Según reportes recientes y análisis de cumplimiento tributario, aproximadamente 18,000 comercios en todo el territorio nacional enfrentan la posibilidad inminente de un «apagón fiscal». Este fenómeno, derivado del endurecimiento de las normas de facturación y reporte de la Dirección General de Ingresos (DGI), amenaza con paralizar la operatividad de una parte sustancial del sector minorista y de servicios si no se logran procesos de adecuación tecnológica inmediatos.
El Origen de la Crisis: El Sistema de Facturación Electrónica (SFEP)
El conflicto emana de la transición obligatoria hacia el Sistema de Facturación Electrónica de Panamá (SFEP) y la implementación de dispositivos de transmisión de datos de última generación. La DGI ha sido enfática en que la modernización del sistema busca reducir la evasión fiscal, que históricamente ha afectado la recaudación del ITBMS (Impuesto de Transferencia de Bienes Muebles y Servicios).
Sin embargo, la implementación presenta tres desafíos estructurales que han acorralado a los comerciantes:
Obsolescencia Tecnológica: Miles de equipos fiscales actuales no son compatibles con los nuevos protocolos de comunicación en tiempo real exigidos por la autoridad.
Costos de Implementación: Para las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), la inversión en software certificado y la contratación de Proveedores de Autorización Calificados (PAC) representa una carga administrativa difícil de absorber en un entorno de recuperación económica lenta.
Brecha de Conectividad: En regiones fuera de la capital, la estabilidad del internet —necesaria para el reporte instantáneo de transacciones— sigue siendo un cuello de botella logístico.
¿Qué implica el «Apagón Fiscal»?
El término «apagón fiscal» no solo refiere a la incapacidad técnica de emitir facturas legales, sino a las consecuencias legales y operativas que esto conlleva. Un comercio que no puede facturar conforme a la norma se expone a:
Sanciones Económicas Severas: Multas progresivas que pueden comprometer el flujo de caja operativo.
Cierres Temporales: La facultad de la DGI para clausurar establecimientos que persistan en el incumplimiento de la normativa de emisión de comprobantes.
Pérdida de Créditos Fiscales para Clientes: Los consumidores, tanto corporativos como individuales, no podrán deducir gastos ni sustentar costos si la factura no cuenta con el código CUFE (Código Único de Factura Electrónica) válido, lo que desincentiva la compra en comercios no actualizados.
Postura de los Gremios y la Sociedad Civil
La Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP) y otros grupos gremiales han manifestado su preocupación por la celeridad de los plazos. Si bien el sector privado reconoce la necesidad de digitalizar la recaudación, argumentan que el universo de 18,000 comercios en riesgo representa una fuerza laboral y un volumen de ventas que el país no puede permitirse perder.
Se han solicitado prórrogas estratégicas y programas de incentivos o créditos fiscales para la adquisición de equipos, buscando que la transición sea un catalizador de crecimiento y no una barrera de entrada al mercado formal.
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El ecosistema empresarial panameño en un punto de inflexión
La DGI, bajo su dirección actual, ha mantenido una postura firme, argumentando que se han otorgado plazos razonables y que la formalización es el único camino para garantizar la equidad competitiva. El organismo sostiene que el sistema electrónico facilita, a largo plazo, la declaración de renta y reduce la burocracia para el contribuyente cumplidor.
Para los negocios que aún no han realizado la migración, la recomendación de los consultores fiscales es clara: realizar una auditoría técnica inmediata de sus sistemas de punto de venta (POS) y evaluar si la modalidad de Facturador Gratuito (para quienes facturan menos de un millón de dólares anuales) es una opción viable para evitar la desconexión.
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El panorama fiscal de Panamá en este 2026 está marcado por la tensión entre la modernización del Estado y la capacidad de adaptación del sector privado. El desenlace de esta situación determinará no solo la salud de las finanzas públicas, sino la supervivencia de miles de unidades económicas que hoy operan en la incertidumbre.


