La evolución de los estándares de belleza desde los ochenta hasta la era de la autenticidad digital, en una época saturada de filtros digitales y tutoriales de belleza que prometen la perfección inalcanzable, un revelador análisis visual realizado por Getty Images, la autoridad líder en la creación y curación de contenido visual a nivel global, explora la fascinante metamorfosis de la representación de la belleza a lo largo de las últimas décadas. El estudio traza una línea evolutiva que va desde el maximalismo exuberante de los años ochenta hasta la estética meticulosamente perfeccionada del efímero “Instagram face” que dominó la década pasada. Este profundo cambio revela nuevas claves esenciales para que las marcas de belleza y cuidado personal puedan establecer una conexión más genuina y significativa con sus audiencias de consumidores en la actualidad.
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Informado por la plataforma de investigación de vanguardia de Getty Images, VisualGPS, el exhaustivo análisis pone de manifiesto que, a medida que los consumidores interactúan de manera cada vez más intensa y constante con plataformas eminentemente visuales como las redes sociales, la manera en que se representa la belleza en las estrategias de marketing y publicidad no solo moldea profundamente su identidad personal y su percepción de sí mismos, sino que también ejerce un impacto directo y significativo en sus decisiones de compra y en su lealtad hacia las marcas.
Una Mirada a Través del Espejo del Tiempo: La Evolución de la Estética Facial
Según el minucioso análisis visual realizado por los expertos de Getty Images, la estética facial predominante en la década de los ochenta se caracterizó por la exageración en todas sus formas: maquillaje audaz e intenso, peinados con volúmenes desafiantes y estilos atrevidos tanto para mujeres como para hombres. Fue la era icónica del mullet, los bigotes prominentes y un uso cada vez más visible del maquillaje masculino, desafiando las convenciones tradicionales de género en la expresión estética.
En la década de los noventa, esa energía desbordada y ese maximalismo dieron paso a una estética notablemente más andrógina y minimalista, fuertemente influenciada por la tendencia del heroin chic que dominó las pasarelas de alta costura, la edad dorada del hip hop con su estética urbana y, hacia el final de la década, la subcultura grunge, caracterizada por pieles pálidas, rasgos faciales angulosos y un estilo deliberadamente despeinado y sobrio, que celebraba una belleza más despojada y auténtica.
Con la llegada del nuevo milenio, los años 2000, presenciamos el ascenso meteórico de la cultura pop y el poder innegable de las celebridades como marcadores de tendencia, instaurando un nuevo ideal de belleza que se caracterizó por pieles bronceadas artificialmente, cabello ultra liso y planchado, y cejas finas y arqueadas para las mujeres, mientras que figuras masculinas como Brad Pitt y las omnipresentes boy bands definieron los códigos estéticos masculinos de la época.
La década de 2010 estuvo marcada por el auge de la técnica del contouring, una sofisticada forma de maquillaje que transformaba el rostro a través de un enfoque casi escultórico, impulsada por figuras influyentes como Kim Kardashian. Paralelamente a esta tendencia de maquillaje elaborado, surgió con fuerza el no makeup makeup look, una estética que celebraba una belleza más natural y discreta, allanando el camino para el auge posterior del cuidado de la piel (skin care) y la noción de un “glamour sin esfuerzo”.
A finales de la década pasada e inicios de la presente, presenciamos el dominio casi hegemónico del denominado “Instagram face”: una estética facial caracterizada por una piel impecablemente lisa y sin imperfecciones, labios notablemente voluminosos, pómulos marcados y definidos, y ojos almendrados enmarcados por pestañas dramáticas y extensiones. Esta estética globalizada fue moldeada en gran medida por el uso generalizado de filtros digitales, los tutoriales de belleza en línea y el acceso cada vez mayor a procedimientos de medicina estética. El resultado fue una cierta homogeneización de los rostros, donde lo aspiracional se volvió, al menos en apariencia, replicable a través de la tecnología y los tratamientos.
Sin embargo, en el panorama actual, Getty Images identifica señales leves pero significativas de un cambio incipiente en los estándares de belleza. El snatched face –caracterizado por un rostro tensado, pulido y perfectamente esculpido mediante técnicas de maquillaje y procedimientos estéticos– comienza a ceder terreno a una tendencia emergente denominada sunken face: un rostro que se presenta más hundido, con cejas decoloradas que restan volumen y expresividad a la mirada. En eventos de alto perfil como el Festival de Cannes, cobraron fuerza tendencias como las ghost lashes –rostros completamente maquillados pero sin rastro de máscara de pestañas–, que, en un contexto de ajustes económicos globales, parecen anunciar que la piel, en su estado más natural y auténtico, será la verdadera protagonista.
Implicaciones para las Marcas de Belleza en América Latina: La Autenticidad como Clave
De acuerdo con Samuel Malavé, investigador creativo de Getty Images en Latinoamérica, en un contexto marcado por nuevas tendencias estéticas y tensiones económicas palpables, las marcas de belleza que operan en la región tienen una oportunidad crucial y estratégica: reconectar de manera profunda y significativa con sus audiencias a través de un lenguaje visual que sea inherentemente más auténtico y refleje la realidad diversa de sus consumidores.
La investigación de VisualGPS revela un dato contundente: 7 de cada 10 latinoamericanos –abarcando todas las edades y segmentos demográficos– afirman que prefieren comprar productos de marcas que reflejen vidas y experiencias similares a las suyas en sus campañas publicitarias. Además, 3 de cada 4 consumidores encuestados expresan sentirse más atraídos por productos de belleza que se muestran sin retoques digitales ni edición excesiva. En otras palabras, la autenticidad y la representación genuina de la realidad venden.
Sin embargo, el análisis de Getty Images también señala que los estereotipos visuales persisten y continúan limitando la capacidad de las marcas para establecer una conexión emocional profunda y duradera con sus audiencias. Por ejemplo, el concepto del envejecimiento se representa de una manera sorprendentemente limitada y estereotipada: el 80% de las imágenes analizadas muestran únicamente a personas mayores de 60 años, ignorando momentos cruciales que también forman parte integral de la experiencia del envejecer, como la pubertad, la aparición de las primeras canas o los cambios sutiles que acompañan a la madurez. Además, las mujeres mayores suelen aparecer representadas casi exclusivamente como mujeres delgadas, glamurosas, con cabello canoso perfectamente liso y piel tersa, mientras que los hombres mayores son prácticamente invisibles en la narrativa visual de la belleza.
La representación de los hombres adolescentes en la narrativa visual de la belleza también es alarmantemente escasa: solo el 6% de las imágenes y videos más populares incluyen a este grupo demográfico, a pesar de que tendencias como el “mewing” –una práctica que promueve la definición de la mandíbula– han ganado una relevancia significativa entre los hombres de la Generación Z. De acuerdo con Samuel Malavé, esta falta de visibilidad podría estar limitando la capacidad de las marcas para construir una relación emocional más auténtica con las audiencias jóvenes masculinas, quienes se sienten atraídos por representaciones que refuerzan ideales de masculinidad tradicionales.
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“En un mercado saturado y altamente competitivo, la capacidad de conectar visualmente con la audiencia se convierte en una ventaja competitiva diferenciadora. El nuevo consumidor no busca únicamente una belleza genérica y estandarizada. Anhela ver una belleza que se sienta personal, específica y que resuene con su propia realidad. Las marcas que están liderando la conversación y construyendo una lealtad duradera son aquellas que comprenden que la estética visual no solo moldea la identidad, sino que también impulsa la conexión emocional y, en última instancia, la lealtad del consumidor. Apostar por imágenes y videos que reflejen la autenticidad y la diversidad de sus audiencias es mucho más que una simple decisión creativa: es una estrategia de marca inteligente y fundamental para el éxito en el mercado actual”, puntualizó Samuel Malavé.


