Autos 2026, crecimiento moderado en un mercado que cambia de reglas, el mercado automotor colombiano llega a 2026 con señales claras de recuperación, pero también con transformaciones profundas que están redefiniendo la forma en que se compra, se vende y se compite en la industria. Tras un 2025 marcado por un repunte sólido en las ventas, mejores condiciones cambiarias y una aceleración visible de la transición tecnológica, el sector encara un nuevo año en el que el equilibrio entre crecimiento, acceso al crédito, costos regulatorios y presión competitiva será determinante.
Este panorama es el eje central de la más reciente actualización de proyecciones para 2026 elaborada por la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado, que analiza el comportamiento reciente del comercio de automóviles y traza escenarios para el año en curso, en un contexto macroeconómico aún desafiante pero con oportunidades relevantes para fabricantes, importadores y concesionarios.
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Un cierre de 2025 que cambió el ánimo del mercado
El año 2025 marcó un punto de inflexión para el sector automotor en Colombia. Luego de varios periodos de ajuste, el mercado cerró con la venta de 254.438 vehículos nuevos, lo que representó un crecimiento anual del 26,4%. Este resultado estuvo impulsado, en gran medida, por un segundo semestre particularmente dinámico, que llevó los niveles de comercialización a cifras no vistas desde antes de la pandemia.
La recuperación no fue un fenómeno aislado. Se dio en un entorno externo relativamente favorable, especialmente por la evolución de la tasa de cambio. La tendencia bajista de la TRM hacia el cierre del año permitió mitigar parte de las presiones de precio en un mercado altamente dependiente de las importaciones, donde el costo en dólares sigue siendo un factor estructural.
Este mejor desempeño dejó al sector mejor posicionado para enfrentar 2026, con inventarios más balanceados, mayor dinamismo comercial y un consumidor que, aunque cauteloso, volvió a mostrar intención de compra, especialmente en segmentos de uso personal.
Electrificación: de tendencia a factor estructural
Uno de los cambios más relevantes que dejó 2025 fue la consolidación de la transición tecnológica. Los vehículos híbridos y eléctricos pasaron de ser una alternativa de nicho a convertirse en un componente central del mercado. En los meses de mayor dinamismo, estas tecnologías llegaron a representar hasta el 34% de las ventas totales, una cifra que confirma que la electrificación ya no es un fenómeno marginal.
Este avance tecnológico ha venido acompañado de un reordenamiento competitivo cada vez más visible. Marcas de origen asiático, particularmente chinas, han ganado terreno de forma acelerada. El caso más representativo es BYD, que ya se ubica dentro del top 10 del mercado colombiano, con una participación del 4,3% y un crecimiento en ventas del 137% durante 2025.
La entrada y rápida consolidación de nuevos jugadores anticipa una intensificación de la competencia, especialmente en los segmentos de mayor volumen, como los SUV. Este escenario incrementa la presión sobre precios y márgenes, obligando a los actores tradicionales a ajustar estrategias comerciales, ampliar portafolios y acelerar su propia oferta electrificada.
A nivel internacional, las proyecciones de BloombergNEF apuntan a que la electrificación global seguirá creciendo en 2026, aunque a un ritmo más moderado, en línea con ajustes en esquemas de incentivos y cambios regulatorios en distintos mercados. Colombia no es ajena a esta dinámica, pero su evolución dependerá de factores locales como precios, infraestructura y regulación.
Ingreso, empleo y crédito: un equilibrio delicado
En el frente macroeconómico, una de las variables más relevantes para 2026 es el aumento del salario mínimo del 23%. Este incremento tiene efectos mixtos sobre el mercado automotor. Por un lado, puede sostener el ingreso nominal de los hogares formales y respaldar parte del gasto en bienes durables, como los vehículos. Por otro, eleva los costos laborales y refuerza mecanismos de indexación que podrían traducirse en presiones inflacionarias.
Este punto es especialmente sensible para un mercado donde la demanda está fuertemente mediada por el crédito. Si el aumento del ingreso nominal se ve neutralizado por condiciones financieras más restrictivas, mayores tasas de interés o un deterioro del empleo formal, el impacto positivo sobre las ventas podría ser menor al esperado.
Durante 2025, el acceso al financiamiento mostró una mejora relativa. La tasa promedio de crédito para vehículos se ubicó alrededor del 18,8%, lo que permitió sostener la intención de compra en un mercado altamente sensible al valor de la cuota mensual. Como resultado, los desembolsos de crédito para vehículos crecieron un 26,2% anual, evidenciando una recuperación más marcada en la colocación.
Qué esperar del crédito en 2026
De cara a 2026, el comportamiento del mercado dependerá en gran medida de la trayectoria de las tasas de interés, en un contexto de normalización monetaria. En el escenario base, se anticipa un aumento cercano a 600 puntos básicos, llevando la tasa promedio de crédito de vehículos a alrededor de 19,3%.
Aunque este nivel representa un endurecimiento frente a 2025, no implicaría un retorno a los picos observados en años anteriores, cuando las tasas superaron el 22%. Más bien, se trataría de una estabilización en niveles similares al promedio observado entre 2024 y 2025. Aun así, cualquier deterioro adicional en las condiciones de crédito podría afectar de manera directa la demanda, especialmente en los segmentos de entrada y gama media.
La tasa de cambio como ancla y riesgo del precio
La tasa de cambio continúa siendo uno de los principales determinantes del precio de los vehículos en Colombia. La experiencia de 2025 mostró que una trayectoria cambiaria más favorable ayuda a contener presiones inflacionarias, aunque el traspaso a precios finales no es automático ni uniforme.
Factores como el volumen importado, los costos logísticos, los niveles de inventario y las estrategias comerciales de las marcas influyen en la magnitud y el momento del ajuste. En 2025, la TRM promedió cerca de COP 4.053 y cerró el año alrededor de COP 3.757, lo que contribuyó a moderar el impacto cambiario en los concesionarios.
Para 2026, se proyecta un cierre de la TRM en torno a COP 3.878, lo que mantendría un viento de cola moderado para la contención de precios. Sin embargo, este efecto positivo podría verse contrarrestado por choques regulatorios y tributarios que afectan el costo de nacionalización y la estructura final de precios.
El frente regulatorio: una variable crítica
El entorno regulatorio aparece como uno de los principales focos de riesgo para el mercado automotor en 2026. El Decreto 1432 de 2025, que elevó el arancel para importaciones de vehículos de combustión al 40%, introduce una presión directa sobre los precios de las referencias a gasolina y diésel, especialmente aquellas provenientes de países sin acuerdos comerciales preferenciales.
Este cambio no solo encarece los vehículos tradicionales, sino que también acelera la sustitución hacia tecnologías electrificadas, alterando la composición del mercado de forma más abrupta. A esto se suma el Decreto 1474 de 2025, expedido en el marco de la emergencia económica, que incorpora medidas tributarias transitorias para 2026, como el ajuste del IVA para vehículos de alto valor.
Estas medidas añaden presión sobre los segmentos de gama alta y podrían influir en la postergación o cancelación de decisiones de compra. No obstante, es importante señalar que la emergencia económica fue suspendida provisionalmente, dejando estos efectos en pausa mientras se realiza una revisión más detallada del marco normativo.
En conjunto, estos factores obligan a monitorear de cerca el impacto sobre el precio promedio de los vehículos, la participación entre combustión y electrificados, y la respuesta de un consumidor históricamente sensible a los cambios de precio.
Proyección de ventas: crecimiento más moderado, pero sostenido
Con este balance de variables, la proyección para 2026 apunta a un crecimiento del mercado total del 8,1% frente al cierre de 2025. De cumplirse este escenario, el año finalizaría con cerca de 275.000 unidades vendidas.
De acuerdo con la participación histórica por segmentos, este volumen se distribuiría de la siguiente manera:
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Vehículos de uso personal: aproximadamente 247.673 unidades, que incluyen automóviles, SUV, pick-ups y cuadriciclos.
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Carga comercial: cerca de 16.191 unidades, entre camiones livianos y pesados, tractocamiones y volquetas.
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Pasajeros: alrededor de 11.136 unidades, correspondientes a taxis, buses, busetas y microbuses.
Este resultado dependerá del equilibrio entre varios factores: la ampliación del portafolio y la mayor competencia, especialmente en híbridos y eléctricos; la evolución de las tasas de interés y la originación de crédito; y el grado de traslado a precios de los cambios regulatorios y tributarios.
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Un mercado que ya no compite igual
Más allá de las cifras, el mercado automotor colombiano entra a 2026 con una dinámica distinta. La competencia ya no se define solo por volumen o presencia histórica, sino por la capacidad de adaptarse a un consumidor más informado, a tecnologías en rápida evolución y a un entorno regulatorio cambiante.
Las marcas que logren equilibrar precio, financiamiento, oferta tecnológica y experiencia de compra tendrán una ventaja clara. Al mismo tiempo, los concesionarios enfrentan el reto de operar con márgenes más ajustados, mayor presión comercial y un cliente que compara más y decide con mayor cautela.
En este contexto, 2026 no será un año de expansión acelerada, pero sí uno de consolidación estratégica. El mercado repunta, pero lo hace bajo nuevas reglas, donde la accesibilidad financiera, la regulación y la transición tecnológica marcarán la diferencia entre crecer y quedarse atrás.



