Tecnología y sostenibilidad redefinen la infraestructura digital, el año 2026 se presenta como un punto de inflexión decisivo para la infraestructura digital global. Tras un período marcado por la expansión acelerada de la Inteligencia Artificial Generativa, la industria tecnológica entra ahora en una nueva etapa dominada por la operación autónoma, la soberanía energética y la integración profunda entre innovación y sostenibilidad. En este escenario, los centros de datos dejan de ser simples soportes tecnológicos para convertirse en piezas estratégicas de la economía digital, la transición energética y la competitividad empresarial.
De acuerdo con el análisis de Schneider Electric, empresa líder en gestión de energía y automatización, las tendencias que marcarán el rumbo del próximo bienio no solo transformarán la manera en que se procesa la información, sino también cómo se produce, distribuye y consume la energía que hace posible esa transformación. La convergencia entre inteligencia artificial avanzada, redes energéticas inteligentes, refrigeración líquida y nuevos modelos de gestión ambiental define un nuevo estándar para la infraestructura digital del futuro.
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De la IA generativa a la autonomía operativa
El bienio previo a 2026 estuvo dominado por el auge de la IA generativa, una tecnología que revolucionó sectores enteros al automatizar la creación de texto, imágenes, código y análisis complejos. Sin embargo, la evolución no se detuvo allí. En 2026, la inteligencia artificial da un paso más allá y se consolida como IA autónoma, capaz no solo de generar contenido, sino de ejecutar procesos completos de extremo a extremo, tomar decisiones operativas y optimizar sistemas en tiempo real sin intervención humana constante.
Este avance ha disparado la demanda de capacidad de cómputo, especialmente de clústeres de inferencia distribuidos que operan cerca del usuario final para reducir latencias. Como consecuencia, los centros de datos se enfrentan a una presión sin precedentes: deben ser más potentes, más eficientes y, al mismo tiempo, más sostenibles.
En este contexto, la gestión manual de infraestructuras se vuelve obsoleta. La tendencia dominante es la de los centros de datos autogestionados, donde modelos de IA se integran directamente en los sistemas de administración de infraestructura (DCIM). Estas soluciones permiten anticipar fallas, redistribuir cargas de trabajo, ajustar el consumo energético en milisegundos y maximizar el uso de fuentes renovables según su disponibilidad en la red.
Infraestructura inteligente: un sistema vivo y adaptativo
El centro de datos de 2026 ya no puede concebirse como una instalación estática. Se transforma en un organismo vivo, capaz de adaptarse dinámicamente a cambios en la demanda, el clima, los precios de la energía y la disponibilidad de recursos. Gracias a la inteligencia artificial, estas infraestructuras logran niveles de resiliencia inéditos, reduciendo tiempos de inactividad y mejorando la eficiencia operativa de forma continua.
La automatización avanzada también permite una mayor escalabilidad. Las organizaciones pueden desplegar nuevos servicios digitales sin necesidad de rediseñar por completo su infraestructura, lo que acelera la innovación y reduce los costos a largo plazo. Este enfoque resulta especialmente relevante en regiones como Sudamérica, donde la expansión digital convive con desafíos estructurales en materia energética y ambiental.
Soberanía energética: del consumo a la generación
Una de las tendencias más relevantes de 2026 es la búsqueda de soberanía energética por parte de los operadores de centros de datos. La creciente demanda de energía, sumada a episodios de escasez y volatilidad en los precios, ha llevado a las empresas a replantear su dependencia de las redes eléctricas tradicionales.
En este nuevo paradigma, el centro de datos funciona como una micro-red inteligente, capaz no solo de consumir energía, sino también de generarla, almacenarla y aportar estabilidad al sistema eléctrico local. Esta transformación es posible gracias al despliegue de tecnologías como los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) de larga duración y las celdas de combustible de hidrógeno verde.
Estas soluciones permiten operar durante picos de demanda o interrupciones de la red sin recurrir a generadores diésel u otros combustibles fósiles, reduciendo de manera significativa la huella ambiental. Además, facilitan una integración más eficiente de energías renovables como la solar y la eólica, cuya producción es intermitente por naturaleza.
Del carbono neutral al carbono neto positivo
El debate ambiental en torno a la infraestructura digital también evoluciona. Mientras que durante años el objetivo principal fue alcanzar la neutralidad de carbono compensando las emisiones generadas, en 2026 gana fuerza el enfoque de Carbono Neto Positivo.
Este concepto va un paso más allá: busca que las operaciones tecnológicas generen un impacto ambiental positivo, produciendo o habilitando más energía limpia de la que consumen. En la práctica, esto implica que los centros de datos se conviertan en actores activos de la transición energética, contribuyendo al desarrollo de infraestructuras renovables y beneficiando a las comunidades locales.
Las empresas líderes ya no se conforman con cumplir objetivos mínimos de sostenibilidad. La mejora continua del desempeño ambiental se integra como un eje estratégico de largo plazo, alineado con las expectativas de inversionistas, reguladores y consumidores.
Refrigeración líquida: una respuesta al desafío térmico
El crecimiento exponencial de la inteligencia artificial ha llevado las densidades de los racks a niveles sin precedentes. En muchos casos, superan los 50 kW por rack, especialmente en entornos dedicados al entrenamiento de modelos de lenguaje de gran escala y aplicaciones de alto rendimiento.
Ante este escenario, la refrigeración por aire, durante décadas el estándar de la industria, se vuelve insuficiente para determinadas cargas de trabajo. En respuesta, las tecnologías de refrigeración líquida, como el enfriamiento directo al chip (direct-to-chip) y la inmersión, ganan protagonismo.
De acuerdo con análisis de firmas como Gartner e IDC, estas soluciones están siendo adoptadas principalmente en proyectos de alta densidad, como centros de hiperescala y laboratorios de IA. No se trata de un reemplazo total del enfriamiento por aire, sino de la consolidación de arquitecturas híbridas, donde cada tecnología se utiliza según el caso de uso, la densidad y los objetivos de eficiencia.
Flexibilidad como nuevo principio de diseño
Las proyecciones de mercado indican que la refrigeración líquida mantendrá un crecimiento a doble dígito a nivel global hacia 2026, impulsada por la expansión de la IA. Sin embargo, coexistirá con sistemas tradicionales y mixtos, reflejando una tendencia clara: el diseño de los centros de datos será cada vez más flexible y modular.
Esta flexibilidad permite a las organizaciones adaptarse rápidamente a nuevas demandas tecnológicas sin incurrir en inversiones desproporcionadas. Al mismo tiempo, optimiza el uso de recursos y contribuye a reducir el consumo energético total, un factor crítico en un contexto de transición ecológica.
La visión de Schneider Electric para la región
Para Schneider Electric, el momento actual representa una oportunidad única para redefinir el rol de la infraestructura digital en la sociedad. Según Marta Sánchez, vicepresidenta de la compañía para Suramérica, 2026 marca un punto de convergencia entre tecnología y sostenibilidad.
“Nos encontramos en un punto de inflexión donde la tecnología y la sostenibilidad ya no son caminos paralelos, sino una única vía de progreso. El desafío para las empresas en Sudamérica no es solo adoptar la IA, sino construir una infraestructura resiliente y responsable que permita que esa inteligencia sea verdaderamente escalable”, afirma.
Desde esta perspectiva, cada centro de datos debe concebirse como un activo estratégico, capaz de devolver a la sociedad y al planeta más de lo que consume, tanto en términos energéticos como sociales.
Sudamérica ante el desafío de la infraestructura digital
La región sudamericana enfrenta desafíos particulares en esta transición. La creciente digitalización de la economía, la expansión del comercio electrónico, los servicios financieros digitales y la adopción de IA exigen inversiones sostenidas en infraestructura. Al mismo tiempo, la región posee un enorme potencial en energías renovables, que puede convertirse en una ventaja competitiva si se integra de manera inteligente.
La adopción de micro-redes, almacenamiento energético y modelos de gestión autónoma puede permitir a los países de la región acelerar su transformación digital sin reproducir esquemas altamente contaminantes del pasado. En este sentido, la infraestructura digital se convierte en una palanca clave para el desarrollo sostenible.
Un cambio de mentalidad organizacional
Más allá de la tecnología, el panorama de 2026 exige un cambio profundo en la mentalidad de las organizaciones. Aquellas que lideren el mercado serán las que comprendan que el centro de datos no es simplemente una “caja de servidores”, sino un sistema inteligente, interconectado y alineado con objetivos ambientales y sociales.
La capacidad de adaptarse de forma continua, integrar nuevas tecnologías y medir el impacto más allá de los indicadores financieros tradicionales será determinante para mantener la relevancia en una economía digital que no se detiene.
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La infraestructura como motor del futuro digital
El 2026 consolida una nueva era para la infraestructura digital. La combinación de inteligencia artificial autónoma, soberanía energética, refrigeración avanzada y compromiso ambiental redefine los estándares de eficiencia y responsabilidad.
La integración de estas tendencias ya no es una opción estratégica, sino una condición necesaria para competir, innovar y crecer en el largo plazo. En este nuevo escenario, los centros de datos se erigen como el corazón de una economía digital más inteligente, resiliente y sostenible.


