Más personas que tecnología, el verdadero reto digital, durante los últimos años, Colombia ha avanzado de manera sostenida en cobertura de internet, despliegue de redes y acceso a dispositivos. Sin embargo, a medida que estas variables técnicas mejoran, se hace cada vez más evidente que la brecha digital ya no se explica únicamente por la falta de conectividad. El desafío central se ha desplazado hacia un terreno menos visible, pero mucho más complejo: las habilidades, la cultura y la capacidad de las personas para usar la tecnología con sentido, criterio y propósito.
Este fue uno de los principales consensos que dejaron recientes espacios de reflexión liderados por actores del sector tecnológico, empresarial y académico, en los que participaron expertos de Dell Technologies, SONDA y UCompensar. Desde distintas miradas, todos coincidieron en un punto clave: la transformación digital no fracasa por ausencia de herramientas, sino por falta de adopción humana.
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El acceso ya no es suficiente
Durante años, el debate sobre la brecha digital se concentró casi exclusivamente en infraestructura: quién tenía internet, quién no, y con qué velocidad. Ese enfoque fue necesario y sigue siendo relevante, especialmente en zonas rurales y apartadas. Sin embargo, hoy emerge con fuerza una realidad distinta: tener acceso no garantiza impacto.
En muchas regiones del país, hogares, estudiantes y trabajadores cuentan con conexión y dispositivos, pero no con las competencias necesarias para aprovecharlos de manera productiva. Esto se traduce en un uso limitado de la tecnología, centrado en el consumo pasivo de contenidos y no en la generación de valor, conocimiento o oportunidades.
Como explicó Omayle Rondón, directora de Preventas Especiales para Latinoamérica en Dell Technologies, el acceso es apenas el primer peldaño. La diferencia real está en el uso que se hace de la tecnología y en la capacidad de las personas para convertirla en una aliada para aprender, crear y resolver problemas. En ese sentido, la curiosidad, el aprendizaje continuo y la adaptabilidad se convierten en las habilidades más importantes del entorno digital actual.
Dos brechas que conviven: infraestructura y capacidades
Colombia enfrenta hoy una doble brecha digital. La primera, más visible, está relacionada con infraestructura: cobertura desigual, calidad de la conexión y acceso en territorios periféricos. La segunda, menos evidente pero más profunda, es la brecha de habilidades.
Esta brecha se manifiesta cuando personas conectadas no saben cómo proteger su información, usar herramientas digitales para trabajar, aprender de manera autónoma o interactuar de forma crítica con la tecnología. Es una brecha que atraviesa edades, niveles educativos y sectores productivos.
Desde la perspectiva de los expertos, cerrar esta brecha exige ir más allá de políticas de conectividad. Requiere programas de alfabetización digital que no solo enseñen a usar herramientas, sino que desarrollen pensamiento crítico, habilidades analíticas y comprensión del impacto de tecnologías como la inteligencia artificial.
La dimensión cultural de la transformación digital
Uno de los factores que más frena la adopción tecnológica en organizaciones y comunidades no es técnico, sino cultural. Angélica Vega, directora de Servicios en SONDA Colombia, señaló que muchas empresas cuentan con infraestructura moderna, pero no logran transformarse porque sus líderes y equipos no confían en la automatización o no comprenden su valor.
La resistencia al cambio, el miedo a perder el empleo o la falta de una visión clara sobre cómo la tecnología puede mejorar los procesos siguen siendo obstáculos frecuentes. Por eso, la transformación digital debe ir acompañada de gestión del cambio, liderazgo consciente y formación constante.
SONDA ha apostado por programas que buscan precisamente romper esas barreras culturales, como Fresh Graduate, orientado a atraer y formar nuevos talentos, y su participación activa en iniciativas como Mujeres TIC, que buscan cerrar la brecha de género en el sector tecnológico. Estas acciones no solo amplían la base de talento, sino que ayudan a construir una cultura más diversa, innovadora y abierta al cambio.
Brecha generacional y desigualdad territorial
La brecha digital también tiene un componente generacional y territorial muy marcado. Mientras los jóvenes suelen adaptarse con mayor facilidad a nuevas tecnologías, otros grupos, como los adultos mayores, enfrentan barreras de acceso, confianza y acompañamiento.
Desde la academia, Nelson Rosas, decano de la Facultad de Ingeniería de UCompensar, destacó que la inclusión digital comienza en los entornos más cercanos. Enseñar a un adulto mayor a usar su celular, acceder a servicios digitales o comunicarse con su familia es tan relevante como formar a un joven en programación o ciberseguridad.
UCompensar ha impulsado programas de alfabetización digital para adultos mayores, así como formación especializada en áreas estratégicas como cloud computing y ciberseguridad, alineadas con las demandas reales de la industria. Esta conexión entre academia y sector productivo resulta clave para reducir la brecha de competencias y mejorar la empleabilidad.
En términos territoriales, las cifras también evidencian desigualdad. Aunque Bogotá presenta altos niveles de conectividad en localidades como Teusaquillo o Chapinero, con accesos superiores al 87%, otras zonas como Suba apenas alcanzan el 72%. Estas diferencias muestran que la brecha no es solo nacional, sino también urbana y local.
Inteligencia artificial: una oportunidad mal entendida
Uno de los grandes mitos que alimentan la resistencia tecnológica es la idea de que la inteligencia artificial reemplazará a las personas. Los expertos coinciden en que esta percepción es errónea y peligrosa. La IA no sustituye al talento humano; lo transforma y lo amplifica.
Bien utilizada, la inteligencia artificial permite automatizar tareas repetitivas, liberar tiempo para actividades de mayor valor y mejorar la toma de decisiones. Sin embargo, para que esto ocurra, las personas deben entender cómo funciona, cuáles son sus límites y cómo integrarla de manera ética y responsable.
Aquí vuelve a aparecer el papel central de las habilidades. Sin formación adecuada, la IA puede convertirse en una herramienta subutilizada o, peor aún, en un factor de exclusión. Con formación, en cambio, puede ser un poderoso motor de productividad, innovación y crecimiento económico.
Educación y aprendizaje continuo como ejes del cambio
Todos los participantes coincidieron en que cerrar la brecha digital no es un proyecto de corto plazo ni una tarea exclusiva del Estado o de las empresas tecnológicas. Es un esfuerzo colectivo que involucra a la academia, el sector privado, las comunidades y los ciudadanos.
El aprendizaje continuo se convierte en una condición indispensable en un entorno donde la tecnología evoluciona constantemente. Ya no se trata de adquirir una habilidad y usarla durante toda la vida laboral, sino de aprender, desaprender y reaprender de manera permanente.
En este contexto, la curiosidad se posiciona como una competencia clave. Las personas que se hacen preguntas, exploran nuevas herramientas y se adaptan al cambio tienen mayores probabilidades de integrarse con éxito a la economía digital, independientemente de su edad o formación inicial.
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Más allá de la tecnología: una transformación social
Cerrar la brecha digital implica, en última instancia, una transformación social. No se trata solo de mejorar indicadores de conectividad o adopción tecnológica, sino de ampliar oportunidades, reducir desigualdades y fortalecer la capacidad del país para competir en una economía cada vez más basada en el conocimiento.
La tecnología debe ser un medio, no un fin. Su verdadero valor radica en su capacidad para mejorar la educación, fortalecer la productividad, facilitar el acceso a servicios y permitir que más personas participen activamente en la vida económica y social.
Como concluyeron los expertos, el cambio será constante y la tecnología seguirá evolucionando. Lo fundamental es que las personas mantengan la curiosidad, la adaptabilidad y un propósito claro. Solo así la transformación digital dejará de ser un discurso y se convertirá en una herramienta real de progreso para Colombia.


