La relación comercial entre Panamá y Estados Unidos ha trascendido la simple vecindad geográfica para convertirse en una alianza de profundidad estratégica, tal como se desprendió del reciente foro organizado por la Cámara Americana de Comercio e Industrias de Panamá (AmCham). El mensaje central es contundente: para las corporaciones estadounidenses, Panamá no es solo un punto de paso en el mapa, sino un motor indispensable de inversión y competitividad que ofrece una plataforma única para la expansión de negocios en todo el hemisferio.
Este renovado interés se produce en un momento de reconfiguración de las cadenas de suministro globales. Las empresas norteamericanas están priorizando el nearshoring —la relocalización de operaciones en países cercanos y confiables— y Panamá se erige como el candidato natural. Su economía dolarizada, estabilidad macroeconómica y el robusto ecosistema legal para sedes de empresas multinacionales (SEM) actúan como un imán para capitales que buscan refugio frente a la volatilidad que afecta a otros mercados de la región.
Usa ve a Panamá como motor de inversión
Uno de los pilares más innovadores de esta relación es la integración de Panamá en la cadena de valor de los semiconductores. Gracias al respaldo del Gobierno de los Estados Unidos, el país está siendo evaluado para desempeñar roles críticos en el ensamblaje, prueba y empaque de microchips. Este paso representaría un salto cuántico en la matriz productiva panameña, pasando de una economía predominantemente de servicios y logística básica a una de manufactura avanzada y alta tecnología.
Los activos que blindan la confianza
Durante las sesiones de AmCham, los líderes empresariales destacaron tres activos que mantienen a Panamá a la cabeza de las preferencias de inversión:
Conectividad Multimodal: La combinación del Canal de Panamá, los puertos de clase mundial en ambos océanos y el Hub de las Américas en Tocumen crea una sinergia logística que ninguna otra nación del continente puede igualar.
Seguridad Bancaria y Financiera: El centro bancario internacional sigue siendo un pilar de confianza, facilitando transacciones complejas y ofreciendo un entorno predecible para el flujo de capitales.
Marco de Incentivos: Las leyes especiales para zonas francas y centros de servicios compartidos continúan evolucionando para adaptarse a las necesidades de la economía digital y la innovación.
El camino hacia la excelencia: Tareas pendientes
Sin embargo, para que este «motor» no pierda velocidad, el foro también fue un espacio de autocrítica constructiva. Los inversionistas estadounidenses fueron claros al señalar que la competitividad no es un estado estático, sino un objetivo que requiere mantenimiento constante. Para asegurar que Panamá siga liderando la atracción de Inversión Extranjera Directa (IED) hacia 2026 y más allá, se identificaron desafíos urgentes:
Fortalecimiento del Estado de Derecho: La transparencia institucional y la certeza jurídica son los factores que determinan si una inversión se queda por cinco o por cincuenta años.
Desarrollo de Capital Humano: Existe una demanda creciente de talento bilingüe especializado en tecnología y gestión de datos. La educación debe alinearse con la velocidad de la industria para que los panameños ocupen las plazas de alto nivel que las multinacionales están creando.
Sostenibilidad y Energía: La transición hacia energías limpias es ahora una exigencia corporativa global; las empresas estadounidenses buscan operar en países que ofrezcan matrices energéticas verdes y resilientes al cambio climático.
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Panamá se encuentra en una posición privilegiada. La visión de las empresas estadounidenses es la de un socio estratégico con el que no solo se comercia, sino con el que se construye el futuro industrial y tecnológico de la región. El reto para el país será transformar este voto de confianza en políticas públicas que profundicen la competitividad y aseguren que el beneficio de estas inversiones se traduzca en un crecimiento económico equitativo y sostenible para toda la sociedad panameña.


