El sector exportador costarricense se encuentra en un punto de inflexión. La imposición de nuevos gravámenes por parte de la administración estadounidense ha encendido las alarmas en las cámaras de comercio y zonas francas del país. Sin embargo, la consultora Deloitte ofrece una perspectiva matizada: Costa Rica ya no jugará bajo condiciones excepcionales, sino que deberá competir en «igualdad de condiciones» con el resto del mundo, lo que obliga a una evolución acelerada de su eficiencia productiva.
El Golpe: Costos de Exportación al Alza
Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Costa Rica, absorbiendo una parte vital de su producción de dispositivos médicos, componentes electrónicos y productos agrícolas premium. La implementación de aranceles extraordinarios impacta directamente en:
Márgenes de Ganancia: Las empresas exportadoras deben absorber el costo del arancel para mantener sus precios competitivos o trasladarlo al consumidor final en EE. UU., lo que podría reducir la demanda.
Cadenas de Valor: Los sectores con procesos de manufactura compartida (insumos que viajan entre países) ven un incremento en los costos logísticos y de aduanas, complicando la planificación financiera para 2026.
Presión en las PYMES: A diferencia de las grandes multinacionales en zonas francas, las pequeñas y medianas empresas tienen menos músculo financiero para resistir una estructura de costos más elevada.
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La Equiparación: ¿Un Campo de Juego Nivelado?
La tesis de Deloitte sugiere que, históricamente, muchos países gozaron de exenciones que creaban distorsiones en el mercado. Con el nuevo régimen arancelario, Costa Rica se sitúa en el mismo bloque de condiciones que la mayoría de las naciones desarrolladas y emergentes.
Este escenario de «cancha nivelada» implica que el éxito ya no dependerá de beneficios arancelarios preferenciales, sino de los factores reales de competitividad:
Talento Humano: La mano de obra calificada de Costa Rica sigue siendo un diferenciador clave en sectores de alta tecnología.
Sostenibilidad: El país tiene la oportunidad de posicionar sus productos como «verdes» y de «baja huella de carbono», un valor que el mercado estadounidense aprecia y por el cual está dispuesto a pagar un sobreprecio que compense el arancel.
Cercanía Geográfica (Nearshoring): La proximidad física con EE. UU. sigue siendo una ventaja logística imbatible frente a los competidores asiáticos, especialmente en un contexto de costos de fletes volátiles.
Costa Rica ante el arancel del 15% en EE. UU
Para mitigar el impacto, Deloitte y otros analistas sugieren que el sector empresarial y el gobierno costarricense enfoquen sus esfuerzos en tres pilares:
- Eficiencia Operativa: Implementar tecnologías de automatización y digitalización para reducir costos internos de producción y compensar el gasto arancelario.
- Diversificación de Mercados: Aunque EE. UU. es irremplazable, fortalecer los lazos comerciales con la Unión Europea y Asia permitirá que el país no dependa exclusivamente de las decisiones políticas de Washington.
- Diplomacia Comercial: Continuar el cabildeo bajo el marco del CAFTA-DR para asegurar que los productos clave no pierdan su relevancia técnica y legal en las aduanas estadounidenses.
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A pesar del impacto inicial, el panorama no es pesimista. Deloitte subraya que Costa Rica ha demostrado ser una economía resiliente. La transición de un modelo basado en preferencias a uno basado en eficiencia pura podría ser el catalizador que el país necesita para dar el salto definitivo hacia una economía de servicios y manufactura de altísimo valor agregado.
El reto de 2026 será demostrar que el «Sello Costa Rica» vale más que el porcentaje de un arancel, consolidando la confianza de los inversionistas que buscan estabilidad jurídica y calidad por encima de los costos mínimos.


