La compañía chilena Colgram, conocida por operar las marcas infantiles Colloky y Opaline, ha iniciado un profundo proceso de transformación estratégica, en respuesta a un entorno cada vez más competitivo y a una sostenida caída en sus ventas. La firma —que forma parte del portafolio de los grupos Lührs, Diez y Martino— se encuentra en pleno reordenamiento estructural, decisión que ha implicado el cierre de puntos de venta y la desvinculación de decenas de trabajadores, con el objetivo de preservar su competitividad en el cambiante mercado del retail.
Este proceso fue revelado en documentos judiciales presentados entre junio y julio de 2025, en el marco de demandas laborales por despidos que excolaboradores consideran injustificados.
En dichos informes, la empresa es enfática al señalar que las medidas adoptadas son necesarias para asegurar su viabilidad en un contexto donde las plataformas de comercio electrónico y los cambios en los hábitos de consumo están modificando radicalmente las reglas del juego.
Las causas del ajuste: ventas estancadas y márgenes en retroceso
Colgram reconoce que la decisión de reestructurarse fue impulsada por una caída sostenida en sus ventas, que comenzó a evidenciarse con fuerza en 2023 y continuó durante el presente año. Según las cifras entregadas por la firma, en 2023 sus ventas se redujeron en al menos un 8%, mientras que el leve repunte registrado en 2024 —un 5%— apenas compensó la inflación acumulada en ese mismo período.
Estas cifras se tradujeron en pérdidas operacionales significativas: un 3,7% sobre las ventas en 2023 y un 1,9% en 2024, lo que encendió las alarmas dentro de la compañía. A pesar de haber intentado implementar estrategias de recuperación, los resultados no fueron los esperados. Como consecuencia, la administración determinó que era imprescindible tomar medidas drásticas para reducir costos y asegurar la continuidad del negocio.
Reducción de personal y cierre de tiendas
Una de las acciones más relevantes del proceso ha sido la reducción del número de trabajadores. En 2024, Colgram concretó la desvinculación de 73 empleados, bajo la causal de “necesidades de la empresa”, conforme al artículo 161 inciso primero del Código del Trabajo. Esta decisión fue duramente criticada por algunos extrabajadores, quienes han presentado demandas judiciales alegando despido injustificado.
Frente a estas acusaciones, los representantes legales de la empresa argumentaron que no es necesario estar en riesgo de insolvencia para aplicar dicha causal legal, y que lo relevante es la necesidad empresarial de reorganizar funciones y ajustar costos ante un entorno económico desfavorable.
Además de la reducción de personal, Colgram cerró una parte de sus tiendas físicas, aunque no especificó cuántas ni en qué ubicaciones. La empresa explicó que esta medida busca “optimizar su funcionamiento” y adaptarse a los cambios del mercado, caracterizado por una mayor presencia de actores digitales, nuevas plataformas comerciales y una evolución en los patrones de consumo que priorizan la compra en línea y la eficiencia en el gasto familiar.
La presión del entorno digital
Uno de los factores clave que ha impulsado la transformación de Colgram es la creciente relevancia del e-commerce en el segmento de vestuario y calzado infantil. La irrupción de múltiples plataformas que ofrecen productos similares —muchos de ellos importados y con precios más bajos— ha obligado a las marcas tradicionales a replantear su presencia física y rediseñar sus modelos de negocio.
Colgram no ha sido ajena a esta presión. La compañía señala que, de no realizar estos ajustes, se arriesga a quedar fuera de un mercado donde la digitalización y la eficiencia operativa son determinantes. “La incorporación de nuevos actores al mercado y el auge del canal online obligan a tomar decisiones que permitan asegurar la sostenibilidad de la empresa en el mediano y largo plazo”, enfatizó la firma en sus declaraciones judiciales.
Uno de los puntos que ha generado debate en los procesos judiciales es si la compañía está verdaderamente en una situación crítica que justifique los despidos. Sin embargo, Colgram ha sido clara en señalar que no se trata de un caso de insolvencia, sino de una estrategia preventiva de adaptación empresarial.
Desde su perspectiva, esperar a llegar a una situación límite para tomar decisiones correctivas sería irresponsable y contrario al principio de gestión proactiva que debe regir en toda empresa moderna. Los abogados de Colgram argumentaron ante los tribunales que “la empresa no debe esperar estar al borde de la quiebra para aplicar medidas de eficiencia”, y calificaron como ideológica la interpretación que exige una crisis financiera extrema para justificar despidos por necesidades de la empresa.
Otro elemento relevante en el actual proceso de reestructuración de Colgram es la modificación en su estructura societaria. Durante 2024, el grupo Contémpora —ligado a las familias Diez y Martino— adquirió la participación del empresario Nicolás Ibáñez en la compañía, consolidando su presencia junto al grupo Lührs, que continúa como controlador.
Contémpora ha tenido una trayectoria diversificada, con inversiones en los sectores financiero, inmobiliario, agrícola, transporte, telecomunicaciones y retail. Dentro de sus activos figuran compañías como Starken, Turbus, Viggo, Ando Inmobiliaria y, más recientemente, la cadena de repuestos AutoPlanet, adquirida en 2025 al conglomerado inglés Inchcape.
Este movimiento marcó el retorno de Contémpora al sector retail, luego de haber vendido su participación en la empresa Komax al grupo mexicano Axo en 2023. Su reingreso al negocio del consumo masivo podría abrir nuevas oportunidades para Colgram, sobre todo si se logra redefinir la estrategia omnicanal y reforzar la presencia digital de las marcas.
Historia y expansión internacional de Colgram
Fundada en 1974 por la familia Lührs Raggio, Colgram ha sido una de las compañías más emblemáticas del retail infantil en Chile. Su primera marca, Colloky, nació con inspiración italiana y logró posicionarse como líder en calzado y ropa para niños. Posteriormente, la firma incorporó la marca francesa Opaline, especializada en artículos para recién nacidos y bebés.
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Actualmente, Colgram opera aproximadamente 100 tiendas en Chile y 14 en Perú, además de mantener un flujo de exportaciones hacia otros mercados de América Latina. No obstante, el contexto regional también ha estado marcado por una desaceleración del consumo y una competencia más agresiva, lo que ha dificultado la expansión tradicional basada en tiendas físicas.
El proceso que está viviendo Colgram no es aislado. Muchas compañías del sector retail están repensando sus modelos de operación, buscando adaptarse a consumidores más informados, exigentes y digitales. El desafío no es solo tecnológico, sino también cultural y organizacional: se requiere agilidad, eficiencia y una propuesta de valor clara para mantener la lealtad del cliente.
La gran incógnita es si los ajustes actuales serán suficientes para reencaminar el rumbo de la empresa. La experiencia de otras marcas sugiere que el éxito dependerá de la capacidad de Colgram para reinventarse, fortalecer su canal online, mejorar la experiencia de compra y establecer alianzas estratégicas que le permitan seguir siendo relevante en un entorno cada vez más competitivo.

