Automotriz en expansión, reglas en debate, el sector motriz colombiano cerró 2025 con un balance ampliamente positivo, consolidándose como uno de los motores más dinámicos de la economía nacional. Con más de 250.000 vehículos nuevos vendidos y más de un millón de motocicletas comercializadas, la industria no solo logró recuperar el terreno perdido en años anteriores, sino que también reforzó su papel como generadora de empleo, recaudo fiscal y encadenamientos productivos. Sin embargo, este buen momento llega acompañado de un mensaje claro hacia el Gobierno y los reguladores: el crecimiento de 2026 dependerá de reglas claras, estables y técnicamente coherentes con la realidad del mercado global.
El desempeño de 2025 confirma que la demanda interna se ha reactivado de forma sostenida. Factores como la normalización de inventarios, una mayor oferta de marcas y modelos, mejores condiciones de financiamiento frente a años previos y la necesidad de renovar un parque automotor envejecido explican buena parte de este repunte. A ello se suma el dinamismo del segmento de motocicletas, que continúa siendo clave para la movilidad cotidiana, el empleo independiente y la economía popular en ciudades intermedias y zonas rurales.
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Un año sólido para vehículos y motocicletas
La proyección de más de 250.000 vehículos nuevos vendidos al cierre de 2025 sitúa a Colombia nuevamente entre los mercados automotrices más relevantes de América Latina. Aunque aún se mantiene por debajo de los picos históricos de hace una década, el resultado representa uno de los mejores desempeños recientes y evidencia una recuperación progresiva del consumo.
El mercado de motocicletas, por su parte, volvió a superar el millón de unidades comercializadas, reafirmando su rol estructural dentro del ecosistema motriz. Las motocicletas no solo son un medio de transporte, sino también una herramienta productiva para millones de colombianos vinculados al comercio, la logística, los servicios y la economía digital. Este segmento ha demostrado una resiliencia superior frente a los ciclos económicos, convirtiéndose en un estabilizador clave del sector.
Según los gremios, este comportamiento positivo ha tenido efectos directos sobre el empleo formal e informal, la demanda de servicios financieros, los seguros, la logística y, especialmente, el mercado de posventa.
La posventa, protagonista silenciosa del crecimiento
Uno de los indicadores más reveladores de la solidez del sector en 2025 ha sido el desempeño del mercado de partes, piezas y accesorios, que registró un crecimiento superior al 13% frente a 2024 al cierre del tercer trimestre. Este aumento refleja una mayor actividad asociada al mantenimiento, la reparación y la prolongación de la vida útil del parque automotor.
La posventa se ha convertido en un pilar estratégico del sector motriz colombiano. En un país donde los vehículos tienen, en promedio, entre 15 y 20 años de antigüedad, y las motocicletas entre 10 y 15 años, la demanda de repuestos y servicios de mantenimiento es estructural y sostenida. Este fenómeno explica por qué, incluso en años de menor venta de vehículos nuevos, la posventa mantiene una dinámica positiva.
Durante 2025, el mayor crecimiento del mercado de partes se concentró en productos de desgaste y mantenimiento, como lubricantes, frenos, sistemas de suspensión y amortiguadores. Estos componentes están directamente ligados a la seguridad vial y al uso intensivo de los vehículos, lo que refuerza su relevancia tanto económica como social.
En contraste, las partes de motor mostraron una rotación más moderada, en línea con los avances tecnológicos que han mejorado la durabilidad y eficiencia de los propulsores modernos. Este cambio evidencia una transformación gradual en la estructura de la demanda, que obliga a distribuidores y talleres a adaptarse.
Un balance positivo, pero con alertas regulatorias
Pese a los buenos resultados, el sector automotriz cerró 2025 en medio de incertidumbres regulatorias que generan preocupación de cara a 2026. Durante el año, la industria operó bajo el riesgo latente de posibles aranceles a la importación de partes y piezas, así como de cambios en la política de reindustrialización y protección de la producción nacional.
Desde la perspectiva gremial, estas discusiones han generado ruido y falta de previsibilidad en un sector altamente integrado a las cadenas globales de valor. Carlos Andrés Pineda, presidente de Asopartes, ha sido enfático en señalar que las políticas restrictivas no han demostrado ser eficaces para fortalecer la industria local.
Colombia cuenta hoy con un ecosistema automotriz donde el ensamble de vehículos es limitado, pero donde segmentos como el de motocicletas, la distribución, la posventa y los servicios asociados generan empleo, dinamizan el comercio, aportan impuestos y abren oportunidades de exportación. En este contexto, decisiones arancelarias o regulatorias desconectadas de la realidad productiva pueden terminar afectando la competitividad y el crecimiento.
La movilidad evoluciona: híbridos, eléctricos y nuevas marcas
Otro de los grandes cambios que comenzó a consolidarse en 2025 fue la transformación del portafolio de vehículos disponibles en el mercado colombiano. La llegada de nuevas marcas internacionales, especialmente de origen asiático, y la expansión de los vehículos híbridos y eléctricos están modificando la estructura del sector.
Si bien este proceso aún no se refleja plenamente en la demanda de posventa, sí plantea desafíos inmediatos para importadores, distribuidores, talleres y centros de servicio. La movilidad eléctrica e híbrida exige nuevas capacidades técnicas, inversiones en capacitación, herramientas especializadas y protocolos de seguridad distintos a los de los vehículos tradicionales.
Para el sector, el reto no es resistirse a esta transición, sino acompañarla con políticas públicas coherentes que faciliten la adaptación del ecosistema, sin generar distorsiones que afecten la competitividad ni el acceso de los consumidores.
El peso de la informalidad y la ilegalidad
A los desafíos regulatorios y tecnológicos se suman problemáticas estructurales que siguen afectando al sector motriz: el contrabando, la falsificación y el hurto de vehículos, motocicletas y autopartes. De acuerdo con cifras de la DIAN, estas prácticas representan cerca del 10% del valor CIF de las importaciones, un impacto significativo para la formalidad empresarial y la sostenibilidad del mercado.
La comercialización de autopartes ilegales no solo distorsiona la competencia, sino que también pone en riesgo la seguridad vial, al introducir productos de baja calidad o sin certificación. Además, reduce el recaudo fiscal y desincentiva la inversión en la cadena formal.
Frente a este panorama, Asopartes y otros actores del sector han fortalecido la articulación público-privada con entidades como la DIAN, la Policía Fiscal y Aduanera y autoridades locales. Para 2026, se prevé ampliar los programas de cooperación en puertos, aeropuertos y principales puntos de ingreso de mercancías, con el objetivo de reforzar los controles y combatir de manera más efectiva la ilegalidad.
2026: crecimiento condicionado a reglas claras
El desempeño de 2025 deja una conclusión contundente: el sector motriz colombiano tiene la capacidad de crecer, adaptarse y generar valor. Sin embargo, ese potencial solo podrá consolidarse si en 2026 existe un entorno regulatorio predecible, técnico y alineado con las dinámicas globales de la industria automotriz.
La estabilidad normativa es clave para decisiones de inversión que se toman a largo plazo, tanto por parte de fabricantes como de importadores, distribuidores y proveedores de servicios. Cambios abruptos en aranceles, incentivos o requisitos técnicos pueden frenar proyectos, encarecer los costos y trasladar impactos negativos al consumidor final.
Desde la visión gremial, el llamado no es a la desregulación, sino a la coherencia y el diálogo técnico. El sector automotriz es intensivo en capital, tecnología y empleo, y requiere políticas públicas que reconozcan su complejidad y su rol estratégico en la economía.
Un sector clave para la economía y la movilidad
Más allá de las cifras de ventas, el sector motriz cumple una función esencial en la movilidad de personas y mercancías, la productividad empresarial y la integración territorial del país. Vehículos, motocicletas y servicios asociados son parte del día a día de millones de colombianos y de la operación de sectores como el comercio, la industria, la agricultura y la logística.
El crecimiento observado en 2025 demuestra que, incluso en un entorno económico desafiante, la industria puede responder con dinamismo cuando existen condiciones mínimas de estabilidad y demanda. El reto para 2026 será transformar este buen momento en un crecimiento sostenible, formal y competitivo, capaz de adaptarse a la transición tecnológica sin sacrificar empleo ni acceso.
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Mirando hacia adelante
Con un cierre de año sólido y expectativas moderadamente optimistas, el sector motriz entra a 2026 con la convicción de que el crecimiento es posible, pero no automático. La industria ha hecho su parte al invertir, adaptarse y responder al mercado. Ahora, espera que las reglas del juego acompañen ese esfuerzo.
Como lo resume el mensaje del gremio, el futuro del sector no depende solo de la demanda, sino de la claridad y estabilidad de las decisiones públicas. Si estas condiciones se cumplen, el sector automotriz colombiano podrá seguir siendo un motor de desarrollo, empleo y movilidad para el país.


