Movistar, nombre comercial de Telefónica Chile, atraviesa uno de los periodos más complejos de su historia reciente. Los resultados financieros correspondientes al primer semestre de 2025 confirman la tendencia negativa que arrastra la compañía, con pérdidas crecientes y una caída sostenida en los ingresos operacionales. En medio de este escenario adverso, la matriz española mantiene su estrategia de desinversión en América Latina, lo que sitúa a la filial chilena en una posición incierta frente a su futuro.
Crecen las pérdidas: más de $75 mil millones en negativo
Según los datos reportados por Telefónica Chile a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), las pérdidas netas de la empresa al cierre de junio de 2025 ascendieron a $75.175 millones, lo que representa un incremento del 31% en comparación con los $57.335 millones de pérdidas registradas en el mismo periodo de 2024.
Este deterioro financiero profundiza el complejo panorama que enfrenta la operadora, que en los últimos años ha visto cómo sus márgenes se estrechan debido a múltiples factores: desde el declive de tecnologías obsoletas, como la red de cobre, hasta la pérdida de dinamismo en ciertos segmentos clave de su negocio.
Los ingresos totales obtenidos por Telefónica Chile durante el primer semestre de 2025 alcanzaron los $773.815 millones, lo que equivale a una baja del 3,1% frente a los $798.442 millones obtenidos durante igual periodo del año anterior.
No obstante, desde la empresa aclaran que esta disminución no se debe necesariamente a una caída estructural de la demanda o del negocio, sino que está relacionada principalmente con un ingreso extraordinario registrado en el primer semestre de 2024. Dicho ingreso corresponde a la venta de inventario asociado al proyecto de apagado de la red de cobre, que significó $31.105 millones en ese periodo.
Al descontar ese efecto no recurrente, los ingresos ordinarios habrían crecido un 0,4% en términos comparables. Sin embargo, este ajuste técnico no logra ocultar las señales de debilitamiento que arrastra la filial chilena desde hace varios trimestres.
Contexto estratégico: Telefónica busca vender su operación en Chile
Desde hace varios años, Telefónica S.A., la casa matriz con sede en Madrid, ha estado implementando una política de desinversión en América Latina, con el fin de focalizar sus recursos en mercados considerados estratégicos, como España, Brasil, Alemania y Reino Unido.
Este giro en la estrategia comenzó a tomar fuerza tras el nombramiento de Marc Murtra como presidente del grupo, quien ha liderado una transformación orientada a optimizar el portafolio de activos y reducir la exposición a regiones de alta volatilidad económica y regulatoria.
En ese marco, las operaciones en países como Argentina, Colombia, Perú y Chile han sido puestas bajo revisión. De hecho, Telefónica Chile ya se encuentra en búsqueda activa de potenciales compradores, aunque la compañía no ha confirmado públicamente a qué nivel están dichas negociaciones ni si existen ofertas formales sobre la mesa.
De red de cobre a fibra óptica: una transición costosa
Uno de los mayores desafíos que ha enfrentado Telefónica en Chile tiene que ver con la transición tecnológica desde la antigua red de cobre hacia soluciones de fibra óptica y redes móviles avanzadas (4G y 5G). Este proceso ha significado importantes costos operacionales, inversiones en infraestructura, despidos y reorganización de procesos.
La venta de inventario relacionada con el proyecto de desconexión de la red de cobre permitió inflar temporalmente los ingresos en 2024, pero ese efecto se extinguió rápidamente, dejando al descubierto el peso de los costos estructurales y la lentitud en la adopción masiva de nuevas tecnologías por parte de los clientes.
Si bien la fibra óptica representa el futuro del negocio, su despliegue a gran escala no ha sido suficiente para revertir la caída en las cifras globales. Además, la intensa competencia en el mercado chileno de telecomunicaciones, con operadores como Entel, WOM y Claro, ha presionado los precios y reducido los márgenes.
Competencia y saturación del mercado chileno
El mercado de telecomunicaciones chileno se caracteriza por su alta penetración y una competencia feroz entre los actores. Con una población cercana a los 20 millones de personas, Chile presenta una tasa de penetración móvil superior al 120%, lo que implica que muchos usuarios cuentan con más de una línea activa.
En ese contexto, el crecimiento del sector está limitado y se basa más en la migración tecnológica que en la captación de nuevos clientes. A esto se suma el auge de alternativas de comunicación digital gratuitas o de bajo costo, como WhatsApp, Zoom y otros servicios de voz y datos por internet, que han erosionado las fuentes tradicionales de ingresos para las operadoras.
La combinación de estos factores ha afectado a todas las empresas del sector, pero Telefónica Chile ha sido especialmente golpeada debido a su mayor dependencia de las redes legadas y su menor capacidad para competir agresivamente en precios.
Más allá de la caída en ventas y el aumento de pérdidas, lo que preocupa a los analistas financieros es la sostenibilidad del modelo de negocio de Telefónica en Chile. La filial ha sido consistentemente deficitaria en los últimos ejercicios, lo que limita su capacidad de reinversión y hace difícil justificar su permanencia en la cartera de activos del grupo español.
Además, la empresa ha tenido que enfrentar mayores gastos financieros, cambios regulatorios y una depreciación sostenida de sus activos fijos, lo que ha impactado negativamente en sus balances.
Para algunos analistas del sector, la venta de la operación chilena sería una salida razonable, siempre que se concrete con un comprador que pueda generar sinergias o aportar capital fresco para modernizar la red y expandir los servicios digitales.
¿Quién podría comprar Telefónica Chile?
Aunque la compañía no ha dado detalles sobre el proceso de venta, se especula que algunos de los actores que podrían estar interesados incluyen a fondos de inversión internacionales, empresas regionales de telecomunicaciones o incluso consorcios locales con interés en diversificar sus negocios.
El atractivo de Telefónica Chile reside en su infraestructura ya desplegada, su base de clientes y su posicionamiento de marca a través de Movistar. Sin embargo, su alto nivel de pasivos, el complejo entorno competitivo y el bajo margen de rentabilidad podrían limitar el interés de posibles compradores o reducir el valor de venta.
Perspectivas para el segundo semestre
El panorama para el segundo semestre de 2025 no se vislumbra alentador. Si bien la empresa podría beneficiarse de ciertas mejoras estacionales en la demanda de servicios móviles y banda ancha, las tendencias estructurales siguen siendo desafiantes.
Desde la propia empresa han señalado que esperan estabilizar sus ingresos en la segunda mitad del año, a través de una oferta de servicios más orientada a la conectividad digital, televisión por streaming y soluciones empresariales.
Aun así, sin un cambio de fondo en su estructura operativa o una inyección de capital mediante una eventual venta, Telefónica Chile seguirá enfrentando un escenario de pérdidas recurrentes.
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La situación de Telefónica Chile ilustra un fenómeno más amplio que afecta a las antiguas grandes operadoras en América Latina: la necesidad de reinventarse o ceder el paso a nuevos actores más ágiles, con estructuras livianas y enfoques centrados en servicios digitales.
Para la filial chilena, el incremento del 31% en las pérdidas y la caída del 3,1% en ingresos durante el primer semestre de 2025 son síntomas de un modelo que necesita una redefinición urgente. La estrategia de la matriz española apunta a reducir la exposición en mercados con bajo crecimiento, y todo indica que la venta de la operación local es solo cuestión de tiempo.
Mientras tanto, el futuro de Movistar en Chile dependerá de la capacidad de la empresa para sostener sus operaciones, optimizar sus servicios y, eventualmente, atraer a un comprador dispuesto a apostar por la transformación digital en un mercado saturado pero aún dinámico.


