Venezuela, comercio en transición y oportunidades para Colombia, el comercio suele describirse como el termómetro más sensible de una economía. Reacciona con rapidez a los cambios en ingresos, confianza, disponibilidad de divisas y expectativas políticas. En Venezuela, donde la inflación alcanzó el 500 % en 2025 y el entorno cambiario sigue siendo desafiante, el comercio no solo mide la temperatura económica: también revela la capacidad de adaptación de empresarios y consumidores ante condiciones extremas.
En ese escenario, la voz de la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios de Venezuela (ANSA) resulta clave. El gremio representa más del 50 % de las ventas de productos alimenticios, limpieza y bienes esenciales del hogar, y funciona como un espejo del consumo interno. Su presidente, Ítalo Atencio, sostiene que el país ha desarrollado una especie de “experticia en sobrevivir”, aprendiendo a operar en entornos de inflación elevada, brecha cambiaria y marcos regulatorios cambiantes.
Para los empresarios colombianos que observan a Venezuela con renovado interés, el mensaje es claro: hay riesgos, pero también oportunidades concretas.
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Sobrevivir al 500 % de inflación: adaptación permanente
Hablar de una inflación de 500 % puede parecer insostenible desde cualquier economía latinoamericana. Sin embargo, en Venezuela el sector comercial viene de atravesar episodios aún más extremos, con hiperinflación superior al 100.000 % en años anteriores. Comparativamente, el 500 % luce casi como una estabilización.
¿Cómo sobreviven las empresas?
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Ajustando precios con frecuencia.
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Redefiniendo márgenes.
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Reduciendo costos operativos.
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Gestionando inventarios con disciplina.
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Evitando depender exclusivamente del valor de reposición.
En un entorno así, la reposición a precios futuros puede dejar fuera de mercado a quien sobreestime el ajuste. El comerciante venezolano aprendió a equilibrar velocidad de rotación, sensibilidad al precio y manejo del capital de trabajo.
Divisas e indexación: la “ruleta” cambiaria
Uno de los elementos más complejos es el manejo del tipo de cambio. Aunque el bolívar sigue siendo la moneda oficial, la economía está fuertemente indexada al dólar.
En el retail internacional, los pagos a proveedores suelen hacerse a 60 o 90 días. En Venezuela, los plazos se reducen a 21 o 30 días y muchas veces están indexados a la tasa vigente al momento del pago.
Esto genera un riesgo evidente: si el comerciante vende a una tasa y paga a otra superior, absorbe la diferencia. Esa volatilidad ha obligado al sector a desarrollar una sofisticada gestión del diferencial cambiario.
Paradójicamente, esa experiencia representa una ventaja competitiva frente a nuevos jugadores que no conocen el terreno.
Nuevas leyes y señales de apertura
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Reforma a la ley de hidrocarburos.
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Ley de defensa de los derechos socioeconómicos del consumidor.
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Ley de aceleración de trámites administrativos.
La reforma energética apunta a facilitar inversión extranjera en el sector petrolero, pieza clave para la generación de divisas. La ley del consumidor elimina en gran medida las sanciones penales de la antigua Ley de Precios Justos, reduciendo la incertidumbre regulatoria. Y la aceleración de trámites busca simplificar procesos para atraer capital.
Para los empresarios, más allá del debate político, estas medidas representan señales de mayor previsibilidad.
Más dólares y expectativas de ingreso
Un factor central para el comercio es la disponibilidad de divisas. Recientemente se registraron subastas más ordenadas, lo que permitió a empresas acceder a dólares para cumplir obligaciones.
Además, se anunciaron fondos soberanos destinados a:
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Mejorar ingresos y salud.
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Financiar infraestructura.
Si esos fondos alcanzan los US$500 millones mensuales como se ha planteado implicarían US$6.000 millones anuales inyectados en la economía.
El salario mínimo oficial ronda cifras muy bajas en dólares, aunque el ingreso promedio real del venezolano se ubica entre US$200 y US$220 mensuales. De concretarse un ajuste salarial significativo, el consumo podría dinamizarse rápidamente.
El venezolano, además, mantiene un perfil marcadamente aspiracional: cuando dispone de recursos, consume.
¿En qué gasta el venezolano?
Entre 60 % y 70 % del ingreso familiar se destina a alimentos y bienes básicos, tanto en supermercados (canal moderno) como en abastos tradicionales.
Sin embargo, han surgido categorías de crecimiento sorprendente.
Mascotas
El segmento de productos para mascotas se expandió con fuerza tras la pandemia. Alimentos premium, accesorios y servicios veterinarios muestran alto potencial, especialmente en el canal moderno.
Huevos y diferenciación
En categorías como huevos, el mercado carece de diferenciación. A diferencia de Colombia, donde existen múltiples presentaciones, sellos y propuestas de valor, en Venezuela la oferta es homogénea. Allí hay espacio para innovación.
Harina y arroz
La harina de maíz pasó de tener una marca dominante a contar con más de 40 registros. En arroz ocurre algo similar. Aunque no todas las marcas compiten en anaquel, el aumento evidencia dinamismo competitivo.
Marcas propias: terreno fértil
Uno de los mayores diferenciales frente a Colombia es el desarrollo de marcas propias.
En cadenas como D1, Ara, Ísimo o Grupo Éxito, las marcas propias pueden representar entre 50 % y 60 % del portafolio.
En Venezuela, en cambio, no alcanzan el 5 % del mercado.
Esto abre una oportunidad clara para fabricantes colombianos con experiencia en desarrollo de marca privada: alimentos procesados, productos de limpieza, cuidado personal y categorías económicas pueden ganar rápidamente participación si se estructuran alianzas locales adecuadas.
Infraestructura y conectividad
Más allá del consumo, la infraestructura es un cuello de botella fuera de Caracas. Inversiones en logística, almacenamiento y transporte serán determinantes para expandir operaciones.
El regreso de aerolíneas internacionales como American Airlines y Copa Airlines mejora la conectividad y envía señales de normalización gradual en relaciones comerciales.
Recomendación clave: socio local
El consejo más repetido por líderes gremiales es contundente: ningún empresario extranjero debería entrar solo.
Un socio local que haya sobrevivido a hiperinflación, controles de precios y brechas cambiarias es un activo estratégico. Conoce proveedores, tiempos regulatorios, mecanismos de indexación y riesgos reales.
“Navegar estas aguas” requiere experiencia previa.
Expectativas a corto y mediano plazo
En el corto plazo, el sector observa:
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Mayor orden en subastas de divisas.
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Aprobación rápida de reformas legales.
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Expectativa de incremento salarial.
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Posible dinamización del consumo.
En el mediano plazo, el factor político sigue siendo relevante, aunque algunos actores estiman que eventuales elecciones no se producirían antes de dos años, dando margen para consolidar reformas económicas.
Oportunidades concretas para Colombia
Para las empresas colombianas, las áreas con mayor potencial incluyen:
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Alimentos básicos diferenciados.
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Marcas propias para retail.
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Productos para mascotas.
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Insumos agroindustriales.
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Soluciones logísticas y de infraestructura.
La cercanía geográfica reduce costos de transporte y facilita integración comercial.
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El comercio venezolano vive una etapa de transición compleja pero llena de matices. La inflación sigue siendo alta, el diferencial cambiario continúa siendo un riesgo y el entorno político mantiene interrogantes. Sin embargo, también emergen señales de mayor previsibilidad, reformas legales orientadas a atraer inversión y una inyección potencial de divisas que podría dinamizar el consumo.
Para Colombia, Venezuela representa un mercado cercano, culturalmente afín y con necesidades claras en categorías donde las empresas colombianas tienen experiencia probada.
La clave no está en ignorar los riesgos, sino en comprenderlos, gestionarlos y asociarse estratégicamente. En un país donde los comerciantes aprendieron a sobrevivir a escenarios extremos, la resiliencia se convirtió en ventaja competitiva. Y en ese nuevo ciclo, quienes entren preparados pueden encontrar oportunidades significativas.


