Colombia y el nearshoring, una oportunidad estratégica para el futuro económico, durante décadas, el modelo de producción global estuvo centrado en externalizar operaciones a regiones distantes como China, India o Vietnam. Esta práctica, conocida como offshoring, fue impulsada por la búsqueda de menores costos laborales y escalabilidad. Sin embargo, la dinámica mundial ha cambiado radicalmente. La pandemia de COVID-19, los conflictos geopolíticos crecientes, los costos logísticos en aumento y la necesidad de cadenas de suministro más resilientes, ágiles y sostenibles, han replanteado el paradigma económico global. En este nuevo contexto, surge con fuerza el concepto de nearshoring.
El nearshoring, que literalmente combina los términos «cerca» (near) y «externalización» (offshoring), consiste en trasladar procesos productivos a países más cercanos al mercado de consumo final. Este nuevo modelo tiene como objetivo mitigar riesgos, reducir tiempos logísticos, aumentar la trazabilidad y promover el desarrollo sostenible. Para América Latina, y particularmente para Colombia, esta tendencia representa una oportunidad de oro para insertarse con fuerza en el nuevo mapa económico mundial.
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El potencial latinoamericano y el caso colombiano
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que América Latina y el Caribe podrían incrementar sus exportaciones en hasta 78.000 millones de dólares anuales si logran consolidarse como destinos estratégicos del nearshoring. Colombia, en particular, se perfila como uno de los países mejor posicionados para liderar esta transformación por diversas razones: su ubicación estratégica, su red de tratados de libre comercio, la disponibilidad de capital humano joven y su acceso a dos océanos.
“El nearshoring no es una moda pasajera. Es una transformación estructural del comercio internacional. Colombia puede y debe aprovechar su ubicación y capacidades para posicionarse como un nodo logístico y productivo de relevancia global”, afirma Edna Catalina Osorio, docente del programa de Administración de Negocios Internacionales de Areandina, sede Pereira.
La conectividad marítima del país, gracias a su acceso tanto al Pacífico como al Atlántico, facilita el comercio hacia Asia, Europa y América del Norte. A esto se suman tratados de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea, México, Chile, Corea del Sur, entre otros, que otorgan ventajas arancelarias y normativas. Además, el bono demográfico joven se traduce en una fuerza laboral que, con la capacitación adecuada, puede ofrecer ventajas competitivas sostenibles.
Sectores con alto potencial para atraer inversión
Aunque el concepto de nearshoring suele asociarse con manufactura, en la práctica abarca un espectro mucho más amplio. Colombia ya comienza a posicionarse en sectores clave que pueden beneficiarse significativamente de esta tendencia global.
1. Servicios Basados en el Conocimiento (SBC)
Los SBC incluyen actividades como desarrollo de software, atención al cliente (BPO), análisis de datos, ciberseguridad y servicios financieros compartidos. Colombia ha venido destacándose en este ámbito con hubs importantes en ciudades como Bogotá, Medellín, Pereira y Barranquilla. Estas urbes ofrecen talento calificado, buena conectividad, zonas horarias alineadas con Norteamérica y costos competitivos.
“El nearshoring en servicios no se limita a call centers. Estamos viendo una migración hacia servicios de mayor valor agregado como inteligencia artificial, programación avanzada, servicios financieros y científicos de datos. El país tiene una gran oportunidad de consolidar su liderazgo en estos nichos”, señala Osorio.
2. Manufactura ligera
Sectores como textiles, confecciones, plásticos, autopartes y componentes electrónicos pueden beneficiarse ampliamente. La cercanía con Estados Unidos permite reducir los tiempos de entrega, adaptarse más rápido a cambios en la demanda y atender requerimientos específicos de los clientes. Las empresas que apuesten por valor agregado y estándares internacionales de calidad tendrán mayores posibilidades de atraer inversión.
3. Agroindustria
Colombia no solo tiene capacidad de producción agrícola, sino también el potencial para transformarse en una plataforma de procesamiento de alimentos. Esto resulta clave para cadenas de supermercados globales y marcas internacionales que buscan proveedores con trazabilidad, sostenibilidad y cumplimiento de estándares sanitarios. La agroindustria colombiana puede posicionarse como proveedora de alimentos semielaborados o elaborados listos para exportar.
4. Dispositivos médicos
La pandemia visibilizó la necesidad de descentralizar la producción de dispositivos médicos, insumos hospitalarios y equipos clínicos. Colombia, con su infraestructura en salud y capacidad de manufactura, puede atraer inversiones en este rubro si mejora su regulación, certificación y logística.
Claves estratégicas para capitalizar la ola del nearshoring
Para que esta oportunidad se materialice, no basta con esperar que lleguen las inversiones. El país debe preparar el terreno con decisiones audaces y de largo plazo. Las siguientes acciones son fundamentales:
1. Fortalecimiento de las cadenas locales de suministro
No es suficiente con tener materias primas o mano de obra disponible. Las empresas colombianas deben elevar sus estándares, certificarse, ofrecer trazabilidad y ser aliadas confiables para compañías internacionales. Los compradores globales exigen cumplimiento riguroso en calidad, tiempos de entrega y prácticas laborales y ambientales.
2. Inversión en tecnología e innovación
En un mundo hiperconectado y automatizado, las empresas que no incorporen inteligencia artificial, automatización de procesos, trazabilidad digital y herramientas de gestión avanzadas quedarán rezagadas. La innovación debe ser parte integral del modelo de negocio, no un lujo o una excepción.
3. Formación y retención de talento humano
Uno de los activos más importantes de Colombia es su bono demográfico. Pero ese bono solo se convierte en ventaja si se transforma en talento calificado. Es indispensable formar técnicos, tecnólogos y profesionales bilingües, con habilidades digitales, pensamiento crítico y visión global.
Las universidades e instituciones de formación tienen un rol vital: deben actualizar sus currículos, crear alianzas con empresas, ofrecer prácticas reales y formar en competencias internacionales. “Nuestros egresados ya están preparados para liderar proyectos globales, gestionar cadenas logísticas complejas y negociar en entornos multiculturales”, afirma Osorio.
4. Promoción internacional y construcción de marca país
Para atraer inversión es indispensable posicionarse. ProColombia y las embajadas deben redoblar sus esfuerzos en ferias, eventos y ruedas de negocios. Pero también las empresas, gremios y universidades deben actuar en conjunto para mostrar al país como un destino confiable, moderno y competitivo.
5. Asegurar la sostenibilidad del modelo
El nearshoring no debe centrarse únicamente en costos. Las empresas extranjeras buscan hoy aliados que les ayuden a cumplir sus objetivos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Por ello, Colombia debe promover prácticas sostenibles en producción, energías limpias, gestión de residuos y respeto a los derechos laborales.
La ventana de oportunidad: 2025, un año clave
Varios analistas coinciden en que el segundo semestre de 2025 será crucial para definir el reposicionamiento de las cadenas de valor globales. Estados Unidos, Europa y Asia están replanteando su dependencia de regiones distantes y buscan alternativas regionales más confiables. Si Colombia logra articular políticas públicas adecuadas, impulsar alianzas público-privadas, invertir en infraestructura y comunicar su valor estratégico, puede convertirse en un destino prioritario para el nearshoring.
Dejar pasar esta oportunidad sería un error histórico. El país tiene las condiciones, pero necesita liderazgo, visión y ejecución. No se trata solo de atraer fábricas, sino de atraer conocimiento, innovación, empleo de calidad y desarrollo regional.
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Un futuro que se construye desde hoy
El nearshoring representa mucho más que una tendencia económica. Es una oportunidad real para transformar el modelo productivo de Colombia, diversificar su economía, generar empleo de calidad y posicionarse como actor relevante en el nuevo orden económico mundial. Para lograrlo, se requiere un compromiso firme del sector público, el privado, la academia y la sociedad civil.
La pregunta ya no es si Colombia puede ser parte del nearshoring, sino si está dispuesta a asumir el reto con la seriedad y el sentido estratégico que la coyuntura exige. El momento es ahora.


