La sostenibilidad en España ha dejado de ser una opción corporativa para convertirse en un imperativo legal. Con la llegada de la Ley 1/2025 de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, el sector del retail se encuentra ante una transformación estructural. Esta normativa, que entra en pleno vigor en abril de 2026, no solo busca reducir las toneladas de comida que terminan en la basura, sino que obliga a las empresas a digitalizar y profesionalizar cada gramo de su excedente.
Lo que antes se gestionaba de forma intuitiva o mediante actos aislados de beneficencia, hoy requiere una estrategia de trazabilidad 360°. Las cadenas de distribución ya no solo deben «querer» donar; ahora deben demostrar cómo, cuánto y a quién, bajo la amenaza de sanciones y la presión de una opinión pública cada vez más consciente.
El Impacto de la Ley 1/2025 en la Gran Distribución
El marco legal actual establece un cambio de paradigma. La normativa exige que cualquier agente de la cadena alimentaria cuente con un Plan de Prevención de Pérdidas. Este documento no es un mero trámite administrativo; es la hoja de ruta que define cómo una tienda o plataforma logística identifica sus ineficiencias.
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La Jerarquía de Prioridades: El Orden de los Factores sí Altera el Producto
La ley es estricta en su orden de actuación, obligando al retail a seguir estos pasos antes de considerar el desecho:
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Prevención en origen: Reducir la generación de excedentes mediante una mejor previsión de compra.
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Consumo humano: Priorizar la donación a bancos de alimentos y ONGs mediante acuerdos formales.
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Transformación: Convertir productos no vendidos en otros alimentos (mermeladas, zumos, etc.).
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Alimentación animal y subproductos: Destinar lo no apto para humanos a piensos o industria.
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Valorización energética: Obtención de compost o biogás.
De la Gestión Reactiva a la Inteligencia Operativa
Hasta hace poco, muchas enseñas del sector resolvían el excedente de forma reactiva: si un producto caducaba pronto, se marcaba con precio de oferta o se entregaba a una asociación local sin mayor registro. Sin embargo, referentes del sector como E.Leclerc, Family Cash o MasyMas ya han comprendido que este modelo es insuficiente ante las nuevas exigencias de auditoría.
El Rol de la Tecnología y la Conexión B2B
En este contexto, surgen soluciones como Comerso, una plataforma que actúa como puente tecnológico entre el retail y el ecosistema social. La clave aquí es la trazabilidad. No basta con entregar cajas de fruta; es necesario generar un flujo de datos que se integre en los sistemas ERP de la empresa a través de conexiones API o EDI.
Esta digitalización permite a los directores de operaciones visualizar en tiempo real qué centros están optimizando sus mermas y cuáles necesitan ajustes en su cadena de suministro.
Las Tres Columnas de la Gestión de Excedentes
Para que un retailer cumpla con la normativa y, además, obtenga rentabilidad de su eficiencia, debe trabajar en tres áreas críticas:
1. Diagnóstico y Auditoría de Impacto
No se puede mejorar lo que no se mide. Un análisis profundo de las plataformas logísticas permite identificar «puntos negros» donde el desperdicio es recurrente. Esto incluye evaluar el impacto económico (pérdida de margen) y el impacto social (raciones de comida desperdiciadas).
2. Trazabilidad y Seguridad Jurídica
La nueva ley exige acuerdos formales de donación. Estos contratos blindan a la empresa ante responsabilidades legales y aseguran que el receptor cumple con las normativas de seguridad alimentaria. Una gestión profesional centraliza estos certificados, facilitando las deducciones fiscales por donaciones y garantizando que cada producto llegue a su destino final de forma segura.
3. Cultura y Formación de Equipos
El software no sirve de nada si el personal de tienda no sabe cómo utilizarlo. La gestión del excedente debe integrarse en las tareas diarias, como la reposición o el inventario. La formación de los equipos es vital para pasar de la «buena voluntad» a un proceso estandarizado y eficiente.
El Excedente como Oportunidad de Eficiencia Económica
Es un error común ver la Ley de Desperdicio Alimentario solo como una carga burocrática. Las empresas que logran profesionalizar este proceso descubren beneficios tangibles:
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Optimización de Inventarios: Al medir el excedente, se ajustan mejor los pedidos a la demanda real, reduciendo el stock inmovilizado.
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Mejora de la Reputación de Marca: El consumidor de 2026 penaliza el desperdicio. La transparencia en la gestión de excedentes se convierte en un activo de marketing ético.
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Beneficios Fiscales: Una trazabilidad rigurosa permite maximizar las desgravaciones fiscales previstas por la ley para las donaciones de alimentos.
«Pasar de una gestión reactiva a una estructurada permite que el impacto económico y social sea mucho mayor», afirma Juan Ángel Martín, experto en la materia.
Un Cambio Cultural Necesario
La entrada en vigor de la Ley 1/2025 marca un antes y un después para el retail en España. Ya no se trata de cumplir por evitar una multa, sino de evolucionar hacia un modelo de economía circular donde el residuo sea la excepción y no la norma.
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Las cadenas que hoy invierten en tecnología y procesos para gestionar su excedente no solo están cumpliendo con la ley, sino que están construyendo operaciones más resilientes, eficientes y humanas. La pregunta para el retail ya no es si debe actuar, sino si su estructura actual es capaz de soportar el nivel de transparencia que el futuro exige.


