Pagos sin fronteras, el desafío de acelerar las transferencias internacionales en Colombia, mientras Colombia avanza con paso firme hacia una economía cada vez más digital, existe una paradoja que sigue afectando a millones de personas y empresas. En el ámbito local, enviar dinero entre bancos o billeteras digitales ya es una operación que toma apenas unos segundos gracias al desarrollo del ecosistema interoperable impulsado por Bre-B, la plataforma del Banco de la República. Sin embargo, cuando una transferencia debe cruzar las fronteras nacionales, el proceso continúa sujeto a tiempos que parecen propios de otra época: entre uno y cinco días hábiles para que los recursos lleguen a su destino.
Esta diferencia evidencia uno de los grandes retos del sistema financiero colombiano. Mientras los pagos nacionales avanzan hacia la inmediatez, las operaciones internacionales siguen dependiendo de procesos complejos, múltiples intermediarios y estrictos controles regulatorios que ralentizan el flujo del dinero. En un contexto donde la economía digital, el comercio electrónico, la exportación de servicios y las remesas adquieren un peso cada vez mayor, reducir estos tiempos se convierte en un factor determinante para la competitividad del país.
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Una economía cada vez más conectada con el mundo
Durante los últimos años Colombia ha fortalecido su integración con la economía internacional. Miles de profesionales trabajan para empresas extranjeras, creadores de contenido reciben ingresos desde plataformas globales, desarrolladores de software exportan conocimiento, consultores prestan servicios a clientes en diferentes continentes y un número creciente de pequeñas empresas participa en mercados internacionales.
A esta dinámica se suma el histórico flujo de remesas enviadas por millones de colombianos que viven en el exterior. Según cifras recientes del Banco de la República, el país superó por primera vez los US$10.000 millones anuales en recepción de remesas, consolidando una de las principales fuentes de ingreso de divisas para la economía nacional.
Este comportamiento confirma que las transferencias internacionales dejaron de ser un servicio utilizado exclusivamente por grandes empresas o inversionistas. Hoy hacen parte de la cotidianidad de trabajadores independientes, familias, emprendedores, exportadores y pequeñas compañías que dependen de recibir recursos de manera rápida para mantener su operación.
Paradójicamente, mientras aumenta el volumen de estas transacciones, la infraestructura internacional continúa operando con procesos mucho más lentos que los sistemas nacionales.
La revolución de los pagos inmediatos
La transformación del sistema financiero colombiano ha sido evidente durante los últimos años. La expansión de las billeteras digitales, la mayor adopción de canales electrónicos y el desarrollo del sistema interoperable Bre-B han permitido que millones de usuarios realicen transferencias entre diferentes entidades financieras prácticamente en tiempo real.
Hoy es posible pagar una factura, dividir la cuenta de un restaurante, realizar una compra o enviar dinero entre bancos competidores en cuestión de segundos, eliminando muchas de las barreras que durante décadas caracterizaron al sistema financiero tradicional.
Este avance ha cambiado las expectativas de los consumidores. La rapidez ya no es un beneficio adicional sino un requisito básico. Los usuarios esperan que el dinero se mueva con la misma velocidad con la que realizan una compra en internet o envían un mensaje desde su teléfono celular.
Sin embargo, esa experiencia desaparece cuando la operación involucra otro país.
¿Por qué las transferencias internacionales siguen siendo lentas?
Aunque desde la perspectiva del usuario enviar dinero al exterior puede parecer una operación sencilla, detrás de cada transferencia existe una compleja red de procesos financieros, tecnológicos y regulatorios.
De acuerdo con Lady Chaparro, Country Manager Colombia, la lentitud de estos pagos responde a una combinación de factores estructurales que todavía caracterizan al sistema financiero internacional.
«La demora va más allá de un tema estrictamente bancario. Miles de empresas, emprendedores y profesionales independientes en Colombia dependen de los pagos internacionales para operar, cubrir costos y expandirse. Cuando el dinero tarda en llegar, también se retrasan decisiones de negocio y oportunidades de inversión. La velocidad de los pagos se ha convertido en un factor clave para la competitividad del país», explica la directiva.
Uno de los principales obstáculos es la participación de múltiples bancos corresponsales durante una misma operación. En muchos casos, una transferencia internacional no viaja directamente desde la entidad emisora hasta la receptora, sino que pasa por varias instituciones financieras encargadas de validar, autorizar y procesar cada movimiento.
Cada intermediario agrega tiempos adicionales de revisión, conciliación y aprobación.
El peso de la regulación financiera
Otro de los factores que explica la lentitud de las transferencias internacionales está relacionado con los controles regulatorios.
Las entidades financieras deben cumplir rigurosos procedimientos de verificación asociados a la prevención del lavado de activos, la financiación del terrorismo, la validación de identidad de los usuarios y el cumplimiento de diferentes normas internacionales.
Estos procesos son indispensables para proteger la integridad del sistema financiero, pero también representan una carga operativa que incrementa los tiempos de procesamiento.
En Colombia, además, las operaciones cambiarias deben cumplir con la regulación establecida para el ingreso y salida de divisas, lo que incorpora nuevas etapas administrativas antes de que los recursos puedan ser acreditados al beneficiario.
A esto se suma la existencia de horarios de corte establecidos por las mesas de dinero de los bancos tradicionales. Si una transferencia internacional ingresa después de determinado horario, normalmente queda pendiente para ser procesada al siguiente día hábil, extendiendo aún más el tiempo de espera.
La complejidad de mover diferentes monedas
La conversión de divisas constituye otro elemento que influye directamente sobre la velocidad de las operaciones.
Cuando una transferencia implica diferentes monedas, los recursos deben pasar por procesos adicionales de liquidación, conciliación y compensación entre distintas plataformas financieras.
Cada país posee sus propios sistemas bancarios, calendarios operativos, horarios de funcionamiento y regulaciones, lo que obliga a coordinar múltiples actores antes de completar una sola transacción.
Aunque para el usuario el proceso parece invisible, detrás de cada transferencia internacional participan diversas infraestructuras tecnológicas que deben sincronizarse para garantizar que el dinero llegue correctamente a su destino.
Un desafío para las mipymes colombianas
Las demoras en los pagos internacionales afectan especialmente a las micro, pequeñas y medianas empresas, responsables de cerca del 99 % del tejido empresarial colombiano.
Cada vez son más las mipymes que venden productos o prestan servicios en mercados internacionales. Muchas desarrollan software, ofrecen consultorías, exportan servicios creativos o comercializan productos mediante plataformas digitales.
Para estas organizaciones, el flujo de caja resulta determinante. Retrasar varios días el ingreso de recursos puede significar aplazar el pago de proveedores, posponer inversiones, limitar nuevas contrataciones o reducir la capacidad de responder rápidamente a nuevas oportunidades comerciales.
En un entorno global donde la velocidad constituye una ventaja competitiva, cada día adicional de espera representa un costo operativo que puede afectar la competitividad frente a empresas ubicadas en mercados con sistemas financieros más ágiles.
El crecimiento regional impulsa nuevas soluciones
El dinamismo del mercado latinoamericano refleja que la demanda por soluciones de pagos internacionales continuará aumentando durante la próxima década.
De acuerdo con estimaciones de la consultora Grand View Research, el mercado de pagos transfronterizos en América Latina alcanzó un valor cercano a US$30.690 millones y mantendrá un crecimiento anual compuesto del 7,4 % hasta 2033.
Este comportamiento responde a varios fenómenos simultáneos: el crecimiento del comercio electrónico internacional, el aumento del trabajo remoto, la internacionalización de pequeñas empresas, la expansión del ecosistema fintech y la mayor movilidad de personas y capitales entre diferentes países.
Todo ello incrementa la necesidad de contar con plataformas capaces de mover recursos de manera más rápida, eficiente y con menores costos.
La transformación del sistema financiero internacional
La evolución de las tecnologías financieras está impulsando cambios importantes en la infraestructura global de pagos.
Las nuevas plataformas digitales buscan reducir la cantidad de intermediarios, automatizar procesos de validación, optimizar la conversión de divisas y mejorar la interoperabilidad entre sistemas financieros de diferentes países.
Aunque todavía existen importantes retos regulatorios y tecnológicos, la tendencia apunta hacia una mayor velocidad en las operaciones internacionales, siguiendo el camino que ya recorrieron los pagos nacionales en numerosos mercados.
Para Colombia, este proceso representa una oportunidad para fortalecer su integración con la economía digital global y facilitar el crecimiento de sectores altamente internacionalizados como tecnología, economía creativa, servicios profesionales y comercio electrónico.
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Competitividad más allá de la banca
La discusión sobre la velocidad de los pagos internacionales trasciende el ámbito exclusivamente financiero.
Un sistema de transferencias más eficiente favorece la inversión, impulsa las exportaciones de servicios, facilita la llegada de remesas, mejora el flujo de caja empresarial y fortalece la capacidad competitiva de miles de organizaciones que participan en mercados internacionales.
En una economía donde cada vez más profesionales trabajan para clientes ubicados en otros países y donde las empresas buscan ampliar su presencia global, reducir las fricciones en la movilidad del dinero se convierte en un elemento estratégico para el desarrollo económico.
Como concluye Lady Chaparro, Country Manager Colombia, «la rapidez para mover dinero entre países ha dejado de ser una comodidad para convertirse en una necesidad estratégica. Reducir las fricciones en las transferencias internacionales no solo mejoraría la experiencia de los usuarios, sino que también permitiría que Colombia avance hacia una economía más ágil, competitiva y preparada para participar en un mercado cada vez más global».
La revolución de los pagos inmediatos ya transformó la forma como los colombianos realizan sus transacciones dentro del país. El siguiente gran desafío consiste en lograr que esa misma rapidez cruce las fronteras y acompañe el creciente proceso de internacionalización de la economía nacional. La velocidad del dinero será, cada vez más, un indicador de competitividad y un factor decisivo para el crecimiento de empresas, emprendedores y profesionales que hoy construyen su futuro en un mercado global.

