Los márgenes sobre EBITDA de los socios de IFA se sitúan entre 2,5 y 3 puntos porcentuales por encima de los equivalentes en Euromadi. Esa diferencia no es menor. En un sector donde los márgenes son estrechos, tres puntos suponen una ventaja competitiva enorme. Desde IFA, que aglutina una facturación conjunta superior a los 43.000 millones de euros, aseguran que sus condiciones comerciales son igual o más beneficiosas que las de su rival. Y lo demuestran con datos: mayor capacidad de negociación conjunta, apuesta decidida por los frescos, política de promociones agresiva y una presencia destacada de marcas de fabricante. Todo ello se traduce en mayor rentabilidad para el asociado.
En la otra orilla, Euromadi no se queda callada. Defiende su modelo con argumentos de escalabilidad y flexibilidad. Presume de una previsión de facturación agregada local de 36.000 millones de euros, sustentada en un modelo adaptado a las nuevas tendencias del consumo. Su propuesta de valor reside en una gestión más ajustada a las necesidades individuales de cada socio, ofreciendo un crecimiento sólido a medio y largo plazo. Cuenta con firmas como Froiz o Transgourmet, propietaria de la enseña Spar, y ha logrado atraer a los descontentos del bando contrario.
Sin embargo, el tablero no está quieto. Hay una pieza que puede inclinar la balanza: Dinosol. Este socio de IFA está inmerso en un proceso de venta que podría cambiar el equilibrio de poder. Si el comprador decide mover la ficha hacia Euromadi, la distancia entre ambas centrales se reduciría drásticamente. Por ahora, es una incógnita que mantiene en vilo al sector.
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Lo que está claro es que la guerra de las centrales de compras no se libra solo en los despachos, sino en el ticket de la compra diaria de millones de españoles. Cada decisión sobre qué productos entran en las estanterías, qué marcas se promocionan y qué precio final paga el consumidor depende, en buena medida, de estas alianzas estratégicas. Y mientras IFA demuestra que la fidelidad y el margen pueden ser más valiosos que el tamaño, Euromadi apuesta por la flexibilidad y el crecimiento. La partida sigue abierta.


