Generación Z, los nuevos dueños del consumo en Latinoamérica, la Generación Z conformada por jóvenes nacidos entre 1995 y 2010 ya no es solo una promesa del futuro: se ha convertido en un actor económico con influencia tangible en el presente. En América Latina, los Gen Z representan actualmente el 20% del gasto total en consumo masivo, superando a los Boomers (18%) y acercándose a los Millennials (26%) y la Generación X (24%). Este cambio demográfico y económico está reconfigurando las estrategias comerciales y culturales de las marcas que operan en la región.
El poder adquisitivo de esta generación, junto con su capacidad para amplificar tendencias a través de redes sociales, marca un antes y un después en la forma en que las empresas conciben la relación con sus consumidores. Según datos de NielsenIQ (NIQ), para el año 2030, cuando todos los Gen Z estén activos en el mercado laboral, su potencial de gasto en la región podría alcanzar los 9,8 billones de dólares. En países como Colombia, se espera que para ese mismo año representen el 30% de la población, una proporción superior a la de Europa y Estados Unidos.
Más allá de las cifras, lo que define a esta generación es su visión del consumo como una extensión de su identidad: buscan autenticidad, sostenibilidad, innovación y experiencias más que simple acceso a productos.
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Lo que valora la Generación Z al comprar
A diferencia de las generaciones anteriores, la Generación Z no se deja cautivar únicamente por el prestigio de una marca. Su proceso de decisión está fuertemente influido por la diversión, la novedad y el componente experiencial de los productos. Para ellos, la novedad y la diversión ocupan el puesto #29 en su ranking de prioridades al comprar, mientras que para la Generación X se ubican en el #36 y para los Boomers, en el #40.
El carácter innovador de un producto o servicio ocupa el puesto #28 dentro de sus prioridades, aunque para los Millennials esta motivación está un poco más arriba (#26). Por el contrario, el reconocimiento de marca un valor tradicionalmente determinante ya no tiene el mismo peso: los Gen Z lo ubican en el puesto #21 de su lista de prioridades, por debajo de factores como la experiencia o la sostenibilidad.
Este enfoque muestra un cambio profundo: el consumo ya no se basa en el estatus, sino en la conexión emocional y en los valores que transmite la marca. Por eso, las empresas que no comunican su propósito o que no adoptan prácticas transparentes enfrentan mayores desafíos para captar la atención de este grupo.
Sostenibilidad y conciencia: más que una moda
El componente ambiental y ético tiene un peso creciente en las decisiones de compra de la Generación Z. Según NIQ, el 20% investiga las prácticas sostenibles de las empresas antes de adquirir un producto, y están dispuestos a pagar hasta un 10% más por opciones ecológicas o responsables. Sin embargo, aún existe una brecha entre el discurso y la práctica: muchos jóvenes que declaran preferir sostenibilidad siguen consumiendo fast fashion o gadgets tecnológicos que generan residuos.
Este contraste no implica hipocresía, sino una tensión entre ideales y accesibilidad económica. En muchos casos, los productos sostenibles tienen precios más altos o disponibilidad limitada, lo que dificulta una adopción masiva. Aun así, el interés creciente por los temas medioambientales demuestra una clara tendencia estructural que seguirá ganando fuerza en la próxima década.
Las marcas que logren combinar sostenibilidad con diseño atractivo y precios competitivos estarán mejor posicionadas para conquistar a esta nueva generación de consumidores conscientes.
La digitalización total del proceso de compra
Si hay algo que distingue a la Generación Z, es su nativo dominio digital. Estos consumidores no conocieron un mundo sin internet, redes sociales o smartphones, y eso se refleja en la forma en que descubren, comparan y adquieren productos.
Según los datos de NielsenIQ, el 44% de los Gen Z latinoamericanos inicia su búsqueda de productos en tiendas online, mientras que el 40% utiliza motores de búsqueda y el 35% sigue recurriendo a tiendas físicas. Además, un 30% explora redes sociales y sitios web antes de decidir una compra, lo que demuestra una integración fluida entre canales digitales y tradicionales.
Las redes sociales, especialmente Instagram, TikTok y YouTube, se han convertido en el nuevo escaparate comercial. Cuatro de cada diez jóvenes aseguran que es probable que compren directamente desde una red social, y más de la mitad (53%) ya ha usado el botón de “Comprar” en alguna plataforma. Esta cifra supera el promedio global del 46%, y contrasta con los Boomers, de los cuales solo uno de cada diez considera viable comprar en redes.
Esta inclinación hacia el comercio social redefine el papel de las plataformas digitales: ya no son simples espacios de entretenimiento, sino canales de venta y descubrimiento de marcas.
Influencers: los nuevos prescriptores del consumo
La Generación Z deposita gran parte de su confianza en líderes de opinión digitales. El 44% cambiaría de marca bajo la recomendación de un influencer, una cifra que deja en evidencia el poder de los creadores de contenido como agentes de marketing. En cambio, entre los Boomers, solo el 10% actuaría del mismo modo.
Esto no significa que cualquier figura con seguidores tenga impacto: los jóvenes valoran la autenticidad, el conocimiento del producto y la transparencia. Influencers que comparten reseñas honestas o que promueven causas sociales tienden a generar vínculos más duraderos con su público. En contraste, las promociones forzadas o excesivamente comerciales tienden a perder credibilidad.
Las marcas, conscientes de este fenómeno, están invirtiendo en microinfluencers: perfiles con audiencias más pequeñas pero altamente comprometidas. Estas colaboraciones permiten campañas más personalizadas y efectivas, alineadas con los valores de autenticidad que la Generación Z busca.
La personalización como exigencia, no como lujo
Para los Gen Z, la experiencia de compra debe sentirse única y personalizada. Desde recomendaciones basadas en inteligencia artificial hasta programas de fidelización adaptados a sus intereses, esta generación espera que las marcas entiendan sus gustos antes de que ellos los expresen.
No se trata solo de publicidad dirigida, sino de experiencias integradas: compras híbridas (online y offline), interacción en tiempo real con las marcas y servicios postventa inmediatos. En este sentido, las empresas que invierten en tecnologías como la IA, el análisis de datos y la automatización del marketing logran una ventaja competitiva clara.
La omnicanalidad la posibilidad de pasar sin fricciones de una red social a una tienda física o a una app de e-commerce ya no es una opción: es la nueva regla de juego para captar y retener a los consumidores más jóvenes.
Desafíos y oportunidades para las marcas
El ascenso de la Generación Z plantea desafíos estructurales para las marcas tradicionales. Sus expectativas en cuanto a rapidez, sostenibilidad, innovación y propósito social obligan a repensar modelos de negocio completos. Las compañías que persisten en estrategias unidireccionales o desconectadas del entorno digital corren el riesgo de perder relevancia.
Sin embargo, este cambio también abre oportunidades únicas. Las empresas que integren tecnología, propósito y creatividad podrán conectar emocionalmente con una generación que busca experiencias significativas, no solo productos.
Andrea Estrada, Industry Insights Manager de NIQ Colombia, resume esta tendencia con claridad:
“El protagonismo de la Generación Z en el ecosistema económico es innegable. Su digitalidad, poder adquisitivo en crecimiento y preferencia por experiencias interactivas y sostenibles exige a las marcas replantear su manera de conectar. El comercio social y la personalización ya no son opcionales, sino condiciones necesarias para captar a esta generación que está reescribiendo las reglas del consumo.”
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Una generación que reescribe el mercado
La Generación Z no solo representa un cambio demográfico: simboliza una revolución cultural y económica. Su relación con la tecnología, su compromiso con causas ambientales y sociales, y su preferencia por experiencias auténticas y digitales están transformando todos los sectores de consumo masivo en América Latina.
A medida que su poder adquisitivo crezca, también lo hará su influencia sobre las tendencias globales. Las marcas que comprendan esta nueva lógica basada en la interacción, la sostenibilidad y la transparencia no solo ganarán consumidores, sino aliados que amplificarán su mensaje en todo el ecosistema digital.

