La posición estratégica de Panamá como nodo logístico global es, paradójicamente, uno de sus mayores activos económicos y, al mismo tiempo, una de sus vulnerabilidades más críticas. Recientemente, el informe publicado por la Alianza Transnacional para Combatir el Comercio Ilícito (TRACIT) ha puesto nuevamente bajo la lupa a la Zona Libre de Colón (ZLC), identificándola como un eslabón crítico en la cadena regional de distribución de mercancías irregulares. Aunque el país ha mostrado mejoras significativas en sus índices de control aduanero, los desafíos persisten y requieren una transformación profunda en las estrategias de supervisión y regulación.
El Dilema de la Eficiencia Logística y la Seguridad
La Zona Libre de Colón funciona como un motor que impulsa el comercio legítimo en el continente. Su capacidad para manejar grandes volúmenes de carga, su conectividad portuaria y su rol en la reexportación la convierten en un pilar del crecimiento panameño. Sin embargo, estas mismas ventajas competitivas —la rapidez, la enorme cantidad de contenedores y la simplificación de procesos— son explotadas por redes criminales transnacionales.
El informe de TRACIT no solo señala la problemática, sino que ofrece una radiografía de cómo el crimen organizado ha mutado. Ya no se trata únicamente de grandes cargamentos sospechosos en buques de carga; la batalla ahora se libra en múltiples frentes. El contrabando ha diversificado sus métodos utilizando plataformas de comercio electrónico, servicios de mensajería rápida y envíos de paquetes pequeños que saturan los sistemas de inspección tradicionales.
Un Vistazo al Índice de Comercio Ilícito
A pesar de los desafíos, es imperativo reconocer los avances. Panamá se posiciona como el segundo país mejor evaluado de Centroamérica en el Índice Global de Comercio Ilícito, con un puntaje de 49.6. Este progreso es fruto de un mayor esfuerzo en la incautación de productos ilegales y una mejora en la capacidad operativa de las aduanas.
No obstante, la calificación de «riesgo moderadamente alto» indica que las medidas actuales, aunque efectivas, no son suficientes para blindar completamente la plataforma contra la incursión de actores ilícitos. La realidad expuesta por los expertos revela que, si bien se han logrado recaudaciones históricas, el impacto económico del comercio ilegal —que incluye desde falsificaciones de marca hasta el tráfico de cigarrillos y lavado de activos— sigue erosionando la competitividad formal del país.
Los Nuevos Frentes de Batalla
La digitalización del comercio ha traído consigo nuevas amenazas. La regulación del comercio en línea se ha convertido en una prioridad urgente. Los criminales aprovechan la falta de una supervisión rigurosa en canales postales y plataformas digitales para introducir bienes ilícitos sin el control al que son sometidas las grandes operaciones comerciales.
Además, la corrupción dentro de las instituciones encargadas de la vigilancia sigue siendo un punto de quiebre. El informe de TRACIT subraya la necesidad de fortalecer la integridad institucional, crear grupos de trabajo interinstitucionales de alto nivel y, sobre todo, modernizar el marco regulatorio para que no sea un obstáculo para el comercio legal, pero sí un muro infranqueable para el ilegal.
Hacia una Estrategia Integral de Mitigación
Para que Panamá logre mantener su liderazgo logístico sin sacrificar la seguridad, se han planteado recomendaciones clave que el Gobierno ya comienza a evaluar. Entre ellas destacan:
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Modernización Tecnológica: Implementación de sistemas avanzados de escaneo y trazabilidad de carga en tiempo real.
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Regulación del E-commerce: Creación de protocolos específicos para supervisar la paquetería pequeña y los servicios de ventas transfronterizas.
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Cooperación Internacional: Mayor intercambio de inteligencia con países de destino y origen para desmantelar redes antes de que la mercancía llegue a los centros de distribución.
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Reformas en las Zonas Francas: Revisar los marcos operativos para cerrar las brechas que permiten el reempacado y la redistribución irregular de bienes.
El ministro de Comercio e Industrias, Julio Moltó, ha manifestado que el compromiso del Estado panameño es claro: apostar por un comercio que genere desarrollo, empleo formal y confianza, y no por aquel que, basado en la sombra, destruye el tejido empresarial y la reputación del país.
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La Zona Libre de Colón seguirá siendo una joya de la corona económica de Panamá, pero su futuro depende de qué tan rápido el Estado pueda cerrar las puertas al comercio ilícito. El reto no es disminuir la eficiencia del puerto o de la zona franca, sino dotar a estos espacios de herramientas de vigilancia tan sofisticadas como los propios sistemas logísticos que los hacen funcionar. La lucha contra el contrabando es, en última instancia, la defensa de la competitividad y la legalidad del país en el escenario global.

