En el corazón de la Asamblea Nacional de Panamá se está gestando una transformación profunda en la forma en que los ciudadanos interactúan con sus alimentos. A través de la discusión de propuestas legislativas como el Proyecto de Ley 445, el país se suma a una tendencia regional que busca priorizar la salud pública sobre el marketing comercial, implementando un sistema de etiquetado frontal de advertencia que obligaría a las empresas a ser radicalmente transparentes sobre el contenido de sus productos.
La urgencia de una respuesta a la crisis de salud
Este debate no es casualidad, sino una respuesta directa a una estadística alarmante: las enfermedades no transmisibles, como la obesidad, la diabetes tipo 2 y la hipertensión, representan una de las principales causas de mortalidad en el país. Durante años, la información nutricional ha estado confinada a tablas técnicas en la parte posterior de los empaques, difíciles de leer y aún más difíciles de interpretar para el consumidor promedio.
La iniciativa propone la adopción de sellos visibles (generalmente en forma de octágonos o hexágonos negros) que alerten de manera inmediata cuando un producto tiene un «Exceso de Azúcar», «Exceso de Sodio» o «Exceso de Grasas Saturadas». El objetivo es claro: que el panameño no necesite ser un experto en nutrición para saber que lo que tiene en sus manos podría comprometer su bienestar a largo plazo.
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Panamá debate nueva ley de etiquetado
Actualmente, la subcomisión legislativa analiza dos frentes complementarios:
El Proyecto 445: Enfocado específicamente en los sellos de advertencia frontales. Este proyecto también busca prohibir que los productos con altos niveles de nutrientes críticos incluyan personajes infantiles, dibujos animados o mensajes que sugieran beneficios para la salud, tácticas que a menudo confunden a los padres de familia.
El Proyecto 402: Que busca una reforma más amplia en la información nutricional obligatoria, incluyendo detalles más específicos sobre alérgenos, valores energéticos e ingredientes en todos los productos, ya sean nacionales o importados.
El pulso entre la industria y la salud
Como era de esperarse, este movimiento ha generado un intenso diálogo entre diversos sectores. Por un lado, gremios como el Sindicato de Industriales de Panamá (SIP) y representantes del sector comercial han expresado la necesidad de armonizar estas medidas con las normativas de la región centroamericana para evitar barreras al comercio y asegurar que las empresas tengan tiempo suficiente para adaptar sus empaques.
Por otro lado, organizaciones civiles como el Movimiento de Alimentación Saludable (MAS), respaldadas por organismos internacionales como la OPS y UNICEF, argumentan que cada día de retraso en la ley es un día más de exposición a productos ultraprocesados dañinos. Han presentado miles de firmas ciudadanas exigiendo que el derecho a la información y a la salud prevalezca sobre cualquier interés económico.
La implementación de esta ley colocaría a Panamá a la vanguardia de la región, siguiendo los pasos de países como Chile, México y Colombia, donde sistemas similares ya han demostrado influir positivamente en las decisiones de compra.
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Más allá de la imposición de sellos, lo que se busca es un cambio cultural. El debate actual invita a la sociedad panameña a reflexionar sobre sus hábitos y a exigir una industria alimentaria más responsable. Si la ley prospera, el supermercado del futuro en Panamá no solo será un lugar de abastecimiento, sino un espacio donde la transparencia permita a cada familia elegir, con conciencia y claridad, lo que lleva a su mesa.


