Peso fuerte y nuevo ciclo regional, en febrero de 2026, el comportamiento del peso colombiano se ha convertido en uno de los fenómenos financieros más llamativos de América Latina. La moneda acumula una apreciación cercana al 26 % desde su mínimo registrado en noviembre del año anterior, un movimiento que no solo ha sorprendido a los mercados, sino que ha obligado a replantear narrativas que durante años dominaron la conversación económica regional.
Pero Colombia no está sola. Otras monedas latinoamericanas han seguido una trayectoria similar: el peso chileno registra un avance cercano al 15 %, el real brasileño alrededor del 17 % y el peso mexicano cerca del 21 %. Lo que en un primer vistazo podría interpretarse como una simple debilidad temporal del dólar estadounidense, en realidad refleja un proceso más profundo: una rotación estructural de capital fuera de activos estadounidenses hacia mercados emergentes, particularmente en América Latina.
El trasfondo de este fenómeno combina factores globales y locales. En el plano internacional, las crecientes dudas sobre la independencia de la Reserva Federal de Estados Unidos han generado inquietud entre inversionistas institucionales, acelerando la diversificación de portafolios. En el ámbito regional, la combinación de tasas reales atractivas, estabilidad política relativa y exposición a materias primas ha creado un entorno favorable para las monedas latinoamericanas.
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Un cambio de régimen que muchos subestiman
Durante más de una década, la fortaleza estructural del dólar fue el eje dominante en los mercados financieros globales. Sin embargo, el entorno de 2026 sugiere que estamos frente a un cambio de régimen.
La apreciación del peso colombiano no es simplemente un rebote técnico. Según diversos analistas, se trata de una reasignación estructural de capital. Los grandes fondos institucionales, incluidos fondos soberanos y gestores de pensiones, están reconsiderando su exposición al dólar y evaluando alternativas en mercados emergentes con fundamentos sólidos.
El peso colombiano, en particular, ha emergido como uno de los principales beneficiarios de esta rotación.
El fenómeno del “Trade Político” en Colombia
De acuerdo con Thiago Duarte, analista de mercado en AXI, el desempeño superior de Colombia responde a una convergencia poco común de factores.
En primer lugar, las tasas reales elevadas han atraído flujos significativos de carry trade. Este tipo de estrategia consiste en financiarse en monedas con tasas bajas para invertir en monedas con rendimientos más altos. Cuando las condiciones macroeconómicas son estables, el atractivo de estos diferenciales de tasa se multiplica.
En segundo lugar, Colombia ha sorprendido positivamente en el frente político. Mientras México enfrentó controversias relacionadas con reformas judiciales y Brasil vivió tensiones fiscales internas, Colombia evitó medidas extremas o rupturas institucionales. Este contraste ha generado lo que algunos analistas denominan el “Trade Político”: una prima de estabilidad que los mercados están dispuestos a reconocer.
La combinación de estabilidad política, fortaleza exportadora particularmente en materias primas y recortes prudentes de 25 puntos básicos por parte del Banco de la República (BanRep) ha mantenido diferenciales de tasas atractivos. Incluso con proyecciones que ubican la tasa terminal en torno al 7 % hacia finales de 2026, el peso mantiene una base sólida.
Materias primas y renta variable: el impulso complementario
La historia no se limita al mercado cambiario. El comportamiento de la renta variable en la región también respalda la tesis de un cambio estructural.
En Chile, la bolsa ha subido alrededor de 12 % en lo corrido del año, impulsada por la cercanía del cobre a máximos históricos. La economía chilena, altamente expuesta a este metal, se beneficia directamente de precios elevados. Además, el ciclo de flexibilización monetaria con una tasa que descendió desde 11,25 % y podría acercarse al 4 % en 2026 genera vientos de cola acumulativos para la renta variable doméstica.
Brasil, por su parte, ha experimentado entradas de inversión extranjera directa superiores a lo esperado. A pesar del ruido político interno, la confianza internacional en sectores estratégicos como energía, agricultura e infraestructura ha sostenido el apetito por activos brasileños.
México continúa beneficiándose de su integración comercial con Estados Unidos y del fenómeno de relocalización de cadenas productivas (nearshoring), que fortalece sus perspectivas de crecimiento estructural.
Colombia, aunque con una economía más pequeña en comparación con Brasil o México, se posiciona estratégicamente gracias a su combinación de exportaciones energéticas, disciplina monetaria y estabilidad relativa.
Diversificación permanente de portafolio
La conclusión central que emerge de este panorama es que no estamos ante una simple reversión cíclica a la media. La apreciación de las monedas latinoamericanas responde a una diversificación estructural de portafolios globales.
Durante años, la exposición a activos estadounidenses fue considerada casi obligatoria. Sin embargo, incluso cambios modestos en decisiones globales de cobertura pueden desencadenar flujos masivos. Cuando grandes inversionistas ajustan apenas algunos puntos porcentuales en sus asignaciones, el impacto agregado puede representar cientos de miles de millones de dólares.
Este proceso no implica un abandono total del dólar, sino una redistribución más equilibrada del riesgo. Las monedas latinoamericanas, negociándose en máximos de varios años, no necesariamente están sobreextendidas; están reflejando una reevaluación institucional del riesgo relativo.
El papel de las tasas reales
Un componente clave en este proceso es el diferencial de tasas reales. Mientras varias economías desarrolladas enfrentan tasas reales cercanas a cero o incluso negativas, varios países latinoamericanos ofrecen retornos significativamente superiores.
En el caso colombiano, el Banco de la República ha mantenido una postura cautelosa en sus recortes, priorizando la estabilidad de precios y el control inflacionario. Este enfoque ha reforzado la percepción de disciplina macroeconómica.
La credibilidad monetaria es fundamental en mercados emergentes. Cuando los inversionistas perciben consistencia entre discurso y acción, el premio por riesgo disminuye y el flujo de capital aumenta.
¿Qué riesgos persisten?
Aunque el panorama es favorable, no está exento de riesgos. Entre los principales factores a monitorear se encuentran:
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Cambios abruptos en la política monetaria estadounidense.
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Rebrotes inflacionarios en la región.
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Choques en los precios de materias primas.
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Tensiones geopolíticas globales.
Sin embargo, el contexto actual sugiere que la región está mejor posicionada que en ciclos anteriores. La acumulación de reservas internacionales, la mejora en balances fiscales y la mayor sofisticación de los mercados financieros ofrecen amortiguadores adicionales.
Reajuste del riesgo institucional
Thiago Duarte sostiene que las monedas latinoamericanas no están sobrevaloradas; más bien, están reajustando el riesgo institucional que ahora cargan los activos estadounidenses. Este cambio de percepción es clave.
Durante años, el riesgo sistémico se asociaba predominantemente a economías emergentes. Hoy, debates sobre techo de deuda, polarización política y cuestionamientos a la independencia institucional en economías desarrolladas han modificado esa percepción.
En este nuevo equilibrio, América Latina aparece como una región que, pese a sus desafíos históricos, ofrece oportunidades asimétricas: potencial de apreciación con riesgos relativamente contenidos.
Un nuevo mapa financiero regional
La apreciación del peso colombiano del 26 % desde noviembre no es un dato aislado. Es el reflejo de un reposicionamiento estratégico en los mercados globales.
Colombia destaca por su convergencia de tasas reales atractivas, estabilidad política relativa y fortaleza exportadora. Chile capitaliza el ciclo del cobre. Brasil combina inversión extranjera directa con un mercado interno robusto. México se beneficia del nearshoring y su proximidad a Estados Unidos.
En conjunto, la región proyecta una narrativa distinta a la de ciclos pasados. No se trata solo de aprovechar un momento de debilidad del dólar, sino de consolidar fundamentos macroeconómicos que respalden una fortaleza sostenida.
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Más que un rally cambiario
El avance del peso colombiano y de otras monedas latinoamericanas en 2026 no debe interpretarse como un simple rally especulativo. Representa una señal de transformación estructural en la asignación global de capital.
La combinación regional de exposición a materias primas, ciclos de recorte de tasas bien gestionados y estabilidad política relativa crea un entorno propicio para que la región gane protagonismo en los portafolios internacionales.
Si esta tendencia se mantiene, América Latina podría consolidarse no solo como destino táctico de inversión, sino como componente estratégico permanente en la diversificación global.
En ese escenario, el fortalecimiento del peso colombiano no sería un episodio pasajero, sino el inicio de una nueva etapa en la integración financiera regional.


