Empresas con propósito que transforman, cómo las Empresas B están impulsando una nueva economía basada en impacto, sostenibilidad y valor compartido en Colombia
La forma de entender el éxito empresarial está cambiando. Durante décadas, el desempeño de una compañía estuvo asociado principalmente a indicadores financieros como ingresos, rentabilidad, participación de mercado o crecimiento. Aunque estos factores continúan siendo fundamentales para la sostenibilidad de cualquier organización, hoy existe una visión más amplia sobre el papel que las empresas deben desempeñar dentro de la sociedad.
Cada vez más consumidores, inversionistas, colaboradores y comunidades esperan que las organizaciones generen valor más allá de los resultados económicos. La capacidad de contribuir al bienestar social, proteger el medioambiente, fortalecer las economías locales y promover prácticas empresariales transparentes se ha convertido en un elemento diferenciador dentro de un mercado cada vez más consciente y exigente.
En Colombia, esta transformación está tomando forma a través del crecimiento y consolidación del Movimiento de Empresas B. Los resultados más recientes del Reporte de Impacto Colectivo 2026 de Sistema B Colombia muestran que el país cuenta con un ecosistema empresarial que no solo ha incorporado el propósito dentro de su estrategia corporativa, sino que además está generando resultados medibles y significativos para distintos grupos de interés.
Las cifras evidencian que la sostenibilidad dejó de ser una aspiración para convertirse en una práctica concreta. Hoy, más de un centenar de Empresas B certificadas están demostrando que es posible construir modelos de negocio rentables mientras se generan impactos positivos para la sociedad y el planeta.
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Una nueva manera de hacer empresa
Las Empresas B representan un modelo empresarial que busca equilibrar el éxito económico con la generación de impacto social y ambiental positivo.
A diferencia de los enfoques tradicionales, estas organizaciones integran objetivos de sostenibilidad dentro de su operación diaria y se someten a rigurosos procesos de evaluación para medir su desempeño en áreas como gobernanza, trabajadores, comunidad, clientes y medioambiente.
La certificación B se ha convertido en una referencia internacional para identificar empresas comprometidas con estándares elevados de transparencia, responsabilidad y gestión de impacto.
Sin embargo, más allá del reconocimiento, el verdadero valor de este movimiento radica en su capacidad para transformar la manera en que las organizaciones toman decisiones y generan valor.
En Colombia, el crecimiento de este ecosistema demuestra que cada vez más empresas entienden que la competitividad del futuro dependerá de su capacidad para responder a desafíos sociales y ambientales de forma estratégica.
El Reporte de Impacto Colectivo 2026 confirma que este cambio ya está ocurriendo.
La gobernanza como motor de transformación
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es el sólido desempeño alcanzado en materia de gobernanza.
Con una puntuación del 83,9 %, esta dimensión se consolida como la fortaleza principal de las Empresas B colombianas y refleja un cambio estructural en la forma de gestionar las organizaciones.
Tradicionalmente, muchas iniciativas de sostenibilidad dependían del compromiso personal de líderes específicos o de proyectos aislados dentro de las compañías.
Sin embargo, los resultados muestran que el propósito está siendo incorporado directamente en las estructuras de gobierno corporativo.
Esto significa que las decisiones relacionadas con impacto social, sostenibilidad y generación de valor compartido ya no dependen únicamente de la voluntad individual, sino que forman parte de los sistemas formales que orientan la gestión empresarial.
La evidencia es contundente.
El 99,2 % de las empresas analizadas ha incorporado legalmente su propósito de impacto dentro de sus estructuras organizacionales.
Esto garantiza que la misión social y ambiental permanezca vigente incluso ante cambios de liderazgo o transformaciones corporativas.
Asimismo, el 95,5 % de las compañías comunica de manera transparente información relacionada con su propiedad o desempeño financiero, fortaleciendo la confianza de inversionistas, colaboradores y comunidades.
A esto se suma que siete de cada diez organizaciones cuentan con códigos de ética formalmente establecidos, consolidando prácticas empresariales alineadas con principios de integridad y responsabilidad.
Estos avances posicionan a Colombia como un referente regional en la institucionalización del propósito empresarial.
Más de 25.000 millones de pesos para causas sociales
Uno de los aspectos más destacados del informe es la capacidad de las Empresas B para movilizar recursos hacia iniciativas de impacto social.
Durante el último año, las organizaciones pertenecientes al ecosistema reportaron inversiones y donaciones superiores a los 25.637 millones de pesos colombianos destinados a diferentes causas sociales.
Esta cifra refleja un compromiso tangible con la construcción de bienestar colectivo y demuestra que el impacto social puede integrarse exitosamente dentro de la estrategia empresarial.
Más allá del monto económico, el alcance de estas acciones resulta especialmente significativo porque evidencia una visión de largo plazo sobre el rol de las empresas en la sociedad.
Las iniciativas apoyadas abarcan programas comunitarios, proyectos educativos, fortalecimiento de emprendimientos locales, acciones de inclusión social y diversas actividades orientadas a mejorar la calidad de vida de poblaciones vulnerables.
El reporte también registra más de 17.800 horas de voluntariado corporativo, un indicador que refleja el involucramiento directo de colaboradores en actividades de impacto.
Este nivel de participación demuestra que el propósito no permanece únicamente en los documentos corporativos, sino que se traduce en acciones concretas desarrolladas por las personas que forman parte de las organizaciones.
Adicionalmente, el 100 % de las Empresas B analizadas cuenta con programas de ciudadanía corporativa, consolidando una cultura organizacional orientada hacia la generación de valor compartido.
Impacto que trasciende la filantropía
Uno de los principales cambios observados en el ecosistema B es la evolución desde modelos tradicionales de responsabilidad social hacia estrategias integradas de impacto.
Durante muchos años, las acciones sociales empresariales estuvieron asociadas principalmente a programas de donación o actividades puntuales de apoyo comunitario.
Aunque estas iniciativas continúan siendo valiosas, el modelo de Empresas B propone una visión más amplia.
El impacto se convierte en un componente transversal de la estrategia corporativa y se incorpora directamente en la forma de producir, contratar, distribuir valor y relacionarse con distintos grupos de interés.
Esto significa que las organizaciones no solo contribuyen mediante recursos económicos, sino también a través de decisiones operativas que fortalecen economías locales, promueven prácticas inclusivas y generan oportunidades de desarrollo.
La diferencia es significativa porque permite que el impacto se mantenga en el tiempo y crezca junto con el negocio.
Avances importantes en equidad de género
El reporte también ofrece una radiografía positiva sobre la participación femenina dentro del ecosistema empresarial.
Los resultados muestran que más de la mitad de las Empresas B colombianas están lideradas por mujeres.
Este dato representa un avance importante en términos de equidad y liderazgo empresarial.
Además, cerca de la mitad de las organizaciones cuenta con una mayoría femenina en posiciones gerenciales, reflejando una participación creciente de mujeres en espacios de toma de decisiones.
Estos indicadores contrastan favorablemente con tendencias observadas en múltiples sectores económicos donde las brechas de representación aún continúan siendo significativas.
La presencia de mujeres en posiciones de liderazgo contribuye no solo a la diversidad organizacional, sino también a la construcción de modelos empresariales más inclusivos y representativos.
Diversos estudios internacionales han demostrado que los equipos directivos diversos suelen tomar mejores decisiones, gestionar riesgos de manera más efectiva y generar mayores niveles de innovación.
En este sentido, los avances observados dentro del ecosistema B representan una señal positiva para el desarrollo empresarial del país.
Los desafíos pendientes en inclusión
Aunque los resultados en equidad de género son alentadores, el informe también pone en evidencia desafíos importantes relacionados con diversidad e inclusión.
Uno de los hallazgos más relevantes es la baja representación de personas pertenecientes a minorías étnicas en posiciones de liderazgo.
Actualmente, solo un pequeño porcentaje de las empresas analizadas está liderado por representantes de estas comunidades.
Esta realidad evidencia la necesidad de profundizar esfuerzos para construir ecosistemas empresariales más diversos y representativos de la riqueza cultural existente en Colombia.
La inclusión efectiva requiere no solo generar oportunidades de acceso, sino también garantizar condiciones que permitan el crecimiento y desarrollo de distintos grupos dentro de las organizaciones.
Para las Empresas B, este desafío representa una oportunidad para fortalecer aún más su impacto social durante los próximos años.
Bienestar laboral como prioridad
El desempeño en la dimensión relacionada con trabajadores muestra avances importantes en la construcción de entornos laborales más equitativos y sostenibles.
Aunque todavía existen oportunidades de mejora, los resultados reflejan un compromiso significativo con el bienestar de los colaboradores.
Prácticamente todas las organizaciones evaluadas ofrecen beneficios financieros adicionales a sus trabajadores, contribuyendo a mejorar su calidad de vida y estabilidad económica.
Asimismo, más del 90 % ajusta salarios teniendo en cuenta el costo de vida, una práctica especialmente relevante en un contexto marcado por desafíos económicos e inflación.
Estas medidas reflejan una visión empresarial que reconoce a las personas como un activo estratégico para el crecimiento organizacional.
El bienestar laboral no solo impacta positivamente la satisfacción de los colaboradores, sino que también contribuye a mejorar productividad, compromiso y retención de talento.
La cadena de suministro: el próximo gran reto
Uno de los hallazgos más interesantes del informe está relacionado con la cadena de suministro.
Si bien las Empresas B han logrado importantes avances dentro de sus propias operaciones, todavía existe una brecha significativa en la extensión de estos principios hacia proveedores y aliados estratégicos.
Actualmente, solo una proporción reducida de las organizaciones cuenta con una mayoría de proveedores certificados bajo estándares internacionales de sostenibilidad.
Esto evidencia que la transformación empresarial aún debe expandirse a lo largo de toda la cadena de valor.
El desafío es claro: construir ecosistemas donde el impacto positivo no se limite a una empresa individual, sino que se multiplique a través de relaciones comerciales responsables.
Fortalecer criterios de sostenibilidad en compras, contratación y gestión de proveedores será uno de los factores clave para consolidar una economía verdaderamente regenerativa.
La agenda climática gana protagonismo
Otro de los grandes desafíos identificados por el reporte está relacionado con el desempeño ambiental.
Aunque existen avances importantes, esta dimensión continúa siendo la más rezagada dentro del ecosistema.
Menos de la mitad de las organizaciones monitorea sistemáticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Además, un número significativo de empresas todavía no cuenta con registros completos de su huella ambiental.
Estas cifras reflejan una oportunidad de mejora importante en un contexto donde el cambio climático se ha convertido en uno de los mayores desafíos globales.
La medición constituye el primer paso para gestionar impactos ambientales de manera efectiva.
Por ello, fortalecer capacidades relacionadas con monitoreo, reducción de emisiones y estrategias de adaptación climática será fundamental para acelerar la evolución del ecosistema.
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Una economía que ya está cambiando
Más allá de las cifras individuales, el principal mensaje del Reporte de Impacto Colectivo 2026 es que Colombia ya cuenta con una base empresarial comprometida con una nueva forma de generar valor.
Las Empresas B están demostrando que la rentabilidad y el impacto positivo no son objetivos incompatibles.
Por el contrario, cada vez existe más evidencia de que las organizaciones capaces de integrar sostenibilidad, transparencia, inclusión y propósito dentro de su estrategia tienen mayores posibilidades de generar valor sostenible a largo plazo.
La consolidación de este movimiento representa una señal alentadora para el futuro económico del país.
En un contexto global donde consumidores, inversionistas y reguladores exigen niveles crecientes de responsabilidad empresarial, Colombia cuenta con un ecosistema que está liderando el camino hacia modelos de negocio más resilientes y sostenibles.
El reto ahora será escalar estas prácticas, fortalecer la medición de impacto y expandir esta visión hacia un número cada vez mayor de organizaciones.
Porque el verdadero potencial de las Empresas B no está únicamente en transformar compañías individuales, sino en contribuir a la construcción de una economía donde el éxito empresarial se mida también por su capacidad de generar bienestar social y ambiental.
Cuando el propósito se integra a la estrategia, la transparencia se convierte en una práctica permanente y el impacto se mide con rigor, las empresas pueden convertirse en motores reales de transformación para el país.


