Movilidad eléctrica en marcha, España y Colombia aceleran su transición pese a los obstáculos, la movilidad eléctrica ha dejado de ser una promesa para convertirse en un motor de cambio global. En América Latina y Europa, el sector automotriz está viviendo una transformación estructural sin precedentes. España y Colombia, aunque con contextos económicos y políticos distintos, comparten hoy una misma meta: reducir las emisiones, avanzar hacia una economía más limpia y modernizar sus sistemas de transporte.
El nuevo Informe sobre Movilidad Eléctrica elaborado por OBS Business School, bajo la dirección de May López, Directora de Desarrollo de la plataforma Empresas por la Movilidad Sostenible, ofrece un diagnóstico detallado de los avances, retos y oportunidades que enfrentan ambos países. El estudio pone en perspectiva cómo la innovación, las políticas públicas y la infraestructura están moldeando el futuro de la movilidad en regiones con realidades tan diversas, pero un desafío común: lograr una transición energética justa y sostenible.
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Colombia: un referente regional en crecimiento acelerado
En el contexto latinoamericano, Colombia se destaca como un líder emergente en movilidad eléctrica, con cifras que la posicionan como uno de los mercados de mayor crecimiento. Según el informe, el país registró un incremento del 247 % en las ventas de vehículos eléctricos durante el primer trimestre de 2025, alcanzando 3.346 unidades vendidas.
Este crecimiento responde a una combinación de factores: el aumento de la conciencia ambiental, el impulso de las empresas privadas, la modernización de las flotas corporativas y el interés de los consumidores por tecnologías más limpias. Sin embargo, el desafío logístico y económico es evidente: el 89 % del consumo energético del sector transporte aún depende de los combustibles fósiles, un dato que refleja cuánto camino queda por recorrer.
Colombia cuenta hoy con más de 340 estaciones de carga públicas y privadas, de acuerdo con Latam Mobility. No obstante, la concentración geográfica de estos puntos de carga sigue siendo desigual: Bogotá alberga el 29 % y Antioquia el 23 %, dejando rezagadas amplias zonas del país. Esto se traduce en un acceso limitado para usuarios fuera de los principales centros urbanos, lo que frena la adopción masiva del vehículo eléctrico.
La confianza ciudadana, un impulso clave
Más allá de la infraestructura, la aceptación del público hacia la movilidad eléctrica en Colombia está creciendo de manera notable. Según la primera encuesta nacional de usuarios de ACOMOVES, el 85,4 % de los conductores asegura que no volvería a un vehículo de combustión, y un 97 % se declara satisfecho o muy satisfecho con su automóvil eléctrico. Esta fidelización refleja un cambio cultural profundo, impulsado por la experiencia positiva del usuario, la reducción de costos operativos y el menor impacto ambiental.
Sin embargo, este entusiasmo podría verse amenazado por los recientes cambios regulatorios. El Decreto 1116 de 2017, que eliminaba aranceles para vehículos híbridos, fue derogado en 2024, dejando un vacío legal que encareció la oferta de modelos eléctricos. A pesar de ello, el sector mostró resiliencia: entre 2023 y 2024 las ventas de eléctricos aumentaron 105 % y las de híbridos no enchufables, 51 %. En abril de 2025, el 38 % de los vehículos matriculados en el país correspondió a tecnologías limpias, aunque el primer semestre del año evidenció una caída del 20 % en ventas, alertando sobre la necesidad de restablecer incentivos.
España: liderazgo europeo con luces y sombras
En el otro lado del Atlántico, España se consolida como uno de los motores de la movilidad eléctrica en Europa. En el primer semestre de 2025, el país superó por primera vez las matriculaciones de vehículos eléctricos frente a los diésel, marcando un hito en la transición energética. Los híbridos enchufables (PHEV) también crecieron con fuerza, y los híbridos no enchufables (HEV) se convirtieron en la principal elección de los consumidores.
Pero no todo es optimismo. A pesar del crecimiento en ventas, la producción nacional de eléctricos puros cayó un 20,6 %, acumulando el descenso del -27,1 % de 2024. En contraste, los híbridos que dejarán de matricularse en 2035 por la normativa europea siguen en aumento, lo que demuestra que el cambio industrial todavía enfrenta una lenta reconversión.
El panorama de infraestructura también muestra contrastes. España cuenta con 47.519 puntos de recarga, uno de los sistemas más amplios del continente, con un crecimiento significativo en cargadores de alta potencia. Sin embargo, uno de cada cinco puntos no está operativo, debido a retrasos en los permisos de conexión que triplican los plazos promedio europeos. Esta ineficiencia genera pérdidas superiores a 114 millones de euros, afectando el cumplimiento de las metas de despliegue.
Emisiones y sostenibilidad: logros y alertas
En materia ambiental, los avances son palpables. España logró reducir un 7,6 % sus emisiones de gases de efecto invernadero y un 3 % en el sector transporte, cumpliendo con los objetivos intermedios del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2025. También se redujeron las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) en un 5 %.
No obstante, el transporte continúa siendo el principal responsable del impacto ambiental: los automóviles particulares generan el 65 % de las emisiones del sector, una cifra que ha aumentado un 76 % respecto a 1990. Además, el auge de los vehículos SUV que representan el 70 % de las matriculaciones limita la eficiencia energética y contrarresta parte de los beneficios logrados.
El informe también advierte sobre un problema creciente: las emisiones de plomo han aumentado un 56,6 %, producto de la importación de vehículos de segunda mano. Esta tendencia refleja una paradoja: mientras la movilidad eléctrica avanza, la demanda de autos usados más asequibles pero contaminantes crece entre los consumidores de menor poder adquisitivo.
Un desafío compartido: infraestructura y equidad
Tanto España como Colombia enfrentan un obstáculo estructural: la desigualdad en el acceso a la infraestructura de recarga. En Colombia, el problema radica en la concentración urbana; en España, en la falta de operatividad y los retrasos burocráticos.
“España tiene una ratio de recarga ejemplar, pero no basta con tener puntos instalados; necesitamos que sean operativos, accesibles y adaptados a la movilidad pesada. Solo el 8 % de la red está preparada para camiones y autobuses eléctricos”, afirmó May López, quien advierte que este déficit podría frenar la transición en sectores estratégicos como el transporte público y la logística.
En Colombia, las dificultades son similares, pero con matices diferentes. Aunque las ciudades principales avanzan con rapidez, las zonas rurales y de difícil acceso todavía carecen de infraestructura básica, lo que limita la adopción de vehículos eléctricos fuera de los centros urbanos.
Un contexto global que marca el ritmo
A nivel mundial, la movilidad eléctrica creció un 29 % en el primer semestre de 2025, alcanzando el 20 % de la cuota de mercado global y superando las 9 millones de unidades vendidas. China continúa liderando el sector con el 66 % de las matriculaciones globales y un dominio casi total del 90 % en el refinado de tierras raras, esenciales para la fabricación de baterías.
Este dominio plantea riesgos para Europa y América Latina, que dependen de la cadena de suministro asiática. La falta de autonomía tecnológica y la limitada capacidad de reciclaje de baterías refuerzan la necesidad de desarrollar políticas de economía circular y soberanía industrial que garanticen una transición sostenible.
Mirando al futuro: sostenibilidad real y asequibilidad
El informe de OBS Business School concluye que, tanto en Europa como en América Latina, la movilidad eléctrica no será completamente sostenible mientras no sea asequible e inclusiva. Aunque los avances son evidentes, persisten tres retos principales:
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Dependencia excesiva de los vehículos híbridos, que posponen la electrificación total.
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Desigualdad territorial en la infraestructura de recarga, que limita el acceso a regiones periféricas.
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Predominio de vehículos SUV, que, pese a ser eléctricos, reducen la eficiencia y aumentan la huella ambiental.
“Estamos avanzando en la dirección correcta”, concluye May López, “pero la transición no será completa hasta que la movilidad eléctrica sea asequible, inclusiva y realmente sostenible. Necesitamos voluntad política, industria competitiva y un consumidor consciente que apueste por la eficiencia”.
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Colombia y España: dos caminos hacia un mismo destino
A pesar de las diferencias en tamaño económico, ambas naciones representan dos caras de una misma tendencia global. España muestra un avance industrial y regulatorio que sirve de guía para Europa; Colombia, un ejemplo de liderazgo regional basado en innovación y resiliencia.
El reto ahora es mantener el impulso. En Colombia, reinstaurar los incentivos fiscales será fundamental para sostener el ritmo de crecimiento. En España, agilizar los permisos de conexión y modernizar la red eléctrica será clave para garantizar la funcionalidad de su infraestructura.
La movilidad eléctrica no es solo una cuestión tecnológica; es una apuesta por el futuro. Una revolución que combina sostenibilidad, competitividad y justicia social. En ese camino, tanto España como Colombia están demostrando que la transición es posible, aunque el trayecto aún esté lleno de obstáculos.


