Las hermanas Liliana y Teresa Solari Falabella, pertenecientes a una de las familias empresariales más influyentes de Chile, comparten varios paralelismos. Ambas tienen dos hijos y han iniciado, por separado, procesos de reestructuración en sus respectivos conglomerados familiares. Mientras Liliana lidera Bethia, Teresa encabeza Corso, y en ambos casos, los descendientes varones han mostrado mayor interés por los negocios familiares, como Carlos Heller en Bethia y Juan Carlos Cortés en Corso.
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El proceso de reorganización de Bethia, que gestiona activos como Megamedia y Club Hípico, ha estado marcado por tensiones y hitos significativos. Uno de los principales fue la reestructuración de Ancali, la empresa agrícola que maneja el negocio lechero del grupo. Esta división incluyó la creación de nuevas sociedades y una reducción de capital que permitió reintegrar fondos a Bethia, ayudando a aliviar su delicada situación financiera tras la venta de acciones de Falabella y otros ajustes en su portafolio.
Los negocios (reestructurados) de las hermanas Solari Falabella
Ancali también ha puesto en marcha proyectos internos para diversificar su negocio. Entre estos destaca su enfoque en la exportación de frutos secos, especialmente nueces y avellanas europeas, hacia el mercado estadounidense. Además, el grupo ha fortalecido su apuesta por la electromovilidad a través de su filial Sotraser, adquiriendo camiones eléctricos y cerrando alianzas estratégicas para avanzar en sostenibilidad.
Por otro lado, Corso, el family office de Teresa Solari y sus hijos, ha seguido una estrategia diferente pero igualmente enfocada en la simplificación societaria. Durante 2024, este grupo reordenó su participación en Falabella, consolidando su porcentaje accionario a través de la absorción de diversas sociedades. Esto les permitió posicionarse como uno de los principales accionistas del retailer, fortaleciendo su influencia en futuras decisiones estratégicas.

El proceso de reorganización en Corso también incluyó la disolución de sociedades que ya no eran necesarias para su portafolio, como Inversiones Quitafal Limitada e Inversiones Quitrahue SpA. Estas acciones no solo simplificaron su estructura, sino que también reflejan una tendencia de consolidación entre los accionistas principales de Falabella, de cara a un posible pacto que defina el futuro de la empresa.
En Bethia, la diversificación empresarial continúa con la creación de nuevas sociedades, como Haras don Alberto SpA, dedicada a la cría y exportación de caballos de pura sangre. Esta empresa, que se independizó de Ancali, parece estar destinada a quedar bajo el control directo de Liliana Solari, marcando un hito en la redistribución de activos del grupo.
Por último, tanto Bethia como Corso enfrentan desafíos únicos en sus respectivos procesos de reorganización. Mientras Liliana busca estabilizar las finanzas de su conglomerado tras años de dificultades, Teresa y sus hijos trabajan en consolidar su posición como actores clave en el mercado, con una estructura más ágil y enfocada en sus inversiones principales.
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Ambos casos ilustran cómo las familias empresariales pueden adaptarse a los cambios generacionales y económicos, redefiniendo sus estrategias y prioridades para asegurar la continuidad y sostenibilidad de sus legados.


