Tensión diplomática sacude al peso colombiano, entre Trump, el petróleo y la inflación local, el peso colombiano atraviesa uno de sus momentos más delicados del año, tras una semana marcada por tensiones geopolíticas, incertidumbre económica interna y un entorno externo poco favorable para las divisas emergentes. Lo que comenzó como un comentario político desde Washington terminó generando una tormenta financiera que sacudió los mercados colombianos y dejó en evidencia la vulnerabilidad del país frente a los choques externos.
El detonante fue una nueva declaración del presidente estadounidense Donald Trump, quien amenazó con imponer aranceles adicionales a los productos colombianos y reducir la ayuda económica que Estados Unidos otorga al país andino. La respuesta del Gobierno de Bogotá no se hizo esperar: la Cancillería calificó las declaraciones como “inamistosas e injustificadas” y decidió retirar temporalmente a su embajador en Washington. Este choque diplomático, más allá del ruido político, tuvo un efecto inmediato en los mercados financieros.
En cuestión de horas, el peso colombiano perdió terreno frente al dólar, registrando una de sus caídas más pronunciadas del mes. La divisa local pasó de niveles cercanos a los 4.060 pesos por dólar a cotizar por encima de los 4.160, un movimiento que los analistas atribuyen principalmente al incremento en la prima de riesgo país y a la salida temporal de capitales de portafolio.
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Un golpe de confianza en medio de alta volatilidad global
El estratega de investigación de mercados de Pepperstone, Felipe Barragán, explicó que “el peso colombiano cotizó en medio de corrientes cruzadas de geopolítica, petróleo e inflación local persistente”. Según el experto, el impulso más fuerte provino de las declaraciones de Trump, que fueron interpretadas por los inversionistas como una amenaza directa a la estabilidad de la relación comercial entre ambos países.
El mercado reaccionó con cautela, reduciendo su exposición a activos colombianos y buscando refugio en monedas consideradas más seguras. En un contexto de baja liquidez, típico de los lunes, este tipo de choques mediáticos tiende a amplificar el impacto sobre monedas de alto beta, es decir, aquellas que son más sensibles al riesgo y a los cambios en el apetito global de inversión.
El peso colombiano, junto con el peso chileno y el real brasileño, suele ser una de las divisas latinoamericanas más expuestas a estas fluctuaciones. Por eso, cuando se combinan incertidumbres externas con datos económicos locales débiles, la presión cambiaria se intensifica.
El petróleo deja de ser un salvavidas
Otro de los factores que contribuyó al debilitamiento del peso colombiano fue el comportamiento del petróleo. Durante la semana, la referencia Brent experimentó una caída que llevó los precios por debajo de los 81 dólares por barril, mientras la curva de futuros mostró un sesgo hacia el contango (es decir, precios futuros más altos que los actuales), una señal clara de que el mercado anticipa una sobreoferta a corto plazo y una demanda más débil.
Para una economía como la colombiana, donde el petróleo representa más del 40 % de las exportaciones y es una fuente crucial de divisas, este tipo de movimientos tiene un efecto directo sobre los términos de intercambio y sobre la confianza de los inversionistas internacionales.
“Cuando los precios del crudo caen, el país pierde una parte importante de su colchón externo”, explica Barragán. “Eso significa que los inversionistas exigen mayores retornos es decir, más carry para mantener posiciones en pesos. Si además hay incertidumbre política, la presión sobre la moneda se amplifica.”
Inflación persistente y crecimiento en desaceleración
En el frente interno, las cifras publicadas por el DANE tampoco aportaron buenas noticias. El Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) creció apenas 1,98 % interanual en agosto, una desaceleración significativa frente al 4,33 % de julio. Esta pérdida de dinamismo confirma que la economía colombiana sigue enfrentando una recuperación frágil y desigual, con un consumo privado débil y una inversión que no termina de consolidarse.
A esto se suma una inflación que, lejos de ceder, se aceleró por tercer mes consecutivo, alcanzando el 5,18 % interanual. Este dato complica la estrategia del Banco de la República (BanRep), que había iniciado un ciclo de flexibilización monetaria en 2024 y que hoy se ve obligado a mantener su tasa de interés en el 9,25 %.
La combinación de crecimiento débil e inflación alta una suerte de “estanflación moderada” genera un entorno complejo para el peso colombiano. Por un lado, la economía no crece lo suficiente como para atraer nuevos flujos de inversión productiva, y por otro, las altas tasas de interés internas encarecen el crédito y frenan el consumo.
“El escenario actual no es favorable para el apetito de riesgo en el peso colombiano”, agrega Barragán. “Los inversionistas internacionales están observando una economía que se enfría, una inflación que no cede y una política monetaria que, aunque restrictiva, todavía no logra estabilizar las expectativas.”
La situación fiscal, un desafío de fondo
Mientras tanto, el frente fiscal sigue siendo otro factor decisivo para la estabilidad del peso. El Congreso de la República aprobó recientemente el presupuesto para 2026, y el Gobierno presentó un paquete de medidas fiscales destinadas a cubrir un déficit estimado en 26,3 billones de pesos.
Entre las medidas destaca un canje de deuda interna que busca mejorar la estructura de vencimientos y liberar liquidez en el corto plazo. Sin embargo, los analistas advierten que el éxito de estas estrategias dependerá de su ejecución y de la capacidad del Gobierno para mantener la confianza de los mercados.
“El reto fiscal de Colombia no es menor”, señala Barragán. “Los inversionistas están observando con lupa si el país logra cumplir con la regla fiscal sin sacrificar el crecimiento. Cualquier percepción de desviación o improvisación puede filtrarse rápidamente al mercado cambiario, elevando los diferenciales de crédito y debilitando aún más al peso.”
Un contexto externo desfavorable
A nivel internacional, los mercados emergentes han enfrentado un panorama desafiante durante los últimos meses. El fortalecimiento del dólar, impulsado por datos económicos sólidos en Estados Unidos y una Reserva Federal que mantiene una postura cauta respecto a los recortes de tasas, ha reducido el apetito por activos de mayor riesgo.
En este entorno, las monedas latinoamericanas han sido particularmente vulnerables. El real brasileño, el peso chileno y el peso mexicano también han registrado depreciaciones, aunque el caso colombiano ha sido más pronunciado debido a su alta exposición al petróleo y a las tensiones diplomáticas con Washington.
A esto se suma la incertidumbre sobre el comercio global. Las amenazas de nuevos aranceles por parte de Trump no solo afectan a Colombia, sino también a varios socios comerciales de Estados Unidos. Las cadenas de suministro, ya presionadas por los costos logísticos y la transición energética, podrían resentirse si se materializan estas medidas proteccionistas.
¿Qué puede esperar el peso colombiano?
De acuerdo con el análisis de Pepperstone, el panorama a corto plazo para el peso colombiano seguirá dominado por tres factores: la evolución del conflicto diplomático con Estados Unidos, el comportamiento de los precios del petróleo y la gestión macroeconómica interna.
Si las tensiones políticas se moderan y el precio del crudo encuentra un piso, el peso podría estabilizarse en torno a los 4.100 pesos por dólar. No obstante, si el discurso proteccionista de Trump se mantiene y la economía colombiana sigue mostrando signos de debilidad, no se descartan niveles cercanos a los 4.250 en el último trimestre del año.
Los analistas recomiendan cautela. Para los inversionistas, mantener una exposición diversificada y evitar concentraciones excesivas en activos denominados en pesos parece ser la estrategia más prudente.
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Mirando hacia adelante: recuperar la confianza
Más allá del ruido político, lo que está en juego para Colombia es la confianza. El país ha sido históricamente uno de los destinos preferidos por los inversionistas internacionales en América Latina, gracias a su estabilidad institucional y su disciplina macroeconómica. Sin embargo, episodios como este muestran lo fácil que puede ser erosionar esa percepción si la incertidumbre no se gestiona adecuadamente.
La prioridad para el Gobierno será enviar señales claras de compromiso con la estabilidad fiscal, el respeto a los acuerdos comerciales y el fortalecimiento de las relaciones internacionales. La recuperación del peso no será inmediata, pero con un manejo responsable y coordinado entre el Ministerio de Hacienda, el Banco de la República y la Cancillería, es posible mitigar los impactos más severos.
Como concluye Barragán: “El peso colombiano no solo refleja la economía del país, sino también su credibilidad. La disciplina fiscal, la estabilidad política y la claridad en las reglas del juego son los verdaderos anclajes de una moneda fuerte.”

