El sector del mueble de hogar en España cerró el año 2025 con resultados claramente positivos, consolidando su recuperación tras varios ciclos de incertidumbre económica y logística. Según el informe anual “Mueble de Hogar”, elaborado por el Observatorio Sectorial DBK de INFORMA, la producción industrial del sector alcanzó un valor total de 1.595 millones de euros, lo que representa un incremento del 3,6% respecto a 2024. Paralelamente, la facturación global —que incluye ventas domésticas y externas— experimentó una expansión del 4%, cifra que refleja no solo una mejora en la demanda interna, sino también una mayor proyección internacional.
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Este crecimiento no surge de forma aislada: se inscribe en un contexto macroeconómico más favorable, caracterizado por una moderación en los tipos de interés, una mayor disponibilidad de financiación para las PYMEs y una estabilización relativa en los costes logísticos postpandemia. Estos factores han permitido a muchas empresas reactivar inversiones en innovación, diseño y digitalización —aspectos clave para diferenciarse en un entorno cada vez más globalizado y sensible al precio.
Las exportaciones fueron uno de los motores más dinámicos del año. Con un aumento del 5,8%, alcanzaron los 852 millones de euros, impulsadas por una estrategia comercial más diversificada y una mayor presencia en mercados no tradicionales. Francia se mantuvo como primer destino, seguida de cerca por Portugal, Estados Unidos, Alemania e Italia. Juntos, estos cinco países absorbieron aproximadamente el 59,7% del total exportado, lo que evidencia una concentración geográfica significativa pero también una capacidad real de penetración en economías maduras y exigentes. Destaca especialmente el avance en Estados Unidos, donde las ventas crecieron a doble dígito por segundo año consecutivo, respaldado por alianzas con distribuidores especializados y una oferta centrada en diseño sostenible y funcionalidad modular.
Sin embargo, el balance exterior revela una paradoja estructural. Mientras las exportaciones ganaban terreno, las importaciones registraron un ascenso aún más pronunciado: +9,1%, hasta los 1.176 millones de euros. Este ritmo acelerado amplió el déficit comercial del sector a 324 millones de euros, el nivel más alto desde 2021. El principal origen de estas compras sigue siendo China, responsable de casi la mitad (49,3%) del total importado. Le siguen Italia (11,2%), Polonia (8,5%) y Vietnam (6,1%). Esta última ha emergido como un actor estratégico, particularmente en segmentos de gama media con altos estándares de calidad y tiempos de entrega reducidos.
La creciente dependencia de proveedores extranjeros no responde únicamente a criterios de costo. También obedece a necesidades técnicas específicas —como componentes de alta precisión, materiales compuestos o sistemas inteligentes integrados— que aún no están plenamente desarrollados en la cadena de suministro nacional. Esto coloca a las empresas españolas ante un dilema: competir en valor añadido frente a productos importados de bajo costo, o integrar esos mismos productos como insumos para elevar la competitividad de sus propias líneas finales.
Desde el punto de vista de la rentabilidad, el escenario es complejo. Aunque los volúmenes vendidos aumentaron, los márgenes operativos se mantuvieron bajo presión constante. DBK identifica tres factores determinantes: primero, la hipersensibilidad del consumidor al precio, exacerbada por la inflación persistente y la cautela en el gasto discrecional; segundo, el incremento sostenido de ciertos costes de producción, especialmente energía, materias primas sostenibles certificadas y transporte marítimo regional; y tercero, el mayor poder de negociación de los canales de distribución, tanto físicos como digitales, que exigen condiciones comerciales más flexibles y políticas de retorno más generosas.
En este marco, la competencia del producto importado no actúa solo como sustituto directo, sino como referente implícito de precios y expectativas de servicio. Muchas marcas nacionales han respondido con una redefinición de su propuesta de valor: apostando por la trazabilidad, la economía circular (uso de madera certificada FSC/PEFC, reciclaje de residuos industriales, diseños para desmontaje), y experiencias de compra omnicanal que combinan showroom físico con configuradores 3D y entregas programadas con huella de carbono calculada.
La estructura empresarial del sector sigue siendo profundamente atomizada, aunque en proceso de maduración. A 1 de enero de 2025, el número de empresas fabricantes registradas ascendía a 9.373, lo que supone una reducción del 3,9% interanual. Este descenso no indica debilidad, sino una evolución natural hacia mayor especialización y eficiencia: muchas pequeñas unidades han sido absorbidas, fusionadas o han migrado a modelos de marca blanca o servicios B2B especializados (por ejemplo, carpintería de precisión para retail o mobiliario técnico para espacios contractuales).
El 90% de las empresas opera con menos de 10 trabajadores, lo que subraya el carácter artesanal y flexible del tejido productivo. Solo el 1,7% supera los 50 empleados, y son precisamente estas compañías —muchas de ellas cotizadas o con presencia internacional— las que lideran la inversión en I+D+i y en transición digital. Desde el punto de vista territorial, Andalucía concentra el mayor número de fabricantes (19,9%), seguida de Cataluña (14,3%), Comunidad Valenciana (11,7%) y Madrid (9,2%). Estas cuatro comunidades acumulan más de la mitad del total nacional (55,1%), lo que confirma una geografía industrial consolidada, aunque con perfiles distintos: Andalucía destaca en producción a gran escala y soluciones para vivienda, Cataluña en diseño y mobiliario de autor, la Comunidad Valenciana en innovación de procesos y Madrid en gestión de marca y logística avanzada.
En cuanto a la concentración del mercado, los datos muestran una tendencia inequívoca hacia la escala: las cinco primeras empresas representaron el 22,4% de la producción en 2024, mientras que las diez principales alcanzaron el 31,4%. Este crecimiento no implica una amenaza para la diversidad del sector, sino una respuesta organizativa a los retos de sostenibilidad regulatoria, cumplimiento de normativas europeas (como la nueva Estrategia de Economía Circular de la UE) y exigencias de transparencia ambiental y social.
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En síntesis, el año 2025 marcó un punto de inflexión para el mueble español: un crecimiento cuantitativo sólido, respaldado por una estrategia exportadora coherente y una adaptación proactiva a nuevas demandas de consumo. Pero también evidenció líneas de tensión que requerirán atención continua: la brecha entre capacidad productiva y demanda de componentes locales, la necesidad de políticas activas de formación técnica especializada y la urgencia de fortalecer alianzas público-privadas para la internacionalización de PYMEs con potencial exportador. El reto no es ya solo vender más, sino vender mejor —con más valor, más responsabilidad y más capacidad de respuesta ante un mundo en constante reconfiguración.

