Tras varios años marcados por la cautela, los recortes y la contención del gasto, el retail chileno vuelve a mostrar señales claras de reactivación. Las principales cadenas del sector están retomando planes de inversión de gran escala, con desembolsos que se acercan nuevamente a los niveles previos a la pandemia. El giro no es casual ni aislado: responde a un cambio de ánimo en la industria, a un escenario macroeconómico más predecible y a la necesidad urgente de modernizar tiendas, fortalecer la infraestructura tecnológica y elevar la experiencia del consumidor.
El caso más ilustrativo de este nuevo ciclo es Falabella. Luego de haber reducido drásticamente su presupuesto de inversiones en los últimos años, el grupo sorprendió al mercado al anunciar una actualización de su plan, elevándolo a US$ 900 millones. El monto marca un quiebre respecto del período anterior y devuelve a la compañía a cifras similares a las que destinaba entre 2017 y 2019, cuando sus desembolsos anuales rozaban los US$ 1.000 millones.
Este movimiento no solo simboliza la recuperación de terreno perdido, sino que también confirma que el retail chileno está dejando atrás una etapa defensiva para entrar en una fase de crecimiento selectivo, con foco en productividad, eficiencia y diferenciación.
El ajuste vivido por el sector fue profundo. En los años posteriores a la pandemia, la caída del consumo, la incertidumbre política y económica y el aumento de los costos obligaron a las compañías a priorizar liquidez y reducir inversiones. En ese contexto, Falabella llegó a recortar su presupuesto de capital a US$ 508 millones, el nivel más bajo en varios años.
Hoy, el escenario es distinto. El propio grupo reconoce que el aumento de los desembolsos es coherente con el momento que atraviesa la compañía. La recuperación de su capacidad financiera, junto con mejores perspectivas operacionales, permitió reactivar proyectos que habían quedado en pausa.
Un hito clave que explica este giro se produjo a fines de 2025, cuando Falabella logró recuperar su grado de inversión. La mejora se concretó con el alza de su clasificación internacional por parte de Fitch Ratings a ‘BBB-’ y de su nota nacional a ‘AA-(cl)’, ambas con perspectiva estable. Según la clasificadora, el cambio respondió a un aumento de la rentabilidad operacional, una reducción de la deuda y un perfil de negocios considerado satisfactorio.
Este respaldo financiero no solo fortaleció la posición del grupo, sino que también le devolvió margen para planificar inversiones de largo plazo.
Un repunte que atraviesa a toda la industria
El retorno de las grandes inversiones no se limita a Falabella. El fenómeno es transversal y queda en evidencia al observar las cifras agregadas del sector. En 2020, las principales cadenas del retail chileno —Falabella, Cencosud, SMU y Walmart— anunciaban inversiones conjuntas por US$ 875 millones. Seis años después, los montos comprometidos alcanzan los US$ 1.893 millones, más del doble.
Cencosud ha sido uno de los actores más activos en este proceso. Desde 2021, el grupo ha acelerado sus desembolsos, superando los US$ 600 millones anuales en inversiones, con foco en expansión, modernización y eficiencia operativa.
SMU, en tanto, ha seguido una trayectoria gradual pero sostenida. Su planificación de capital pasó de US$ 45 millones en 2020 a un ciclo proyectado de US$ 133 millones anuales para el período 2026-2028, reflejando una estrategia orientada a fortalecer su red de tiendas y replicar mejoras ya implementadas.
En el caso de Walmart Chile, el giro también es significativo. A fines de 2024, la compañía anunció un plan de inversiones a cinco años por US$ 1.300 millones, enfocado en reforzar su presencia en el país. Según explicó su CFO y VP Real Estate, Macarena Garay, se trató de una decisión estratégica adoptada en un contexto de baja inversión privada. La ejecutiva subrayó que el plan responde a una señal de confianza estructural en Chile, en su desarrollo y en el rol del sector privado para dinamizar la economía, generar empleo y aportar al crecimiento.
Para los analistas, este nuevo ciclo inversor tiene explicaciones claras. Claudio Pizarro, managing partner de CIS Consultores, identifica en primer lugar un aumento de la certidumbre. Tras años de volatilidad política y económica posteriores al estallido social y a la pandemia, el mercado percibe hoy un horizonte más despejado.
Según Pizarro, el amplio respaldo electoral al nuevo gobierno de José Antonio Kast refuerza esa percepción de estabilidad y permite a las empresas tomar decisiones de largo plazo con mayor confianza.
Este cambio de ánimo es fundamental en una industria intensiva en capital, donde los proyectos inmobiliarios, logísticos y tecnológicos requieren horizontes de planificación de varios años.
La urgencia de renovar tiendas
El segundo factor que explica el repunte de las inversiones es la necesidad de actualizar la infraestructura física. Entre 2019 y 2023, muchas cadenas pasaron largos períodos sin realizar remodelaciones profundas en sus puntos de venta, como consecuencia de los ajustes presupuestarios.
Ese retraso generó una brecha que hoy resulta insostenible. El consumidor volvió a las tiendas físicas, pero lo hizo con mayores exigencias. La experiencia, el diseño, la eficiencia del servicio y la integración con los canales digitales se volvieron elementos decisivos.
Pizarro lo resume con claridad: competir hoy exige un upgrade urgente, tanto en la experiencia física como en la digital. En la misma línea, el gerente general de SMU, Marcelo Gálvez, destaca que los planes de remodelación incluidos en el ciclo 2026-2028 buscan replicar en tiendas más antiguas los buenos resultados obtenidos en los nuevos locales.
La modernización ya no es solo una opción estética, sino una condición necesaria para mantener competitividad.
El tercer eje del nuevo ciclo inversor es la tecnología. La presión por mejorar productividad y eficiencia ha llevado a las cadenas a destinar recursos crecientes a procesos de digitalización, automatización y análisis de datos.
Las inversiones abarcan desde la robotización de centros de distribución hasta la incorporación de inteligencia artificial para capacidades analíticas y predictivas, pasando por mejoras en ciberseguridad y sistemas de gestión.
Gálvez explica que estas inversiones han permitido mejorar simultáneamente la experiencia del cliente y la productividad interna. Herramientas como la planificación de demanda, las cajas de autoservicio, la gestión digital de góndolas y la tesorería digital se integran con las inversiones en tiendas físicas, e-commerce y logística.
La tecnología dejó de ser un soporte para convertirse en un componente central de la estrategia competitiva.
El efecto del dólar y la recuperación del consumo
El entorno macroeconómico también juega a favor del sector. Desde enero de 2025, el tipo de cambio ha mostrado una caída relevante, pasando desde $1.052,50 a niveles inferiores a los $870. Para el retail, que es importador neto de productos como vestuario, electrónica y artículos para el hogar, un dólar más bajo tiene un impacto directo en los márgenes.
Según Pizarro, esta situación mejora el margen bruto y reduce el CAPEX asociado a tecnología, equipamiento y materiales de construcción, facilitando la ejecución de proyectos de inversión.
A ello se suma la mejora en las expectativas de crecimiento económico, reflejada en indicadores como el Imacec, que influye directamente en el ánimo del consumidor. Con un escenario más favorable, el gasto deja de concentrarse exclusivamente en la canasta básica y se desplaza hacia productos de mayor valor, como tecnología, calzado o mejoramiento del hogar.
Desde Walmart Chile, Garay coincide en que el contexto macroeconómico ayuda a despejar incertidumbres, aunque advierte que las decisiones de inversión de largo plazo dependen de factores adicionales. La estabilidad institucional, la certeza jurídica, la seguridad y la agilidad en los permisos siguen siendo elementos clave para atraer capital.
En ese sentido, la ejecutiva subraya que Chile cuenta con condiciones para impulsar la inversión, especialmente en proyectos con foco regional, generación de empleo y desarrollo local, siempre que avance en entregar esas certezas.
Inversiones pensadas en horizontes largos
Una característica común de este nuevo ciclo es el énfasis en la planificación de largo plazo. Según Gálvez, los planes de inversión del retail se diseñan considerando horizontes de cinco años para el desarrollo inmobiliario y la capacidad logística, y de tres años para las iniciativas estratégicas.
Desde Grupo Falabella, en tanto, señalan que el escenario macroeconómico ha mostrado una recuperación gradual, con una inflación convergiendo al rango meta del Banco Central y expectativas de crecimiento ajustándose al alza. Aunque no se trata de un boom económico, el contexto actual permite planificar e invertir de manera consistente con la estrategia de crecimiento del grupo en Chile y la región.
Si algo distingue al actual ciclo inversor del que predominaba hace una década es el cambio de foco. Antes, el crecimiento del retail se medía principalmente en metros cuadrados y en apertura de nuevas tiendas. Hoy, la prioridad está en la experiencia de compra.
En un entorno de alta competencia y márgenes ajustados, la diferenciación pasa por una combinación de precio, eficiencia operativa, confiabilidad y una estrategia omnicanal robusta. Garay explica que el plan de Walmart Chile va mucho más allá de sumar superficie comercial: contempla cerca de 80 nuevas tiendas, más de 6.000 nuevos empleos y alrededor de 250 remodelaciones, con foco en llegar donde hoy se necesita y mejorar la experiencia del cliente.
Falabella coincide en este diagnóstico. Desde el grupo destacan que hoy crecer no implica necesariamente más metros cuadrados, sino una propuesta de valor más sólida. Un ejemplo de ello es el fortalecimiento del click & collect, modalidad que ha ido ganando terreno y seguirá siendo impulsada.
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En este nuevo escenario, el retail compite en dos frentes clave. Por un lado, el desarrollo de ecosistemas y la personalización, donde la inteligencia artificial permite anticipar necesidades, segmentar mejor a los clientes y potenciar los programas de fidelización. Por otro, el auge del retail media, que transforma a las cadenas en plataformas publicitarias capaces de monetizar sus audiencias y abrir nuevas fuentes de ingresos.
Para el consumidor, lo físico y lo digital funcionan hoy como una sola experiencia. Esto exige estar presentes en distintos territorios, formatos y canales, con una estrategia integrada y sostenible en el tiempo.
Pizarro resume esta transformación como el paso desde un retail predominantemente físico a uno de ecosistema, donde las decisiones estratégicas buscan profundizar la relación con el cliente, elevar la productividad y mejorar la capacidad de respuesta. En ese contexto, los programas de fidelización se consolidan como un pilar clave para fortalecer el vínculo con los consumidores.
Fuente: Diario Financiero


