En el marco del Día de la Tierra, avanzar hacia sistemas agrícolas más eficientes y trazables se vuelve clave. Según el último Censo Nacional Agropecuario y Forestal (2021), el sector agrícola concentra cerca del 73% del uso de agua en el país, permitiendo el riego de más de 900 mil hectáreas. Esto evidencia el peso estratégico del sector en el equilibrio ambiental y posiciona a la producción de alimentos como un eje central en la gestión sostenible de los recursos naturales.
En este contexto, donde la sostenibilidad y la trazabilidad se vuelven cada vez más relevantes, el desarrollo de cadenas productivas locales comienza a ganar protagonismo. Un ejemplo es el caso de PepsiCo, donde el maíz para productos como Doritos y Tostitos es 100% producido en Chile bajo un modelo de abastecimiento de más de 20 años.
“La clave de este modelo es la resiliencia de la cadena de suministro. Al trabajar directamente con agricultores chilenos bajo contratos a largo plazo, no solo aseguramos la calidad técnica, sino que fortalecemos el empleo local y reducimos la incertidumbre del mercado global, generando un impacto directo en el desarrollo rural de la zona central”, señaló Ismael Plácido Tomielis, gerente de Agro Negocios en PepsiCo Chile.
La cadena se basa en una lógica de cercanía: el grano se cultiva y almacena en la zona de Melipilla, a sólo 60 kilómetros de la planta productiva. Esta proximidad asegura una trazabilidad total y eficiencia logística, siguiendo un calendario agrícola que completa su ciclo anual entre las siembras de primavera y las cosechas de otoño.
Producción agrícola y sostenibilidad: el foco en el territorio
Actualmente, este modelo permite abastecer la demanda con volúmenes de hasta 12.000 toneladas anuales, las que son gestionadas con sistemas de almacenamiento de alta tecnología que también se aplican a materias primas como la papa, permitiendo extender su disponibilidad durante el año bajo condiciones óptimas.
En términos de innovación hídrica, la compañía implementa proyectos piloto de riego tecnificado por aspersión 100% impulsado con energía solar. Este sistema abarca desde la succión hasta la impulsión del agua mediante paneles solares -tanto fijos como móviles que siguen la trayectoria del sol- y permite una gestión totalmente automatizada desde el teléfono celular. “El aplicativo permite que, con el mismo celular, desde el comando para que funcione la bomba y empiece a regar. Todo está automatizado y lo puedes activar o desactivar de forma remota”, explica Tomielis.
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A esto se suma una apuesta por la agricultura regenerativa mediante la lombricultura. A través de un lombricario local, se produce un lixiviado que se integra al sistema de riego como bioinductor. Esta práctica mejora la salud del suelo a largo plazo y la resistencia de las plantas, aportando materia orgánica y optimizando la estructura física y química de la tierra.



