El panorama económico de Panamá en este 2026 se encuentra ante un desafío sin precedentes. Históricamente, la industria de la construcción ha sido el motor indiscutible del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, representando una fuente masiva de empleos y una señal de modernidad para la región. Sin embargo, hoy el sector se enfrenta a un dilema de dimensiones sistémicas: la colisión entre la urgente necesidad de un ajuste fiscal para sanear las cuentas públicas y el agravamiento de la crisis de acceso habitacional.
Este escenario no solo pone a prueba la resiliencia de las promotoras e inmobiliarias, sino que cuestiona la capacidad del Estado para garantizar uno de los derechos humanos fundamentales: una vivienda digna. Mientras el gobierno busca equilibrar la balanza de pagos, miles de panameños se ven desplazados de la posibilidad de adquirir un hogar debido al encarecimiento de los insumos y la reducción de los subsidios estatales.
El fin de la era de los subsidios masivos
Durante la última década, el modelo de crecimiento habitacional en Panamá dependió excesivamente de programas como el Bono Solidario de Vivienda y los tramos preferenciales de tasas de interés. Estas medidas permitieron que la clase media y los sectores populares accedieran a créditos hipotecarios, manteniendo las grúas en movimiento constante.
Con la pérdida del grado de inversión y la presión de los organismos internacionales, el Estado se ha visto obligado a recortar el gasto público. El sector construcción, que solía ser el destinatario de grandes desembolsos para infraestructura y vivienda social, ha visto cómo el flujo de recursos se ha ralentizado drásticamente.
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Reducción de subsidios: La disminución del presupuesto para el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (MIVIOT) ha dejado a miles de expedientes en pausa.
Atrasos en pagos a proveedores: El Estado mantiene una deuda considerable con los constructores por proyectos ya ejecutados, lo que ha asfixiado la liquidez de muchas pequeñas y medianas empresas del sector.
No todo el dilema es fiscal; el mercado global también juega su parte. En 2026, los costos de los insumos básicos para la construcción han alcanzado niveles históricos en Panamá, un país que importa una gran parte de sus materiales terminados.
Factores de la inflación inmobiliaria
Costo del cemento y el acero: Las fluctuaciones en el precio de la energía y el transporte marítimo han encarecido los materiales críticos.
Tasas de interés al alza: La política monetaria global ha empujado las tasas hipotecarias locales al alza, reduciendo la capacidad de endeudamiento del ciudadano promedio.
Mano de obra y regulaciones: Los nuevos acuerdos salariales y las normativas ambientales, aunque necesarias, han añadido capas de costo que las promotoras trasladan al precio final de venta.
El déficit habitacional en Panamá no es solo un número en un informe; es una realidad que afecta la cohesión social. Se estima que el país requiere decenas de miles de nuevas viviendas cada año para cubrir la demanda vegetativa y el rezago histórico.
El fenómeno de la «vivienda inalcanzable»
Actualmente, existe un desajuste entre la oferta y la demanda. Las promotoras se han concentrado en segmentos de lujo o de clase media-alta por ser más rentables ante el alza de costos, dejando desatendido el segmento de interés social (viviendas de menos de $70,000). Esto ha provocado un aumento de los asentamientos informales y el hacinamiento en las áreas urbanas, especialmente en la provincia de Panamá y Panamá Oeste.
El sistema bancario panameño, conocido por su solidez, se encuentra en una posición defensiva. Ante el riesgo de una burbuja inmobiliaria o un aumento en la morosidad, los bancos han endurecido los criterios de aprobación para préstamos hipotecarios.
Para un joven profesional en 2026, conseguir una hipoteca requiere hoy un ahorro previo mucho mayor y una estabilidad laboral que es difícil de garantizar en una economía que se está reajustando. La banca pide mayores abonos iniciales y los plazos de financiamiento se han vuelto menos flexibles, lo que deja fuera del mercado a una gran parte de la población económicamente activa.
Hacia un nuevo modelo: Alternativas para salir de la crisis
Ante el agotamiento del modelo basado puramente en subsidios y deuda, expertos proponen soluciones disruptivas que podrían aliviar la presión sobre el sector construcción y el acceso a la vivienda.
El modelo de las APP debe trascender las grandes obras de infraestructura (carreteras, metros) y aterrizar en el desarrollo de complejos habitacionales masivos. El Estado puede aportar terrenos y simplificación de trámites, mientras el sector privado aporta el capital y la eficiencia constructiva.
Fomentar marcos legales que protejan y promuevan el arrendamiento con opción a compra podría permitir que las familias habiten sus hogares mientras construyen el capital necesario para la prima inicial, reduciendo la presión sobre el crédito inmediato.
Es vital entender que si la construcción se detiene, la economía panameña sufre un choque sistémico. El sector emplea a más de 150,000 personas de forma directa e impacta a decenas de industrias laterales (vidrios, maderas, logística, servicios legales). Un ajuste fiscal que paralice la construcción por completo podría ser peor que el déficit que intenta corregir, generando una espiral de desempleo y reducción de la recaudación fiscal.
El dilema de la construcción en Panamá no tiene una solución fácil ni rápida. El ajuste fiscal es necesario para la salud macroeconómica, pero no puede hacerse a espaldas de la necesidad habitacional de la población ni de la supervivencia de la industria que más empleos genera.
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Se requiere un Pacto Nacional por la Vivienda que involucre al gobierno, la banca, los sindicatos de trabajadores de la construcción (SUNTRACS) y la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC). Solo mediante una hoja de ruta clara, que incentive la eficiencia y proteja el acceso al crédito para los más vulnerables, podrá Panamá superar esta encrucijada. La meta debe ser clara: sanear las finanzas del Estado sin derrumbar los sueños de hogar de los panameños.


