La estabilidad económica de Costa Rica vuelve a estar en el centro del debate público ante la presentación de un nuevo plan fiscal impulsado por el Poder Ejecutivo. Con el objetivo de modernizar la recaudación y cerrar las brechas que facilitan la evasión, las autoridades han puesto sobre la mesa medidas de alto impacto que no solo buscan equilibrar las finanzas del Estado, sino que también plantean un rediseño en la relación entre el contribuyente y el fisco. Entre las propuestas más controvertidas destacan la aplicación del 13% del Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA) a los productos de la canasta básica y la eliminación del secreto bancario para fines de fiscalización.
La propuesta del IVA en la canasta básica: ¿Equidad o carga adicional?
El planteamiento de aplicar una tarifa del 13% al IVA en los bienes de la canasta básica representa un giro significativo en la política social del país. Históricamente, estos productos han contado con exoneraciones o tasas reducidas para proteger el poder adquisitivo de los hogares con menores ingresos. Sin embargo, el Gobierno argumenta que el sistema actual de exenciones genera una fuga de recursos que, en muchos casos, beneficia a estratos sociales que no requieren de dicho subsidio.
Para mitigar el golpe al bolsillo de las familias más vulnerables, la propuesta oficial contempla un mecanismo de devolución mensual de impuestos. La idea central es recaudar el IVA de manera generalizada y, posteriormente, realizar transferencias directas a las familias identificadas en situación de pobreza o vulnerabilidad extrema. Este modelo busca transitar de un sistema de «subsidio al producto» a uno de «apoyo directo a las personas», intentando garantizar que la ayuda llegue efectivamente a quienes más la necesitan, eliminando las distorsiones de mercado.
El fin del secreto bancario: Un arma contra la evasión
Otro de los pilares del plan fiscal es la flexibilización o eliminación del secreto bancario cuando existan sospechas fundamentadas de evasión tributaria. En la actualidad, el acceso a la información financiera por parte de la administración tributaria está limitado por marcos legales que protegen la privacidad de las cuentas personales y corporativas.
El Ejecutivo sostiene que esta opacidad ha sido aprovechada por grandes evasores para ocultar flujos de capital y reducir su carga impositiva. Al facultar a la Hacienda Pública para acceder a información financiera estratégica, el Estado espera identificar discrepancias entre los ingresos declarados y los movimientos reales de dinero. Esta medida busca enviar un mensaje contundente de cumplimiento forzoso, equiparando a Costa Rica con estándares internacionales de transparencia financiera promovidos por organismos como la OCDE.
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El contexto macroeconómico: Presión por la sostenibilidad
La urgencia de estas reformas no es casual. Costa Rica enfrenta una coyuntura económica marcada por indicadores mixtos. Si bien el crecimiento económico ha sido impulsado por sectores dinámicos como las zonas francas y la industria de dispositivos médicos —logrando un crecimiento del 4,6% en 2025—, las proyecciones para los próximos años sugieren una desaceleración inevitable.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central de Costa Rica (BCCR) estiman un crecimiento cercano al 3,5% o 3,8% para el bienio 2026-2027. En un escenario donde el dinamismo externo podría verse comprometido, el fortalecimiento de la recaudación interna se vuelve vital para cubrir el gasto público y reducir la deuda. Además, las autoridades han manifestado su preocupación por la creciente evasión vinculada a sistemas modernos de pago, como el Sinpe, lo que obliga a actualizar las herramientas de fiscalización digital.
Retos y resistencia social
La implementación de estas medidas no está exenta de desafíos. La eliminación del secreto bancario plantea preocupaciones legítimas sobre la protección de datos y el riesgo de abuso de autoridad por parte de los entes fiscalizadores. Por otro lado, la aplicación del IVA a la canasta básica enfrenta un rechazo natural por parte de los sectores sociales, que temen que la promesa de devolución del dinero sea insuficiente o burocráticamente compleja, provocando un aumento inmediato en el costo de vida.
El éxito de este plan fiscal dependerá, en gran medida, de la capacidad del Gobierno para negociar con la Asamblea Legislativa y convencer a la opinión pública de que el sacrificio es necesario para asegurar la viabilidad del Estado costarricense a largo plazo. La discusión trasciende lo técnico: es un debate sobre el rol del Estado, la justicia distributiva y la transparencia en una economía globalizada que exige mayor rendición de cuentas.



