Transición sostenible en Colombia, los retos invisibles que frenan el camino empresarial hacia la circularidad, la sostenibilidad empresarial se ha convertido en una de las banderas más relevantes de la economía global. En un contexto en el que los mercados internacionales, los inversionistas y los consumidores demandan prácticas responsables, las empresas colombianas no pueden quedarse atrás. Sin embargo, el tránsito hacia modelos circulares y sostenibles en el país no está exento de obstáculos.
Durante la Mesa de Trabajo y Networking Empresarial en Sostenibilidad realizada en Medellín en septiembre de 2025, más de 25 compañías y entidades técnicas compartieron experiencias, identificaron brechas y discutieron cómo transformar los desafíos actuales en oportunidades de crecimiento. El encuentro, convocado por AJE, Alico, Fractal y Circulab, fue un espacio clave para visibilizar los principales frenos de la sostenibilidad en la región y, a la vez, reafirmar el compromiso colectivo con una economía ambiental más competitiva.
El evento fue moderado por Armando Russi, gerente de sostenibilidad de AJE y presidente ejecutivo de la Cámara Internacional de Negocios Climáticos (CINC), quien subrayó que el reto de la sostenibilidad en Colombia “no es solamente ambiental, sino estratégico: invertir en circularidad, infraestructura y educación no debe entenderse como un gasto, sino como la clave para garantizar permanencia en el mercado y anticipar riesgos regulatorios y financieros”.
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Un sector que busca avanzar, pero que enfrenta barreras estructurales
En Colombia, los esfuerzos por implementar modelos sostenibles han crecido de manera significativa en la última década. Grandes industrias han iniciado la transición hacia energías renovables, cadenas de producción más eficientes y estrategias de economía circular. No obstante, la brecha entre las buenas intenciones y los resultados efectivos sigue siendo amplia.
La jornada empresarial en Medellín puso de relieve cinco grandes desafíos que frenan el avance del sector privado en esta materia: la desarticulación entre infraestructura y regulación, la ausencia de incentivos sólidos, las cadenas de recolección débiles, la baja cultura ambiental en consumidores y la resistencia a la innovación en procesos productivos.
Cada uno de estos obstáculos refleja problemas estructurales que requieren tanto del compromiso empresarial como de la articulación con gremios, el Estado y la ciudadanía. La sostenibilidad, como quedó claro en este encuentro, no es un reto individual, sino colectivo.
Desfase entre infraestructura y regulación
Uno de los problemas más recurrentes señalados por los participantes es la brecha entre la velocidad de la normativa ambiental y la capacidad real de las empresas para adaptarse. En muchos casos, las leyes avanzan con rapidez para cumplir compromisos internacionales en materia de reducción de emisiones, gestión de residuos o eficiencia energética, pero la infraestructura disponible en el país no está preparada para soportar esos cambios.
Por ejemplo, la implementación de metas de reciclaje más ambiciosas exige contar con plantas de clasificación modernas, sistemas de trazabilidad robustos y procesos logísticos eficientes. Sin embargo, buena parte de las regiones aún carece de esta infraestructura, lo que genera sobrecostos a las empresas y pone en riesgo el cumplimiento de la normativa.
El desfase regulatorio también afecta la competitividad internacional. Mientras que en países europeos las empresas cuentan con sistemas de apoyo estatal y facilidades tecnológicas para alcanzar los objetivos ambientales, en Colombia muchas veces deben asumir solas la inversión y los riesgos, lo que las coloca en desventaja frente a competidores globales.
Escasez de incentivos reales para la sostenibilidad
Otro de los grandes vacíos identificados es la falta de estímulos económicos que faciliten la transición hacia modelos más limpios y circulares. Aunque en Colombia existen beneficios tributarios para ciertos proyectos de energías renovables o tecnologías limpias, en la práctica resultan insuficientes o de difícil acceso.
Los empresarios presentes en el evento coincidieron en que es necesario diseñar un marco de incentivos más claro y accesible que no solo motive a las grandes corporaciones, sino también a las pequeñas y medianas empresas, que representan más del 90% del tejido empresarial en el país.
Un ejemplo señalado fue el de los modelos circulares basados en el reaprovechamiento de empaques y materiales. Si bien estos proyectos son altamente beneficiosos para el medio ambiente, muchas veces no son financieramente sostenibles sin apoyo fiscal. Estímulos tributarios, líneas de crédito verdes con tasas competitivas o subsidios para la modernización de equipos serían medidas clave para impulsar la adopción masiva de estas prácticas.
Cadenas de recolección insuficientes y poco formalizadas
El reciclaje es uno de los pilares de la economía circular, pero su éxito depende de la existencia de cadenas de recolección y clasificación bien estructuradas. En Colombia, este sigue siendo un talón de Aquiles.
Buena parte de la recolección de materiales reciclables recae en pequeños prestadores de servicio, muchos de ellos en condiciones de informalidad. Esta situación no solo dificulta la trazabilidad de los procesos, sino que también genera problemas de calidad en los insumos recuperados y limita la capacidad de las empresas para garantizar cadenas limpias y verificables.
Los asistentes a la mesa de trabajo coincidieron en que es urgente formalizar y fortalecer a estos actores, brindándoles capacitación, acceso a tecnologías y respaldo financiero. Al mismo tiempo, resaltaron la importancia de que el sector privado invierta en alianzas estratégicas con recicladores y operadores logísticos para robustecer la cadena de valor.
Baja cultura ambiental en los consumidores
A pesar de que cada vez más colombianos hablan de sostenibilidad, la realidad es que la cultura ambiental de los consumidores aún es baja. En la práctica, el precio sigue siendo el factor decisivo en la mayoría de las compras, por encima de los atributos ambientales o sociales de los productos.
Esto se traduce en una baja disposición a pagar más por bienes reciclados, reciclables o con certificaciones ambientales. Además, persiste un gran desconocimiento sobre conceptos básicos, como la diferencia entre un empaque reciclado y uno reciclable, lo que genera confusión y afecta la percepción de las marcas.
Durante la jornada se enfatizó en la necesidad de impulsar procesos de educación y sensibilización ciudadana más agresivos, liderados tanto por el Estado como por las empresas. Campañas pedagógicas, etiquetados claros y estrategias de marketing verde bien estructuradas podrían contribuir a cerrar esta brecha y a fomentar un consumo más responsable.
Resistencia a la innovación y limitaciones tecnológicas
Finalmente, los empresarios identificaron la resistencia al cambio como una de las barreras más complejas de superar. Muchos equipos productivos y procesos industriales aún funcionan con tecnologías obsoletas que no se ajustan a los nuevos estándares de sostenibilidad.
Actualizar estos sistemas requiere inversiones considerables que no todas las empresas están dispuestas o en capacidad de asumir. A ello se suma el temor a los riesgos operativos que implica migrar hacia nuevas tecnologías, especialmente en industrias donde la continuidad productiva es crítica.
Superar esta resistencia implica un cambio de mentalidad en la alta gerencia y en los líderes financieros de las organizaciones. Como se señaló en el evento, la sostenibilidad debe hablar el lenguaje de la rentabilidad y demostrar que invertir en innovación no solo reduce impactos ambientales, sino que también aumenta la competitividad a mediano y largo plazo.
La sostenibilidad como estrategia empresarial
Más allá de los retos, el encuentro en Medellín también dejó en claro que la sostenibilidad está dejando de ser un asunto filantrópico para convertirse en un eje estratégico de los negocios. Integrar indicadores ambientales en la información financiera y operativa ya no es opcional, sino necesario para atraer inversión, cumplir con estándares internacionales y anticipar riesgos regulatorios.
De hecho, cada vez más inversionistas globales privilegian compañías que demuestran un compromiso serio con criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza). Para Colombia, este es un mensaje contundente: quienes no inviertan en circularidad, eficiencia e innovación, quedarán rezagados en un mercado cada vez más competitivo y exigente.
Un llamado a la acción colectiva
Los organizadores del evento –AJE, Alico, Fractal y Circulab– concluyeron la jornada reafirmando la importancia de construir soluciones colectivas. El sector privado no puede asumir solo los costos de la transición, pero tampoco puede esperar pasivamente a que el Estado resuelva los problemas estructurales.
La clave está en articular esfuerzos. Las empresas deben liderar con innovación y compromiso, los gremios deben impulsar espacios de acompañamiento y el gobierno tiene la responsabilidad de generar incentivos, fortalecer la infraestructura y garantizar reglas claras.
En paralelo, es urgente trabajar en educación ciudadana, para que el consumidor comprenda que cada decisión de compra tiene un impacto directo en el futuro ambiental y económico del país.
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Hacia un futuro sostenible y competitivo
La sostenibilidad en Colombia enfrenta retos complejos, pero también enormes oportunidades. El camino hacia modelos circulares y responsables es inevitable, no solo por razones ambientales, sino también por exigencias de competitividad y permanencia en los mercados internacionales.
Como señaló Armando Russi en el encuentro: “La sostenibilidad debe hablar el lenguaje de la rentabilidad”. Esto significa que el futuro empresarial colombiano dependerá de la capacidad de integrar la innovación, la responsabilidad ambiental y la eficiencia financiera en un mismo modelo.
Si el país logra superar las brechas en infraestructura, incentivos, cultura ciudadana e innovación, estará mejor preparado para competir globalmente y garantizar un desarrollo económico sostenible en el tiempo.


