El Salvador está viviendo una «época dorada» en su industria turística. Con eventos de talla mundial como los torneos de surf, certámenes internacionales y una mejora sustancial en la percepción de seguridad, el país ha logrado atraer a millones de visitantes. Sin embargo, detrás de las cifras récord de divisas y ocupación hotelera, existe una realidad estructural compleja: la brecha de formalización.
Aunque el Ministerio de Turismo (MITUR) ha anunciado que ya se superó la barrera de las 1,000 empresas registradas en el Registro Nacional de Turismo (RNT), las estimaciones sugieren que miles de negocios —desde pequeños hostales hasta operadores de tours locales— aún operan fuera del sistema oficial.
El RNT no es simplemente un censo; es el instrumento legal que valida la calidad y seguridad de los servicios turísticos en el país. Estar registrado significa que la empresa cumple con los estándares mínimos de operación, salud y atención al cliente dictados por la Corporación Salvadoreña de Turismo (CORSATUR).
Garantía para el Viajero: En un mercado globalizado, los turistas internacionales buscan sellos de confianza. Un establecimiento registrado ofrece la certeza de que el Estado respalda su existencia y su cumplimiento normativo.
Acceso a Incentivos: Las empresas dentro del RNT son las únicas que pueden acceder a los beneficios de la Ley de Turismo, que incluye exenciones fiscales para proyectos de inversión y acceso a créditos blandos con la banca estatal.
Promoción Internacional: Cuando el país se promociona en ferias de turismo en Madrid, Berlín o Nueva York, las empresas que aparecen en los catálogos oficiales son exclusivamente aquellas que están legalmente registradas.
A pesar de los beneficios, la «cifra negra» de empresas informales sigue siendo alta. Los expertos y gremiales turísticas identifican varios factores que frenan la inscripción masiva:
- Complejidad Burocrática: Para muchos microempresarios en zonas rurales o costeras, el proceso de formalización se percibe como un laberinto de trámites que incluye solvencias municipales, registros de comercio y permisos de salud que pueden ser costosos y lentos.
- Temor a la Carga Impositiva: Existe la percepción de que entrar al RNT es sinónimo de atraer la mirada del fisco. Muchos dueños de «Pupuserías» con vocación turística o pequeños Airbnb temen que los impuestos devoren sus estrechos márgenes de ganancia.
- Desconocimiento de la Ley: Una parte significativa de los operadores turísticos en el interior del país aún desconoce que el registro es obligatorio por ley y no un trámite opcional.
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El Impacto de las Plataformas Digitales y el Efecto «Airbnb»
El auge de plataformas como Airbnb y Expedia ha revolucionado el hospedaje en El Salvador, especialmente en la zona de Surf City. No obstante, esto ha creado una competencia que muchos consideran «desleal». Mientras los hoteles formales pagan impuestos de alojamiento (el 5% para turismo) y cumplen con normativas de seguridad contra incendios, miles de unidades de alquiler vacacional operan sin estar en el RNT.
El gobierno ha iniciado esfuerzos para que estas plataformas también se alineen con el registro nacional, buscando que la derrama económica del turismo se distribuya de manera justa y contribuya al mantenimiento de la infraestructura pública.
Para que El Salvador se consolide como un destino de clase mundial, la formalización no puede ser opcional. Las autoridades están implementando nuevas tácticas:
- Digitalización del Trámite: Simplificar la plataforma del RNT para que un empresario pueda registrarse desde su teléfono móvil sin necesidad de viajar a San Salvador.
- Brigadas Territoriales: Funcionarios de MITUR están visitando los polos de desarrollo (como la Ruta de las Flores y el Oriente del país) para asesorar «in situ» a los empresarios.
- Encadenamiento Productivo: Vincular el registro con el acceso a capacitaciones gratuitas en idiomas, marketing digital y gastronomía de alto nivel.
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Superar las 1,000 empresas es un paso firme, pero es solo la punta del iceberg. El gran reto de El Salvador es convencer a esos miles de operadores que aún están «en la sombra» de que la formalidad no es un castigo, sino la plataforma necesaria para escalar sus negocios.
El éxito del turismo salvadoreño no debe medirse solo por cuántas personas entran por el aeropuerto, sino por cuántas empresas locales logran transformarse en negocios sólidos, legales y sostenibles que generen empleo digno y prosperidad a largo plazo.


