Formación financiera para todos, clave para una Colombia más estable y resiliente, la educación financiera se ha consolidado como una herramienta esencial para el bienestar individual y colectivo. A medida que los productos financieros se vuelven más accesibles, también crece la necesidad de que los ciudadanos comprendan su funcionamiento y los riesgos asociados. En Colombia, a pesar de los esfuerzos por mejorar la inclusión financiera, persisten retos críticos que dificultan una buena gestión del dinero. Por ello, el fortalecimiento de la educación financiera no solo es deseable, sino urgente.
Un estudio del Banco Mundial sobre capacidades financieras en Colombia reveló un dato preocupante: si bien el 94% de los encuestados afirmó planificar su presupuesto, apenas el 23% sabía con certeza cuánto había gastado la semana anterior. Esta desconexión entre intención y práctica muestra la necesidad de pasar de una educación teórica a una aplicación real y cotidiana del conocimiento financiero.
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El mismo informe muestra que solo el 38% de los colombianos ahorra activamente, y que el 72% de quienes ahorran lo hacen guardando el dinero en casa, en lugar de utilizar instrumentos financieros formales. Además, frente a una pérdida de ingresos, apenas el 32% podría mantenerse por un mes sin pedir prestado, mientras que el 28% resistiría menos de una semana. Estos datos evidencian una fragilidad económica que puede afectar gravemente a millones de personas ante cualquier eventualidad.
Sin embargo, también hay avances. En 2024, más de 1,2 millones de colombianos se unieron al sistema financiero, alcanzando un total de 34,7 millones de adultos con algún producto financiero. El acceso creció en todos los grupos de edad, destacándose los adultos entre 41 y 65 años (98,1%), jóvenes (91,2%) y personas entre 26 y 40 años (88,6%). Desde 2019, los jóvenes han mostrado un incremento de 19 puntos porcentuales, reflejando un cambio positivo en su participación financiera.
Este avance responde en parte a las campañas e iniciativas desarrolladas tanto por el Gobierno Nacional como por entidades multilaterales como el Banco Mundial y la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC). Estas organizaciones han implementado programas para fomentar una cultura financiera responsable, centrada en el ahorro sistemático, el uso racional del crédito y la inversión informada.
Las bases de una buena educación financiera
Para consolidar una cultura de estabilidad económica, se requiere fortalecer los conocimientos básicos sobre finanzas personales. Estos son algunos principios clave que toda persona debería aplicar:
- Elaborar un presupuesto realista: Identificar ingresos y egresos para tener una visión clara de la situación financiera.
- Establecer metas financieras concretas: Como comprar una vivienda, pagar deudas, iniciar un negocio o construir un fondo de emergencia.
- Controlar los gastos: Evitar compras impulsivas y priorizar necesidades sobre deseos.
- Reducir las deudas: Pagar primero aquellas con intereses más altos y evitar endeudarse para consumo no esencial.
- Ahorrar para emergencias: Idealmente, se recomienda contar con un fondo de ahorro equivalente a tres o seis meses de gastos.
- Evaluar el cumplimiento de metas: Hacer seguimiento regular para ajustar estrategias si es necesario.
- Aprender sobre inversión: Conocer productos como CDT, fondos mutuos o acciones puede generar rentabilidad con riesgos controlados.
Augusto Otero, Expansión Head Latam de Tiendanube, sostiene que «la educación financiera es una herramienta fundamental para el desarrollo económico del país. Con formación adecuada, se generan hábitos saludables que fortalecen la estabilidad económica de las familias y promueven un crecimiento sostenible».
Inclusión financiera con enfoque de género
Una de las estrategias más relevantes en la actualidad es la inclusión financiera con enfoque de género. La Superintendencia Financiera de Colombia y la Unidad de Proyección Normativa del Ministerio de Hacienda han desarrollado una estrategia que busca reducir la brecha de acceso entre hombres y mujeres.
Programas como el Fondo Mujer Emprende han sido fundamentales para brindar apoyo económico y capacitación a mujeres emprendedoras, facilitando su autonomía financiera. Entidades como Bancolombia, Davivienda, Banco Agrario y Bancamía también han lanzado iniciativas para fomentar la inclusión financiera con enfoque diferencial.
Estas acciones no solo permiten el acceso a productos como cuentas de ahorro o créditos, sino que también generan conocimiento y empoderamiento, reduciendo las desigualdades y aumentando la participación femenina en la economía.
Una Colombia con mayor estabilidad financiera
La construcción de una sociedad más equitativa y resiliente requiere una ciudadanía empoderada financieramente. Es vital promover la formación desde edades tempranas, incluyendo contenidos de educación financiera en los programas escolares y creando espacios de capacitación para adultos y poblaciones vulnerables.
Las tecnologías también pueden ser aliadas clave en este proceso. Aplicaciones móviles, plataformas de educación en línea y servicios financieros digitales ofrecen nuevas oportunidades para acceder a información y herramientas de gestión económica.
La participación activa del Estado, el sector privado, las entidades educativas y la sociedad civil es fundamental para generar un ecosistema financiero saludable. Cada actor tiene un papel en el cierre de brechas y en la generación de capacidades que permitan a los colombianos tomar decisiones más acertadas sobre su dinero.
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La educación financiera no es solo una necesidad individual, sino un compromiso colectivo. Incrementar el conocimiento financiero en Colombia permitirá a las personas mejorar su calidad de vida, enfrentar imprevistos con mayor seguridad y construir un futuro económico sostenible. El camino hacia una sociedad más justa comienza con ciudadanos más informados, responsables y preparados para tomar el control de su economía.

