La tasa de desempleo en el país alcanzó un 8,8% durante el trimestre móvil correspondiente a febrero–abril de 2025, según el informe entregado este jueves por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Esta cifra representa un aumento de 0,3 puntos porcentuales (pp) respecto al mismo período del año anterior, reflejando una evolución desigual en el mercado laboral chileno. El crecimiento de la fuerza de trabajo fue más rápido que el de las personas ocupadas, lo que generó un alza en el número de desocupados.
Este resultado no solo refleja un incremento en el número de personas desocupadas, sino también revela una serie de tendencias que merecen análisis, como la brecha de género en el empleo, la evolución de la informalidad y la composición por sectores de la economía. A continuación, se detallan los principales hallazgos del informe y lo que estos datos implican para el futuro del trabajo en Chile.
Aumento en la tasa de desempleo
Uno de los aspectos más relevantes del reporte es que el aumento en la tasa de desempleo se debe a un crecimiento de la fuerza de trabajo (0,6%) que superó al alza de las personas ocupadas, que apenas alcanzó un 0,2% en el mismo período. Esto significa que más personas están buscando empleo activamente, pero el mercado laboral no está absorbiendo esa demanda al mismo ritmo.
Este fenómeno puede ser interpretado como una reincorporación paulatina de personas al mercado laboral, impulsadas por necesidades económicas o por la expectativa de nuevas oportunidades, aunque estas aún no se materializan con suficiente fuerza.
Según el INE, el número de personas desocupadas creció en un 4,3% interanual, y este aumento se debe principalmente a dos grupos: quienes quedaron cesantes (4,1%) y aquellos que están buscando trabajo por primera vez (5,9%).
Este último grupo es especialmente significativo, ya que refleja las dificultades que enfrentan los jóvenes o personas que intentan ingresar por primera vez al mercado laboral. La falta de experiencia, sumada a condiciones económicas inciertas, puede estar dificultando su inserción efectiva.
El informe también destaca una disminución en la tasa de participación laboral, que se ubicó en 62,2%, bajando 0,3 pp respecto al mismo trimestre del año anterior. Por su parte, la tasa de ocupación se redujo a 56,7%, con un descenso de 0,4 pp.
Estas cifras sugieren que una parte de la población en edad de trabajar está saliendo del mercado laboral, ya sea porque ha dejado de buscar empleo o porque enfrenta barreras para acceder a él, como responsabilidades familiares, salud o desmotivación por la falta de oportunidades.
Uno de los indicadores que más atención genera es el aumento en la población fuera de la fuerza de trabajo, que subió un 1,5%. Este crecimiento estuvo influido por dos subgrupos:
- Personas inactivas habituales: aquellas que no están disponibles para trabajar ni lo buscan, aumentaron en un 1,3%.
- Personas inactivas potencialmente activas: quienes podrían trabajar, pero no buscan empleo actualmente, crecieron en un 3,1%.
Esto revela que, a pesar del aumento en la fuerza de trabajo, aún hay un segmento significativo de la población que permanece al margen del sistema laboral, lo que podría representar una reserva potencial de mano de obra en caso de una reactivación económica más sólida.
Uno de los puntos positivos del informe es que el total de personas ocupadas aumentó, aunque de forma modesta: un 0,2% en doce meses. Este crecimiento fue impulsado exclusivamente por las mujeres, cuya ocupación creció un 0,5%, mientras que la ocupación masculina no mostró variación.
Este dato reafirma una tendencia creciente de incorporación femenina al mercado laboral, a pesar de las barreras que aún persisten en términos de equidad, conciliación laboral y acceso a cargos de liderazgo.
En términos sectoriales, los rubros que más contribuyeron a la expansión del empleo fueron:
- Alojamiento y servicios de comida: con un alza del 8,8%, posiblemente por el repunte del turismo y el aumento de la movilidad urbana.
- Enseñanza: creció un 4,3%, lo que podría estar relacionado con el regreso a clases presenciales y la recuperación de actividades educativas.
- Actividades financieras y de seguros: destacaron con un fuerte crecimiento del 10,1%, evidenciando una mayor demanda en el sector servicios, especialmente en canales digitales.
- Por tipo de empleo, el aumento se concentró en los asalariados formales, que crecieron un 2,6%, lo cual es una señal positiva de formalización dentro del mercado.
Una de las cifras más destacadas del informe es la caída en la tasa de ocupación informal, que se ubicó en 25,8%, representando una baja de 2,4 puntos porcentuales respecto al mismo trimestre del año anterior.
El número total de personas ocupadas informalmente disminuyó en un 8,2%, lo que representa una señal alentadora, ya que indica un traslado de trabajadores hacia empleos más estables y protegidos. Este fenómeno afectó tanto a hombres (-8,0%) como a mujeres (-8,5%), mostrando una tendencia generalizada.
Según el informe del INE, los sectores que más influyeron en la reducción del empleo informal fueron:
- Comercio: donde el empleo informal cayó en un notable 13,8%.
- Industria manufacturera: con una reducción del 13,9% en trabajadores informales.
- En términos de categorías ocupacionales, las mayores caídas se dieron en:
- Trabajadores por cuenta propia: quienes bajaron en un 8,9%, reflejando una posible migración hacia empleos asalariados.
- Asalariadas públicas: con una importante disminución del 22,7%, lo que podría estar relacionado con ajustes en la dotación de personal en instituciones del Estado.
Los datos entregados por el INE dejan en evidencia un mercado laboral que, si bien muestra señales de dinamismo en algunos sectores, todavía enfrenta problemas estructurales como el desempleo juvenil, la informalidad persistente en ciertos rubros, y una ocupación femenina aún frágil.
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El crecimiento de la fuerza de trabajo y de los nuevos buscadores de empleo podría anticipar un aumento adicional del desempleo en los próximos trimestres si la economía no logra generar nuevas plazas con rapidez.
Además, la disminución de la informalidad podría ser una señal de mejora en la calidad del empleo, pero también puede reflejar la salida de personas del mercado informal sin una alternativa clara en el sector formal, lo cual genera incertidumbre.
El aumento del desempleo al 8,8% en el primer cuatrimestre de 2025 plantea desafíos significativos para la economía chilena y sus políticas públicas. La necesidad de fomentar la creación de empleo formal y sostenible, junto con políticas que promuevan la inclusión laboral de jóvenes y mujeres, es más urgente que nunca.
Asimismo, es clave fortalecer el acompañamiento a quienes están fuera de la fuerza laboral, entregando herramientas de capacitación y reconversión que permitan su reingreso al mercado de manera efectiva.
El próximo informe del INE será clave para confirmar si la tendencia al alza en la tasa de desempleo continúa o si comienzan a verse señales más claras de recuperación. Por ahora, los datos reflejan un mercado laboral en transición, con sectores que avanzan, otros que retroceden, y una fuerza de trabajo que demanda respuestas concretas ante un escenario cada vez más desafiante.


