En la última década España ha experimentado un notable crecimiento en la entrada al mercado de aparatos eléctricos y electrónicos. Los datos más recientes de Eurostat (2023), recopilados por Servimedia, sitúan a nuestro país como el segundo de la Unión Europea con mayor incremento en kilos por habitante de estos dispositivos introducidos entre 2014 y 2023.
Al mismo tiempo, España también figura entre los países que más han aumentado las tasas de recogida de estos residuos, lo que plantea tanto oportunidades como desafíos ambientales y de gestión.
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Qué se entiende por aparatos eléctricos y electrónicos Bajo la clasificación oficial se incluyen todos los productos que necesitan electricidad o campos electromagnéticos para funcionar. Esto abarca desde teléfonos móviles y ordenadores portátiles hasta electrodomésticos (lavadoras, frigoríficos), pequeños aparatos (secadores de pelo, planchas), sistemas de iluminación, equipos de audio y vídeo y dispositivos de tecnología de la información.
La definición se extiende además a equipos que generan, transfieren o miden corrientes y campos, como paneles solares, cables, alargadores y contadores eléctricos.
Magnitud del aumento en la UE y la posición de España En 2023 la Unión Europea produjo una media de 32,2 kg por habitante en aparatos eléctricos y electrónicos puestos en el mercado, cifra que representa un aumento de 14,08 kg con respecto a 2014 —un 77,7% más.
Sin embargo, la distribución entre países fue muy desigual: Países Bajos lideró con 45,5 kg per cápita, seguido de Alemania y Austria, mientras que Chipre, Eslovaquia y Bulgaria registraron las cifras más bajas.
España, con 31,80 kg por habitante en 2023, ocupó el octavo lugar en volumen de productos introducidos en el mercado. Analizando la evolución entre 2014 y 2023, el aumento acumulado en España fue de 18,81 kg por persona, solo superado por Países Bajos (25,17 kg). En contraste, dos países —Malta y Luxemburgo— redujeron la puesta en el mercado de estos aparatos.
Recolección y reciclaje: el otro lado de la moneda La UE recogió en 2023 un total de 11,61 kg por habitante de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, frente a los 32,21 kg puestos en el mercado. Esa brecha de 20,60 kg señala un creciente “stock” de dispositivos: muchos siguen en uso, otros esperan ser desechados, se acumulan en hogares o se pierden por tratamientos informales fuera de la cadena oficial de gestión.
En términos de recogida por países, Bulgaria, Chequia y Austria mostraron las tasas más elevadas (17,94; 16,79 y 15,87 kg por habitante, respectivamente), mientras que Chipre, Malta y Portugal registraron las cifras más bajas. España se situó en la posición 14 con 9,27 kg por persona recogidos en 2023.
Si se atiende a la evolución en la última década, los mayores incrementos en tasa de recogida se dieron en Bulgaria, Chequia y Polonia. España aparece en el octavo puesto de aumento de recogida (5,29 kg más por habitante entre 2014 y 2023), lo que muestra avances, aunque con margen para mejorar en la captura y tratamiento de estos residuos.
Riesgos asociados a una mala gestión Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos son muy heterogéneos: contienen metales preciosos (oro, plata, cobre), materias plásticas, vidrio y también sustancias peligrosas (mercurio, plomo, retardantes de llama, cadmio).
Cuando no se gestionan correctamente pueden producirse emisiones tóxicas, contaminación de suelos y aguas y riesgos para la salud humana, especialmente en procesos de reciclaje informal o vertederos inadecuados.
Además, la pérdida de materiales recuperables supone un desperdicio económico y ambiental importante. Recuperar metales y plásticos mediante procesos seguros reduce la extracción de recursos primarios y contribuye a una economía circular más eficiente.
Factores que explican el aumento de aparatos en el mercado Varios elementos explican la escalada en la venta y presencia de estos equipos: ritmo de innovación tecnológica (reemplazo frecuente de móviles y dispositivos), caída de precios relativa en ciertas categorías, aumento del poder adquisitivo y la electrificación de más productos del hogar y el transporte. También influyen tendencias de consumo como la conexión constante, la proliferación del teletrabajo y la mayor digitalización de servicios.
Qué se puede hacer: políticas y prácticas necesarias Para reducir los impactos ambientales y cerrar la brecha entre lo puesto en el mercado y lo recuperado, convienen medidas en distintos frentes:
- Mejora de la recogida: ampliar puntos de recogida accesibles, facilitar el retorno en tiendas y promover sistemas de devolución y recompensa.
- Economía circular: diseñar productos para que sean más reparables, actualizables y reciclables; impulsar el reacondicionamiento y la venta de segunda mano.
- Legislación y cumplimiento: reforzar normativas sobre gestión de residuos, controlar el flujo informal de residuos y garantizar el cumplimiento de las obligaciones de productores.
- Concienciación ciudadana: campañas para informar sobre la importancia de llevar dispositivos al punto de recogida y explicar qué se puede reciclar.
- Incentivos económicos: subvenciones o deducciones para reparación, y modelos de negocio basados en servicios (device-as-a-service) que fomenten la longevidad de los equipos.
Conclusión El crecimiento del mercado de aparatos eléctricos y electrónicos en España refleja modernización y demanda tecnológica, pero también plantea un desafío creciente para la gestión de residuos. Aunque el país ha avanzado en tasas de recogida, la brecha entre lo que se pone en circulación y lo que se recupera sigue siendo amplia.
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Abordar el problema requiere acciones coordinadas entre administraciones, empresas y ciudadanía para promover el reciclaje, alargar la vida útil de los productos y minimizar el impacto ambiental.


