El sector del calzado en España se encuentra en una encrucijada decisiva. Entre el aumento imparable de los costes de producción, la transformación de los canales de venta y la necesidad de fortalecer el tejido industrial, los principales actores del negocio han compartido diagnósticos y estrategias para afrontar un futuro que se presenta lleno de desafíos, pero también de oportunidades reales.
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Recientemente, propietarios y primeros ejecutivos de empresas emblemáticas como Pikolinos, Wonders, Gioseppo, Hispanitas, Pedro Miralles, Igor e Illice se dieron cita en una nueva edición del foro Modaes Thinking, celebrado por primera vez en Elche, el gran epicentro de la industria del calzado en España. El encuentro, patrocinado por Bleckmann, sirvió como termómetro para medir la salud de un sector que factura millones y que sostiene buena parte de su fortaleza en la combinación de tradición artesanal, proyección internacional y capacidad de reinvención.
La Presión de los Costes Laborales y el Absentismo
Uno de los temas que más consenso generó entre los asistentes fue la creciente tensión que ejercen los costes laborales sobre la rentabilidad del negocio. Salvador Gómez, secretario general de la Federación de Industrias del Calzado Español (Fice), abrió el debate señalando que los costes laborales representan aproximadamente el 50% del coste total de fabricación. En los últimos cinco años, estos se han incrementado entre un 25% y un 30%, una subida que, según Gómez, no solo responde a los incrementos del salario mínimo, sino que arrastra consigo otras variables como las cotizaciones y el absentismo.
Precisamente, el absentismo laboral fue identificado como un problema estructural que afecta directamente a la productividad. Josu Altolaguirre, consejero delegado de Igor, fue contundente al afirmar que no se trata solo de una cuestión de cantidad de personas disponibles, sino de una falta de actitud frente al trabajo. Esta realidad se suma a la dificultad creciente para encontrar mano de obra cualificada, tanto en el plano productivo como en el comercial.
Asun Quirant, consejera delegada de Genuins, compartió esta inquietud desde la perspectiva de una empresa productora, lamentando que la industria se encuentra apagada y que no se ha sabido poner en valor todo lo que el tejido nacional es capaz de ofrecer. Para Patricia Miralles, al frente de Pedro Miralles, el reto es doble: por un lado, se busca reivindicar la artesanía como un valor diferencial, pero por otro, la escalada de costes hace cada vez más complicado mantener la producción en territorio español.
Enrique Esquitino, coconsejero delegado de Grupo Illice, fue más allá al señalar que el tejido industrial ha quedado mermado y que muchas marcas se han visto forzadas a deslocalizar parte de su producción para poder seguir siendo competitivas. La clave, según Esquitino, está en lograr una cadena de valor ágil, que vaya desde el desarrollo del producto hasta su llegada al punto de venta.
Marca y Distribución: Dos Caras de una Misma Moneda
El foro también puso de manifiesto que la distribución tradicional está viviendo una transformación profunda. Germán Navarro, consejero delegado de Gioseppo, defendió que, para aquellas empresas que no cuentan con fabricación interna, la gestión del stock se convierte en un factor crítico. No se trata de producir grandes volúmenes, sino de hacerlo con inteligencia y precisión. La apuesta por un modelo de producción en países lejanos implica un mayor riesgo y una necesidad constante de anticiparse a la demanda.
Rubén Carbonell, consejero delegado de Wonders, aportó una visión provocadora al calificar el sector como viejo. Para Carbonell, la solución pasa por construir una red de tiendas físicas que permita obtener información directa del consumidor, una fuente de datos que, según él, difiere notablemente de la que proporciona el canal online. En medio de la crisis del comercio tradicional, señaló que existen brotes verdes representados por marcas emergentes que generan colas en sus establecimientos, un fenómeno que merece ser estudiado con atención.
La reflexión de Carbonell conecta directamente con la preocupación de Juan Manuel Perán, consejero delegado de Pikolinos, quien advirtió que las grandes plataformas y cadenas están acostumbrando al consumidor a comprar de forma masiva, desplazando a las marcas tradicionales. Perán recordó que muchas empresas han desaparecido después de experimentar burbujas de crecimiento, mientras que las que han perdurado han sabido hacer bien las cosas durante décadas.
Luis Chico de Guzmán, propietario y consejero delegado de Hispanitas, puso el acento en la necesidad de invertir en marca. Reconoce que el sector tiene una excelente imagen internacional para la exportación, pero que en el mercado doméstico se ha tendido a ver la inversión en marca como un gasto en lugar de como una necesidad estratégica. A esto se suma la dificultad de crear marcas que perduren en el tiempo, especialmente cuando las nuevas generaciones de consumidores gravitan hacia propuestas efímeras.
El Relevo Generacional y la Sostenibilidad como Asignaturas Pendientes
El relevo generacional no solo afecta a la mano de obra, sino también al propio tejido empresarial. Luis Chico de Guzmán reflexionó sobre el papel de los propietarios actuales, reconociendo que, en muchas ocasiones, el freno principal son ellos mismos. La evolución desde el modelo multimarca tradicional hacia un panorama más complejo exige una apertura al talento joven y una disposición real a invertir en formación y motivación.
Por su parte, Fernando Sainz, director de desarrollo de negocio de Bleckmann, destacó la importancia del control de costes operativos, la sostenibilidad y la circularidad como ejes que marcarán la diferencia en los próximos años. La automatización y la optimización de las cadenas de suministro serán factores determinantes para aquellas empresas que quieran mantenerse competitivas.
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Finalmente, Salvador Gómez quiso cerrar el debate con una nota de optimismo realista. Recordó que, a pesar de las dificultades, España cuenta con un ecosistema de marcas potentes que otros países, como Portugal, envidian. Mientras ellos producen volúmenes similares, carecen de ese tejido de marca que permite a las empresas españolas tener una presencia internacional consolidada. Patricia Miralles secundó esta idea al afirmar que, en el ámbito de la exportación, el sector ha hecho bien los deberes y esa fortaleza ha sido clave para garantizar su viabilidad.
En definitiva, el calzado español se enfrenta a un abanico de retos que van desde la contención de costes hasta la reinvención de su modelo de distribución, pasando por la construcción de marca y la atracción de nuevo talento. Las empresas que logren navegar entre estas tensiones serán las que definan el futuro de una industria con más de un siglo de historia y con mucho camino aún por recorrer.


